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FAI compensará a abonados tras partido a puerta cerrada

La Federación de Irlanda (FAI) ha dado un paso que llevaba días sobre la mesa: compensará a los abonados de la selección tras la decisión de disputar el próximo partido “en casa” ante Israel a puerta cerrada y en territorio neutral, en Serbia.

Cada poseedor de abono recibirá dos opciones: un crédito en su cuenta o un reembolso directo en metálico correspondiente al valor de ese encuentro, aproximadamente una quinta parte del coste total del abono de temporada. No habrá fútbol en Dublín ese día, pero el dinero vuelve.

La FAI ha confirmado también que todos los abonados sumarán igualmente los puntos de fidelidad asociados a ese partido, pese a no poder ocupar su asiento. Un gesto pensado para no castigar a quienes siguen al equipo año tras año y que, esta vez, se quedan fuera por una decisión que les supera.

Una Nations League marcada por la polémica

La campaña 2026-27 de la Nations League arranca para Irlanda el 24 de septiembre, a domicilio, ante Kosovo en Pristina. Sobre el papel, debería ser el inicio de un nuevo ciclo competitivo. En la práctica, el foco está en otra parte.

La conversación gira alrededor del doble enfrentamiento contra Israel, fijado para el 27 de septiembre y el 1 de octubre, trasladado a Hungría y Serbia respectivamente. Dos partidos que Irlanda no jugará en casa, ni con su público, y que se han convertido en un asunto político, deportivo y moral.

La FAI ha soportado una presión creciente del movimiento “Stop the Game”, que reclama el boicot a los encuentros frente a Israel por la situación humanitaria en Gaza. Las campañas, los comunicados y las protestas han acompañado cada paso del proceso.

Pese a todo, el organismo decidió seguir adelante. El mes pasado, la moción para disputar los partidos salió adelante con un 68% de apoyo. En su argumentación, la FAI subrayó “el profundo impacto que la no celebración de los partidos de UEFA tendría en el fútbol irlandés en su conjunto y en su futuro desarrollo”.

Ese es el eje de la decisión: proteger la posición de Irlanda en el marco de UEFA, evitar sanciones deportivas y económicas, y no comprometer el desarrollo a largo plazo del fútbol del país. El precio, de momento, lo pagan los aficionados, que verán por televisión un partido que figuraba en su abono como una cita en casa.

Entre la necesidad de competir y la presión social, la FAI ha elegido el camino de cumplir con el calendario europeo y compensar económicamente a su gente. La cuestión es si, cuando ruede el balón en Pristina, Hungría y Serbia, la selección podrá abstraerse de un ruido que ya ha marcado su Nations League antes incluso del primer pitido inicial.