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Corea del Sur reconsidera el premio militar a campeones tras escándalo de Lee Gi-hyuk

La medalla de oro de Corea del Sur en los Juegos Asiáticos ha abierto algo más que un debate deportivo. Ha tocado uno de los nervios más sensibles del país: el servicio militar obligatorio.

Tras la victoria ante la anfitriona Japón en la final, las imágenes de celebración se viralizaron en cuestión de minutos. No por el gol, no por la táctica, sino por un gesto. El capitán Lee Gi-hyuk, con el oro colgado al cuello, levantó la medalla y lanzó una frase que encendió a la opinión pública: estaba “no yendo al ejército”.

En Corea del Sur, todos los hombres deben cumplir entre 18 y 21 meses de servicio activo antes de los 28 años. No es un trámite. Es una obligación social profundamente arraigada, atravesada por la tensión permanente con Corea del Norte y por un fuerte sentido de igualdad generacional. Cualquier excepción se mira con lupa.

Un privilegio bajo el microscopio

El sistema actual concede exenciones a los campeones de los Juegos Asiáticos y a los medallistas olímpicos de cualquier metal. No se libran por completo: deben realizar una formación básica de menos de un mes, pero quedan liberados del servicio activo prolongado.

Durante décadas, ese modelo se ha defendido como una forma de proteger a las grandes figuras del deporte y del arte, permitiéndoles mantener su nivel competitivo o creativo en plena madurez. El propio ministro de Cultura, Deportes y Turismo, Choi Hwi-young, lo reconoció ante el Comité de Cultura, Deportes y Turismo de la Asamblea Nacional: el sistema “ha contribuido” a que artistas y deportistas de élite conserven y desarrollen su talento.

Pero la frase de Lee cambió el tono del debate. El capitán se convirtió en símbolo de un privilegio que muchos jóvenes consideran injusto. En redes, en tertulias y en la calle, el mensaje fue claro: celebrar la exención como un trofeo más resultó ofensivo para quienes ya han pasado por el cuartel o están a punto de hacerlo.

Lee pidió disculpas por sus palabras. No bastó para frenar la ola.

Choi fue contundente. Calificó las declaraciones del jugador como “totalmente inmaduras” y dio un paso que hasta hace poco parecía intocable: anunció que revisará el sistema de exenciones. No habló de retoques cosméticos. Afirmó que, tras más de 50 años en vigor, “inevitablemente tendrá que reducirse”.

Del césped al Parlamento

Lo que empezó como una celebración de vestuario ha terminado en un debate de Estado. La imagen del capitán levantando la medalla ya no se interpreta solo como el orgullo de un título continental, sino como el recordatorio de una brecha entre ídolos y ciudadanos de a pie.

En el fondo, la cuestión va más allá de Lee o de esta generación de futbolistas. ¿Debe un oro en los Juegos Asiáticos valer casi dos años de servicio militar? ¿Hasta qué punto el éxito deportivo justifica una excepción en uno de los deberes más sensibles del país?

La presión social ha empujado al gobierno a mover ficha. El ministro ha puesto sobre la mesa algo que muchos jóvenes reclamaban desde hace tiempo: revisar quién merece realmente esa exención y con qué criterios.

Mientras el fútbol surcoreano celebra un título histórico ante Japón, el eco de aquella frase en el podio sigue resonando en Seúl. Y la próxima vez que un deportista levante una medalla de oro, quizá ya no lleve detrás el mismo “premio” militar que ha dividido a todo un país.