Escocia acelera para nombrar a Sébastien Pocognoli como nuevo seleccionador
La Federación Escocesa de Fútbol quiere pasar página con rapidez. Su objetivo es claro: anunciar a comienzos de la próxima semana a Sébastien Pocognoli como nuevo seleccionador, el hombre elegido para sustituir a Steve Clarke tras la decepción del Mundial.
El técnico belga, de 39 años, se encuentra libre desde junio, cuando fue destituido por Monaco después de solo ocho meses y 38 partidos en el banquillo francés. Si se cierra el acuerdo, se convertirá en el primer seleccionador no escocés desde Berti Vogts, que dirigió al combinado nacional entre 2002 y 2004. Un cambio de acento y, sobre todo, de idea.
Fin de ciclo para Clarke
La salida de Clarke fue tan abrupta como el final de la aventura mundialista. Escocia cayó en la fase de grupos y el golpe resultó doblemente duro porque el entrenador acababa de firmar una ampliación de contrato por cuatro años justo antes del torneo. El proyecto, en teoría blindado a medio plazo, se rompió de inmediato.
Durante siete años, Clarke ofreció estabilidad y resultados generalmente positivos, pero nunca logró apagar del todo las críticas a su estilo, considerado demasiado pragmático, excesivamente conservador para una generación que muchos aficionados sienten preparada para algo más ambicioso. Tras el fracaso en el Mundial, el desgaste se hizo irreversible.
En ese contexto, dentro de la SFA se asumió pronto que el relevo debía llegar desde fuera. Nombres como Jon Dahl Tomasson y Kasper Hjulmand aparecieron vinculados al cargo, apuntando a un perfil internacional y con vocación ofensiva. El foco terminó en Pocognoli.
El impulso de un campeón inesperado
El currículum reciente de Pocognoli explica buena parte del interés. Tras un periodo formándose en el fútbol base, dio el salto al primer plano con Union Saint-Gilloise. Allí firmó una de las historias más potentes del fútbol belga moderno: bajo su mando, el club conquistó en 2025 su primer título liguero en 90 años. Nueve décadas de espera, derribadas de golpe.
Ese éxito lo catapultó a Monaco, un paso lógico hacia una liga de mayor escaparate. La aventura, sin embargo, fue corta. Ocho meses, 38 encuentros y un despido que dejó la sensación de proyecto inacabado más que de fracaso rotundo. Ahora, Escocia le ofrece una plataforma distinta: menos ruido de club, más foco de país.
Entre la afición escocesa, su llegada apunta a ser recibida como una bocanada de aire fresco. Un técnico joven, de escuela continental, con credenciales recientes en la construcción de equipos valientes. Después de años de pragmatismo, la expectativa se orienta hacia una propuesta más proactiva, sin perder el rigor competitivo que Clarke había consolidado.
Estreno inmediato y sin red
El calendario no concede margen para una transición lenta. Escocia abre su campaña en la Nations League con una visita a Eslovenia el 26 de septiembre. Será, salvo giro inesperado, el debut oficial de Pocognoli en el banquillo.
Tres días más tarde llegará su primera prueba ante el público escocés: Suiza visitará Glasgow. Dos partidos en menos de una semana para presentar credenciales, ajustar piezas y empezar a moldear una nueva identidad.
Nuevo seleccionador, nuevo acento, viejas exigencias. Escocia cambia de rumbo, pero la pregunta es la misma de siempre: ¿bastará este giro para que la selección deje de mirar los grandes torneos desde la barrera?





