Enzo Le Fée y Robin Roefs: Claves de la Victoria ante AZ
No fue una noche limpia ni redonda. Fue una noche de portero gigante, de cerebro en ebullición y de un penalti que terminó decidiendo un partido que AZ pudo castigar mucho antes. Entre el guante de Robin Roefs y el carácter de Enzo Le Fée, el equipo salió vivo… y con tres puntos.
Roefs, muro en los momentos de mayor sufrimiento
Robin Roefs (8/10) no tuvo un trabajo constante, lo tuvo decisivo. Cuando AZ encontró huecos dentro del área, apareció él. Primero, en un mano a mano temprano, sacando un pie salvador cuando el delantero neerlandés ya se veía celebrando. Más tarde, en un barullo dentro del área pequeña, se lanzó a por todo, cuerpo por delante, para evitar el empate. No adornó, resolvió. Y sostuvo al equipo cuando más temblaba.
Por delante, Nordi Mukiele (8/10) vivió un partido de ida y vuelta. Subió y bajó la banda toda la noche, pero fue en la primera parte cuando sembró el caos. Rompió líneas, ganó metros y se asoció con criterio. Tras el descanso rozó el gol con un cabezazo que se marchó cerca del palo. Un lateral que jugó con la energía de un extremo.
Kevin Danso (8/10) firmó otra actuación sólida, casi silenciosa, de las que construyen temporadas. Leyó bien cada jugada, multiplicó bloqueos y despejes alrededor del área propia y, de paso, casi marca. Desvió de cabeza un disparo desviado de Granit Xhaka que se perdió por poco y probó al guardameta con un potente disparo lejano. Central y amenaza.
A su lado, Omar Alderete (7/10) fue contundente en el choque mientras aguantó. Entró fuerte al duelo, ganó balones divididos y salió bien de la presión en varias ocasiones. Pero algo se rompió pronto: una molestia en la primera parte le obligó a pedir el cambio y dejó su sitio antes de tiempo.
Reinildo (7/10) vivió más atado. AZ cargó su zona con superioridades y lo empujó hacia atrás, lo que le impidió incorporarse al ataque con frecuencia. Aun así, defendió con firmeza el costado izquierdo, tapando centros y cerrando el segundo palo cuando el equipo más lo necesitaba.
Xhaka manda, Le Fée decide
Granit Xhaka (7/10), con el brazalete, manejó el primer acto. Desde muy atrás, marcó el ritmo, cambió de orientación y superó la presión de AZ con balones largos precisos. El problema llegó tras el descanso: los visitantes adelantaron líneas, movieron el balón con rapidez alrededor de él y le complicaron cada recepción. Pasó de director cómodo a mediocentro exigido.
A su lado, Noah Sadiki (7/10) tuvo una misión ingrata: perseguir la movilidad constante de los jugadores de AZ. No brilló con balón, brilló con piernas. Cubrió una cantidad enorme de campo, saltó a cada línea de pase y robó balones clave para cortar transiciones peligrosas.
Trai Hume (6/10) dejó destellos, no continuidad. En la primera parte rozó el gol con un disparo curvado que se marchó fuera. Tras el descanso encadenó dos ocasiones seguidas: primero obligó al portero a intervenir con las piernas y luego, en el córner, cabeceó por encima del larguero. Fuera de esas acciones, apareció poco en el juego.
El que sí apareció, y mucho, fue Enzo Le Fée (9/10), elegido mejor jugador del partido. Su noche empezó al borde del desastre: un pase blando, regalado, que dejó a AZ con una ocasión clarísima. Roefs lo salvó. A partir de ahí, el francés se encendió. Se convirtió en el motor de casi todas las oportunidades del equipo.
Recibió un pase de Wilson Isidor y estrelló su disparo en el poste. Atacó el espacio tras un envío de Mukiele y obligó al portero a intervenir. Dibujó dos balones exquisitos por encima de la defensa, uno para Brian Brobbey y otro para el propio Isidor, que ninguno de los dos pudo concretar. Y, cuando el partido pedía un golpe definitivo, lo dio él: provocó el penalti y lo transformó con calma. De estar a un error de hundirse, a decidirlo todo.
Malick Fofana (6/10) dejó detalles técnicos, pero demasiado lejos del área. Cuando tocó el balón, lo hizo bien; el problema fue que lo tocó poco o rodeado de rivales, sin espacio para marcar diferencias.
Wilson Isidor (7/10) trabajó sin descanso en la punta. Atacó los espacios, cayó a las bandas, se asoció bien con Le Fée y generó peligro. Giró a su marca, encontró a Le Fée en la jugada que acabó en el poste y, poco después, desperdició una buena ocasión con un disparo cruzado que se fue fuera. Su movilidad abrió caminos, aunque le faltó la puntería final.
Los cambios cierran la trinchera… y perdonan la sentencia
Desde el banquillo, Dan Ballard (7/10) entró por Alderete y se dedicó a lo esencial: defender. Rápido para salir al corte, tapó tiros y líneas de pase alrededor del área y ayudó a cerrar el resultado cuando AZ apretaba con todo.
Thomas Meunier (6/10) reemplazó a Hume y, más tarde, se retrasó al lateral derecho cuando Danso se marchó. Cumplió en ambos roles, sin alardes pero sin fallos graves, dando estabilidad en un tramo en el que el equipo necesitaba calma más que brillo.
Nilson Angulo (6/10) ofreció chispa por la izquierda. Encara, intenta, arriesga. Su problema fue la elección final: decisiones precipitadas y una ocasión clarísima en el descuento, tras un rebote, que debía acabar en gol y se quedó en lamento.
Brian Brobbey (6/10) apenas entró en contacto con el balón hasta el añadido, pero incluso así dispuso de dos buenas oportunidades. Primero, en una pared inteligente con Le Fée dentro del área, que un defensor cortó in extremis para mandar a córner. Después, conduciendo desde el centro del campo hacia la frontal, con todo para fusilar… y eligiendo un pase raso al área pequeña que no encontró rematador. Entre la gloria y la duda.
Chris Rigg (6/10) aportó energía fresca en la presión. Se dedicó a morder los talones de los jugadores de AZ, robó balones en zonas medias y conectó con Brobbey con pases simples pero inteligentes, ayudando a estirar al equipo cuando el rival volcaba su ataque.
El peso de una noche que pudo ser muy distinta
La historia del partido se puede resumir en un contraste: el error inicial de Le Fée y la mano salvadora de Roefs abrieron un camino que el propio francés se encargó de cerrar desde el punto de penalti. Entre medias, un equipo que generó ocasiones para ganar con más margen, pero que volvió a perdonar.
Si la temporada se va a decidir en detalles, noches como esta dejan una pregunta incómoda: ¿cuántas veces más podrán vivir al límite antes de que la moneda caiga del otro lado?






