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David Alaba se une a Udinese: liderazgo y Serie A

David Alaba se presentó en Udine con la serenidad de quien ha visto casi todo en el fútbol de élite y aún siente hambre. A los 34 años, el austriaco ha elegido un nuevo escenario para la recta final de su carrera: Udinese, un club que necesita oficio atrás y voz en el vestuario. Él promete ambas cosas. Y las promete ya.

“Creo que este es el paso correcto para mi carrera. Me siento muy cómodo aquí y estoy listo para empezar de inmediato”, aseguró en su presentación oficial, tras firmar un contrato por una temporada, hasta el próximo verano. No llegó para una transición lenta. Llegó para entrar directamente en el once.

El encanto de la Serie A y el papel de Runjaic

Alaba llevaba tiempo mirando hacia Italia. “La Serie A siempre me ha fascinado. Inmediatamente me sentí como en casa aquí”, subrayó, dejando claro que no se trata de un retiro exótico, sino de un desafío que le apetecía desde hace años.

La llamada clave fue la de Kosta Runjaic. El técnico alemán de Udinese le convenció con su proyecto y con un mensaje directo: experiencia, jerarquía y balón limpio desde atrás. Alaba encaja en ese molde desde su primera etapa en Bayern Munich y después en Real.

Antes de decidirse, el defensa tiró de agenda. “Hablé con amigos y futbolistas que conocen Italia, como Luka (Modric), Marko (Arnautovic) y Franck (Ribery). Tomé mi decisión de forma muy consciente”, explicó. No fue un salto al vacío.

Ribery y Alaba compartieron años dorados en Bayern Munich y mantienen una relación estrecha. El francés conoce de primera mano el calcio tras sus etapas en Fiorentina y Salernitana. Modric, compañero de batallas en Real, vive ahora su propia aventura en AC Milan desde 2025. Arnautovic, compatriota y viejo socio en la selección de Austria, dejó su rastro en Inter Milan y Bologna. Voces autorizadas para describirle el rigor táctico, la intensidad defensiva y la presión ambiental de los estadios italianos.

Un “hermano mayor” para el vestuario

Alaba no llega solo como refuerzo táctico. Llega como referencia. Y lo asume con naturalidad. “Aquí, como en otros equipos, puedo ser un hermano mayor. Siempre estoy feliz cuando puedo asumir responsabilidad”, afirmó, dibujando el rol que quiere ocupar en el grupo.

Su idea va más allá de ordenar la línea defensiva. Quiere acompañar a los jóvenes, corregir, guiar, marcar estándares de entrenamiento y de partido. Lo ha hecho en vestuarios llenos de estrellas. Ahora deberá hacerlo en un equipo que pelea por otro tipo de objetivos, pero que necesita el mismo nivel de exigencia.

La duda, tras varios meses sin club desde que terminó su contrato con Real a finales de junio, era lógica: ¿cómo está físicamente? Alaba despejó el tema con la misma firmeza con la que entra al choque: se siente listo para competir ya y convencido de poder ayudar “de inmediato” sobre el césped.

Un debut a la vuelta de la esquina

El calendario no espera. Si nada se tuerce, el austriaco podría estrenarse en Serie A el próximo lunes, en el campo de Torino. Un bautismo lejos de casa, en un contexto exigente, perfecto para medir de golpe su impacto en la zaga.

Udinese lo necesita. Y lo necesita urgente. El equipo ha encajado 11 goles en apenas cinco jornadas de liga. Demasiado castigo para un bloque que aspira, como mínimo, a vivir una temporada tranquila. Ahora mismo ocupa la 13ª posición, con cuatro puntos, en una zona de la tabla que no permite relajación.

Por eso la llegada de Alaba no se entiende como un simple fichaje de nombre. Es una apuesta para estabilizar una defensa que sufre, para ganar liderazgo en los momentos calientes y para añadir salida limpia desde atrás. Un jugador que ha levantado títulos en Alemania y España aterriza en Friuli para sostener un proyecto que busca calma.

La incógnita ya no es si está preparado. La verdadera pregunta es cuántos partidos tardará en convertir esa defensa frágil en una línea reconocible, dura y fiable. La respuesta empezará a escribirse en Turín.