Celtic viaja a Austria con ventaja y advertencias
Celtic se sube al avión hacia Austria con un 3-0 en el bolsillo y la sensación de tener ya una mano en la fase de liga de la UEFA Champions League. Pero el destino, LASK, no es un mero trámite de agosto. El reciente campeón de la Bundesliga austríaca, coronado tras 61 años de espera, convierte su estadio en una trinchera. Y ahí no hay margen para la relajación.
El 3-0 en Parkhead fue contundente, sí. Pero no definitivo. El historial reciente de los austríacos en casa obliga a los de Martin O'Neill a mantener el colmillo afilado. El club escocés ha aprendido de golpes anteriores en Europa y ha construido un plantel con más calidad que cantidad. La idea es clara: asegurar el pase, cobrar el cheque de la clasificación y volver al mercado con fuerza. Hasta entonces, nada de bajar la guardia.
Un once de gala pese al 3-0
O'Neill no piensa en rotaciones masivas. El plan pasa por un 4-2-3-1 reconocible, sólido, casi de gala, pese a la cómoda renta.
En la portería, Viljami Sinisalo se ha ganado el puesto a base de actuaciones firmes desde que la lesión de Kasper Schmeichel lo empujó al foco. El finlandés ha respondido y vuelve a tener una noche grande por delante, con un ambiente hostil y un rival obligado a volcarse.
En la derecha, todo apunta a que Colby Donovan repetirá como lateral. La lesión de Alistair Johnston, fuera hasta octubre, le abre una ventana que está aprovechando. En el centro de la zaga, la pareja de la USMNT, Cameron Carter-Vickers y Auston Trusty, se ha asentado como un muro difícil de derribar. Físicos, agresivos, dominantes en el juego aéreo.
Por la izquierda, Kieran Tierney sigue siendo innegociable. Su mezcla de carácter, conducción y precisión en el último tercio lo convierte en pieza clave tanto en fase defensiva como en salida de balón. Desde el banquillo, Liam Scales ofrece un comodín valioso: puede actuar como central o lateral zurdo, recurso perfecto si el partido se tuerce o hay que cerrar líneas.
El nuevo motor del mediocampo
En la sala de máquinas, Celtic ha movido ficha este verano. Mika Baur llega para ocupar el hueco que deja Arne Engels. El alemán, con criterio y pausa, está llamado a manejar el ritmo desde una posición más retrasada.
A su lado, el capitán Callum McGregor, cerebro y metrónomo. Entre ambos formarán ese doble pivote que debe sostener al equipo cuando LASK suba revoluciones y, al mismo tiempo, lanzar las transiciones cuando Celtic robe y corra.
La profundidad de plantilla se nota en las opciones de recambio: Alex Oxlade-Chamberlain, Luke McCowan y Reo Hatate esperan su momento, muy probablemente en la segunda parte, para aportar piernas frescas, llegada y control si el duelo se abre.
Nygren encendido, Duran sacrificado y alas con colmillo
Más arriba, el brillo reciente tiene nombre propio: Benjamin Nygren. El sueco llega a la vuelta tras firmar gol y asistencia en el primer asalto en Glasgow. Está en racha, se asocia bien y castiga espacios. LASK ya lo ha sufrido.
Camilo Duran es otro de los nombres propios de esta eliminatoria. Ha renunciado a su rol preferido de ‘9’ para ceder el puesto a Kasper Høgh, pero no ha perdido olfato: marcó dos tantos en el 3-0 de Celtic Park y se ha adaptado a partir desde una posición algo más retrasada o abierta. Su movilidad complica las marcas y libera a Høgh para vivir en el área.
Por la banda, Yang Hyun-jun se ha ganado la confianza de O'Neill. Le falta precisión en la definición y en el último pase, sí, pero su energía, presión alta y trabajo sin balón lo convierten en una pieza muy útil para un partido en el que Celtic tendrá que correr hacia atrás más de una vez. Parte con ventaja sobre Sebastian Tounekti, que esperará su opción desde el banquillo.
Junto a él, veteranos y nuevas caras completan el arsenal exterior: James Forrest aporta experiencia y temple en noches europeas; Haissem Hassan, el fichaje de gran inversión, ofrece desequilibrio y uno contra uno para cambiar partidos desde la segunda línea.
Un ataque con pólvora… y una misión clara
Arriba, Kasper Høgh vuelve a ser la referencia natural del 4-2-3-1. Duran, Nygren y Yang pueden nutrirlo de balones si Celtic supera la primera oleada de presión austríaca. No necesitan arrasar; necesitan ser clínicos. Un gol escocés obligaría a LASK a una remontada casi imposible.
La ecuación es sencilla: si Celtic mantiene la concentración atrás y golpea cuando tenga la ocasión, el billete a la fase de liga quedará sellado. Si se confía, si baja un punto la intensidad, el campeón austríaco tiene fútbol y orgullo suficientes para convertir una noche tranquila en un tormento.
Con un 3-0 de ventaja, la eliminatoria parece encarrilada. La pregunta es otra: ¿saldrá Celtic a rematar la obra o a proteger lo que ya tiene? La respuesta, en una noche cargada de historia en Austria.






