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Crisis en Manchester United: Lammens y Fernandes alzan la voz

Otra semana agitada en Manchester United. Y no solo por el marcador.

En Como, el equipo volvió a tropezar. Otro resultado decepcionante en un inicio de temporada que ya empieza a oler a problema serio. Pero el partido fue solo la mitad de la historia. La otra parte se jugó con un micrófono delante.

La semana anterior había sido Lisandro Martínez. Esta vez, el que alzó la voz fue el capitán, Bruno Fernandes. Otra entrevista postpartido incendiaria, otra vez un peso pesado cuestionando públicamente lo que pasa en el banquillo. No tanto la ambición del club, como hizo el argentino, sino directamente la pizarra de Michael Carrick y de su cuerpo técnico.

No es casualidad que, con ese ruido de fondo, Carrick se plantara el viernes ante los medios y soltara un monólogo de cinco minutos tan inusual como revelador. Emocional, directo, con mensajes nítidos hacia dentro: humildad, sencillez, bajar el tono del ego. Virtudes que, por lo que dejó entrever, no ve con la frecuencia que desearía en Carrington.

En ese contexto, sentado frente al guardameta titular, Senne Lammens, la primera pregunta caía por su propio peso: ¿este vestuario sigue unido?

—Para mí, personalmente, creo que sí —respondió Lammens, sin dudar.

El belga no esquivó el tema. Admitió la frustración, el peso de las derrotas, el impacto de las palabras dichas en caliente después de los partidos. Reconoció que desde fuera solo se ve la imagen del fin de semana, la mueca, el gesto, el comentario que hace ruido. Por dentro, insistió, la realidad es otra.

“Puedo asegurar que estamos haciendo todo lo que podemos y que estamos todos juntos detrás del entrenador: cuerpo técnico, jugadores, oficina”, explicó. Todos saben que deben hacerlo mejor, añadió. Pero, al menos desde su visión, el grupo no está roto; está buscando respuestas.

Golpe tempranero, plan destrozado

La derrota en Como siguió un guion ya demasiado conocido. United salió mal. Muy mal. Encajó en los primeros minutos, de nuevo. Una condena que se ha vuelto costumbre.

La semana anterior, ante Atlético de Madrid, el gol llegó aún antes. Contra Fulham y Spurs, a ambos lados del parón internacional, la puesta en escena también fue deficiente. El patrón es claro: este equipo entra a los partidos a contrapié.

Y los números lo subrayan. Solo un partido con la portería a cero en toda la temporada, ante Sabah el 10 de septiembre en Champions League. Demasiado poco para un club que presume de grandeza.

—Es difícil —admitió Lammens—. Tenemos que aprender rápido. Puedes preparar planes y tácticas, pero si recibes un gol en el primer o segundo minuto, te destroza un poco el plan de juego y estás persiguiendo el partido desde entonces.

El portero fue directo al punto que más les duele: “Es probablemente una de las cosas más importantes que tenemos que trabajar ahora: mantenernos en el partido y tratar de conseguir nosotros el primer gol, en lugar de ir 1-0 abajo de inmediato”.

Desde la grada, muchos reducen el problema a una cuestión de actitud: “¿Por qué no corren más? ¿Por qué no aprietan más?”. Lammens lo sabe, lo escucha.

“Créeme, estamos intentando más cada día y buscando una solución”, dijo. Pero cuando la dinámica se tuerce, todo parece caer del lado contrario. Aun así, el portero se aferra a una idea: basta una actuación redonda para cambiar el aire. Ese es el objetivo que, asegura, persiguen con obsesión.

El peor bache desde 2014-15

Las críticas no nacen en el vacío. La derrota del miércoles dejó al equipo en su peor racha desde la temporada 2014-15: siete partidos sin ganar en todas las competiciones. Las narrativas que sobrevuelan sobre el United de Carrick se han multiplicado, y ahora cuesta rebatirlas.

Carrick ha sido, casi siempre, el primero en salir a proteger a sus jugadores. Esta vez no hubo escudo posible. No intentó desviar el foco ni maquillar lo evidente tras el tropiezo en Como. Admitió que su equipo falló en demasiadas áreas: agresividad, intensidad, capacidad de correr. Justo las señas de identidad que le sostuvieron en sus primeros cinco meses en el cargo, cuando firmó victorias de prestigio ante Chelsea, Arsenal y Manchester City.

Ahí está la gran incógnita. El cuerpo técnico ha intentado ajustar el plan, evolucionar el modelo respecto al curso pasado. Sin embargo, el resultado ha sido un equipo que, durante gran parte de la temporada, ha parecido inferior táctica y físicamente a casi todos sus rivales.

¿Qué ha cambiado realmente?

Lammens ofrece una lectura interesante: “La temporada pasada, en cuanto al juego, a veces quizá jugábamos peor que este año, pero todo nos salía bien”. El equipo sufría bajo presión rival, sí, pero encajaba menos. Se sentía más cómodo como bloque de contragolpe, más reactivo, y desde ahí construyó buena parte de su éxito.

Todos en el vestuario, según el portero, eran conscientes de que ese modelo tenía techo. Los rivales ajustarían, cambiarían su manera de enfrentarse a United. Por eso, en pretemporada, el cuerpo técnico buscó otra vuelta de tuerca: más balón, más iniciativa, más control.

El problema es que, en el camino, el equipo ha perdido parte de lo que le hacía competitivo.

“Creo que necesitamos un poco más de lo del año pasado: la forma en que luchábamos juntos, incluso cuando las cosas no iban bien, y defender como un equipo”, reflexionó Lammens. Ese espíritu, ese “fight” que tantas veces se vio el curso pasado, hoy aparece a cuentagotas.

El fino equilibrio entre calma y colmillo

En Old Trafford, muchos hinchas miden la entrega con el ojo, no con la analítica. Quieren ver piernas, duelos, choques. Este año, esa sensación de furia competitiva apenas se ha asomado.

Lammens entiende la crítica, pero matiza. “Veo a gente hablar de números, estadísticas, datos… No estoy tan seguro, porque cada partido es un poco diferente”, apuntó. Con balón, insiste, el equipo ha mejorado en ciertos aspectos respecto al año pasado. Pero ese paso adelante técnico puede haber diluido el instinto para morder sin pelota.

“Quizá la mentalidad de tener más el balón y tratar de jugar alrededor ha cambiado un poco la mentalidad de cuando no lo tenemos y luchar por él como el año pasado”, reconoció. Ahí está la línea fina que United no termina de encontrar: agresivo sin balón, sereno con él.

“Necesitamos un poco de las dos cosas”, resumió el guardameta. Calma para sacar el juego desde atrás, para superar la presión rival; ferocidad para recuperar cuando se pierde. Ese equilibrio, hoy, sigue siendo más teoría que práctica.

Un líder que empieza a alzar la voz

No han sido días fáciles para nadie en Manchester United. El ruido externo crece, las entrevistas de los veteranos añaden presión, el debate sobre Carrick se enciende. En medio de todo eso, Lammens se sentó, habló y no se escondió.

Su franqueza sorprende en un contexto en el que muchos futbolistas optan por el piloto automático. No lanzó dardos, no buscó excusas, no maquilló la realidad. Habló de unión, de errores, de evolución táctica, de carácter. Habló como alguien que empieza a entender que su voz pesa en el vestuario.

En un equipo que busca respuestas urgentes, quizá ahí asome una de las pocas buenas noticias de la semana: entre tanto ruido, Manchester United puede haber encontrado, bajo los palos, a un líder que ya no tiene miedo de decir lo que el grupo necesita escuchar.