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Cavan Sullivan: la nueva joya del fútbol estadounidense en la mira de gigantes

El futuro de Cavan Sullivan, la nueva joya del fútbol estadounidense, ha dejado de estar escrito. Lo que hace unos meses parecía un camino trazado hacia Manchester City en 2028, hoy se ha convertido en un tablero abierto en el que irrumpen Real Madrid, Barcelona y otros gigantes europeos dispuestos a cambiar el guion.

Un acuerdo que ya no parece blindado

Según informa el diario español Sport, el preacuerdo entre Sullivan y el City Football Group no está cerrado de forma definitiva. El contexto ha cambiado. La larga batalla legal de Manchester City por los 115 cargos que pesan sobre el club y las posibles sanciones asociadas han encendido las alarmas alrededor del proyecto y, de rebote, han reabierto el caso Sullivan.

City se había adelantado a todos. Había movido ficha antes que Real Madrid, Barcelona y Paris Saint-Germain, clubes que llevaban tiempo siguiendo con lupa la evolución del mediocentro de Philadelphia Union. El plan era claro: esperar a 2028, cuando expirase su contrato en la MLS y alcanzara la edad legal para cruzar el Atlántico, y entonces incorporarlo al campeón de la Premier League dentro de la estructura del City Football Group.

Hoy ese plan ya no suena tan firme.

El agente abre la puerta a cambios

Dan Segal, representante del jugador, no ha echado gasolina al fuego, pero tampoco lo ha apagado. Al contrario, ha dejado espacio para que el escenario se mueva.

“Manchester City es uno de los clubes más grandes del mundo, y lo que han construido no se puede borrar de la historia”, recordó, subrayando el peso del proyecto inglés. Admitió también que existe un acuerdo previo por Sullivan, pero dejó una frase que retumba en los despachos de media Europa: “Nunca se sabe lo que puede pasar, y esperamos que todo se resuelva de la mejor manera posible”.

En otras palabras: el compromiso existe, pero no es una cadena. Y los gigantes que acechan lo saben.

Un adolescente que ya pide sitio entre los grandes

Sullivan se acerca a los 17 años con una madurez futbolística impropia de su edad. Su irrupción en Philadelphia Union ha sido tan rápida como contundente. No es solo una promesa; empieza a ser un jugador que marca diferencias semana tras semana.

Las cifras de esta temporada hablan por él: 7 goles y 5 asistencias, con un tramo especialmente brillante entre agosto y septiembre, en el que firmó 6 tantos y 4 pases decisivos. No es un fogonazo aislado. Se ha ganado un lugar en el equipo de la semana en cada una de las tres últimas jornadas, una señal clara de que su impacto no es anecdótico.

Ese rendimiento ha cruzado fronteras. Mauricio Pochettino, seleccionador de Estados Unidos, no tardó en tomar nota. Lo siguió de cerca, midió sus actuaciones y decidió darle la alternativa con la absoluta. Sullivan debutó el pasado sábado ante Perú, disputó 62 minutos y dio un paso más en su escalada: de promesa de club a proyecto serio de referencia nacional.

Madrid, Barça y un City pendiente de su propio futuro

En este contexto, nada está cerrado. Real Madrid y Barcelona continúan vigilando cada movimiento del centrocampista. Lo hacen con paciencia, pero también con la convicción de que un talento de este calibre no aparece cada año en el mercado estadounidense.

Manchester City, mientras tanto, espera. Necesita claridad sobre el desenlace de su caso legal, un asunto que puede condicionar no solo su planificación deportiva, sino también la viabilidad de acuerdos ya trazados, como el que afecta a Sullivan.

Si las sanciones alteran el ecosistema del club, el preacuerdo con el joven estadounidense podría pasar de ser una operación estratégica a un lujo difícil de sostener. O, al contrario, convertirse en una apuesta imprescindible para asegurar el futuro a medio plazo.

Hoy, el chico que deslumbra en Philadelphia Union se encuentra en el centro de una partida de ajedrez que involucra a tres de las instituciones más poderosas del fútbol mundial. Y mientras los despachos calculan riesgos y escenarios, Sullivan sigue haciendo lo que mejor sabe: marcar, asistir y obligar a los grandes a replantearse sus planes. Porque cada gol que anota en la MLS encarece un poco más la próxima jugada.