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Enzo Maresca confía en ganar la apelación del Manchester City

Enzo Maresca apenas necesitó 15 minutos para marcar territorio. Primera rueda de prensa tras el veredicto del comité independiente, primera gran tormenta mediática como técnico de Manchester City… y un mensaje nítido: el club está convencido de que revertirá la decisión que le declaró culpable de todas las acusaciones por incumplir de forma grave las normas financieras de la Premier League.

“Confío al 100 por cien en el club”, repitió el italiano, casi como un estribillo. “Estoy convencido de que vamos a ganar la apelación”. No levantó la voz. No se salió del guion. Pero cada frase sonó calculada, firme, sin grietas.

Un veredicto histórico, una respuesta cerrada

El comité independiente dictaminó que, entre las temporadas 2009/10 y 2017/18, Manchester City articuló contratos ficticios con varios socios comerciales dentro de un “esquema de financiación encubierta” para inflar artificialmente sus ingresos en 830 millones de libras. Un golpe mayúsculo a la imagen del club y a más de una década de hegemonía deportiva.

La respuesta institucional llegó el viernes pasado: el City confirmó la apelación, se declaró “inocente” y calificó la resolución como una simple “opinión”, cargada —según el club— de errores materiales de derecho, de principio y de hecho.

Maresca se alineó sin matices con esa postura. “La razón por la que vine a este club es porque confío completamente, al 100 por cien, en el propietario, en el director deportivo, en el CEO, en toda la organización. No tengo ninguna duda”, subrayó.

“Los títulos no están manchados”

El técnico, que fue asistente de Pep Guardiola en la temporada del triplete 2022/23 antes de asumir el cargo este verano, también fue directo cuando se le planteó la cuestión más delicada: ¿están manchados los títulos logrados en el periodo investigado?

“Absolutamente no”, respondió. “Conozco el esfuerzo de los jugadores, del club y del entrenador de entonces, Pep, así que no tengo ninguna duda al respecto”.

En medio del ruido, dejó incluso una declaración de amor futbolístico: “No hay otro club en el mundo en el que me gustaría estar”.

Maresca admitió que no ha leído el informe del comité. No fingió lo contrario. “Confío en el club. Mi foco es solo el fútbol. No pienso en otras cosas porque, primero, no entiendo muchas de ellas”, explicó, dejando claro que su batalla se libra en el césped, no en los despachos.

Una decisión tomada a ciegas… o con fe

La cronología añade otra capa al relato. Se le preguntó si habría aceptado el puesto de haber conocido el veredicto antes de firmar. La respuesta fue inmediata.

“Conozco la organización desde hace años. Sé lo serios que son. Sé que hacen las cosas bien”, afirmó. ¿Se habló de las acusaciones durante las negociaciones? “No, no hablamos de eso. No pensé que fuera un problema para el club en ese momento. También porque ellos piensan de forma honesta. Creo que están convencidos de que al final ganaremos la apelación”.

El mensaje es claro: Maresca no solo se sube al proyecto deportivo, se sube también a la versión oficial del club sin titubeos.

Controlar lo controlable… y gestionar el ruido

El italiano no quiso disfrazar la magnitud del contexto. “Entendemos la seriedad de la situación, el ruido. Solo tenemos que gestionarlo”, dijo antes de mirar hacia lo inmediato: la visita a Anfield el domingo.

“Para mí, para los jugadores, solo podemos controlar la parte futbolística. Estamos centrados en eso, no podemos controlar nada más. Tenemos que ir a Anfield y ganar el partido”.

Lo que le espera allí no será un ambiente cualquiera. Anfield siempre aprieta, pero esta vez la atmósfera promete ser abrasiva. Es el primer partido del City tras el fallo del comité, y la grada de Liverpool dictará su propio juicio.

Maresca, lejos de quejarse, elevó el listón: habló de un ambiente “aún peor” de lo habitual y pidió a sus jugadores que “permanezcan juntos”. Sabe que el partido se jugará también en la cabeza.

La puesta en escena: calma, guion y cero grietas

Desde dentro de la sala de prensa, la actuación del técnico dejó huella. Periodistas presentes describieron la comparecencia como una auténtica lección de manejo mediático en plena tormenta.

Relajado, gestos medidos, alguna sonrisa al final, sin rastro de sentirse acorralado. No se vio a un entrenador bajo presión, sino a alguien que había preparado cada respuesta, cada matiz. Ofreció poco material para grandes titulares, pero sí una imagen de control absoluto.

No se desvió: confía en los dueños, hay que esperar a la apelación, él solo se centra en el campo. Cuando le plantearon si no deberían ser el presidente o el CEO quienes dieran la cara en lugar de él, tampoco abrió ninguna puerta. Cero fisuras.

Los que le tratan a diario no se sorprendieron del todo. Maresca ya se había mostrado así desde su llegada en verano: sereno, constante, dueño del tempo de cada comparecencia. Y llevaba tiempo sabiendo que, tarde o temprano, el informe del comité vería la luz. Estuvo dentro del club cuando Guardiola reaccionó con mucha más vehemencia en febrero de 2023, cuando se anunciaron inicialmente los cargos. Ha observado, ha aprendido y ahora ejecuta su propio plan.

Anfield, el primer gran examen deportivo y emocional

Mientras el caso se traslada al terreno de la apelación, el balón no se detiene. Sobre el césped, el City de Maresca llega a Anfield con un pleno de cinco victorias en cinco partidos y como líder de la Premier League. Perfecto en números, cuestionado fuera del campo.

Enfrente, el Liverpool de Andoni Iraola, también invicto, pero con tres empates en cinco jornadas. Para el técnico español, el duelo se presenta como la primera gran prueba de su mandato y un examen temprano a las aspiraciones al título.

El contexto lo amplifica todo. Anfield, un City señalado, un Liverpool que quiere medir su fuerza ante el campeón y un entrenador, Maresca, que se ha puesto en primera línea en defensa de su club sin desviarse un centímetro del discurso interno.

La apelación decidirá el futuro en los despachos. El domingo, en cambio, el juicio será inmediato y se dictará a gritos desde la grada y a golpes de balón. ¿Hasta dónde podrá blindar Maresca a su equipo cuando el ruido deje de estar fuera y retumbe a un metro de sus jugadores?