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Michael Carrick y el desafío en Old Trafford: ¿debería quedarse?

Llenar el vacío que dejó Sir Alex Ferguson siempre rozó lo imposible. El técnico escocés se marchó en el verano de 2013 con su 13º título de Premier League bajo el brazo, tras 27 años construyendo una dinastía en el llamado “Theatre of Dreams”: dominio doméstico, dos Champions League y aquel Triplete de 1999 que todavía marca el listón de la grandeza en Manchester United.

Desde entonces, el club no ha encontrado sucesor estable. David Moyes apenas aguantó ocho meses. Nadie ha llegado a los tres años en el cargo. Ole Gunnar Solskjaer fue quien más se acercó, con 168 partidos al mando, antes de caer también ante la trituradora de expectativas que se ha convertido el banquillo de Old Trafford.

Ahora el foco se posa sobre Michael Carrick. Y el debate vuelve a encenderse.

Carrick, del impulso a la amenaza

Carrick llegó como solución provisional, interino, casi de emergencia. Respondió con resultados: 17 partidos después, un contrato de dos años, un top 3 en la Premier y el regreso a la élite europea. El club pareció encontrar por fin una línea de continuidad.

Pero en cuestión de semanas, el relato ha cambiado. Tras un decepcionante 1-1 ante un Tottenham con diez hombres, su futuro vuelve a discutirse. Su nombre ya suena con insistencia en la guillotina mediática, justo cuando afronta una serie de partidos a domicilio que pueden marcar su destino.

No es un caso aislado. United ha probado todas las fórmulas posibles. Entrenadores de renombre mundial como José Mourinho y Louis van Gaal. Antiguos jugadores como Solskjaer y el propio Carrick. Técnicos emergentes como Ruben Amorim en la órbita. El resultado, sin embargo, se repite: inestabilidad, ruido y una sensación permanente de reconstrucción inacabada.

El diagnóstico de Owen: el problema no es el banquillo

Para Michael Owen, exdelantero de United y campeón de la Premier con el club, el diagnóstico es claro: el problema no se resuelve cambiando de entrenador cada poco tiempo. En declaraciones a GOAL, el exinternacional inglés recordó que el club ya ha “probado absolutamente todo” en el perfil de técnico.

Owen subraya un dato clave: la etapa de Carrick la pasada temporada fue, en promedio, la más productiva de los últimos tiempos en el banquillo de United. Más puntos que cualquier otro técnico reciente. Un rendimiento que, para él, justificaba la apuesta de continuidad.

Por eso cuestiona la lógica de un nuevo giro de timón tras apenas un puñado de partidos en la presente campaña. La muestra es corta, el contexto exigente, pero el historial inmediato del técnico respalda cierta paciencia. “¿Quién hay ahí fuera, de todos modos?”, viene a plantear el exdelantero al hablar de posibles sustitutos.

Su mensaje va más allá de un nombre propio. Owen pone el foco en el modelo: “Seguir cortando y cambiando no da buena imagen. No es bueno para el club. No trae resultados”. Y recuerda que la evidencia de la última década va precisamente en esa línea: mucho movimiento en el banquillo, poca coherencia en el proyecto.

Un club ante el espejo

La reflexión toca un punto sensible: la fortaleza —o debilidad— del club a nivel de dirección. Owen teme ver a un Manchester United “débil” en los despachos, cediendo ante la presión y despidiendo a un técnico que, pese a su juventud en el cargo, ya ha demostrado capacidad para lograr grandes resultados de forma consistente.

Su receta es clara: dejarle crecer. Darle tiempo. Evitar otra sacudida a mitad de temporada que no garantiza, ni mucho menos, un giro inmediato de la suerte. La experiencia reciente de United con reseteos en pleno curso no invita al optimismo.

Porque, como recuerda Owen, todos los entrenadores acaban marchándose. Todos terminan despedidos o agotando su ciclo. La cuestión no es si pasará, sino cuándo. Y, sobre todo, cómo se construye —o se destruye— el proyecto en el camino.

Un calendario que no perdona

Mientras tanto, Carrick sigue en el cargo. El empate ante un Tottenham en inferioridad numérica ha encendido las alarmas, pero el veredicto no llegará en Old Trafford, sino lejos de casa.

Se avecina una serie de partidos que puede definir su etapa. Primero, un viaje de Champions League al campo del Atlético de Madrid. Después, una visita a Leeds el domingo, duelo siempre cargado de rivalidad y tensión. Luego, otro compromiso europeo frente al Como de Cesc Fàbregas. Y, como cierre de este tramo, Stamford Bridge, donde espera el Chelsea el 31 de octubre.

Es ahí, lejos del “Theatre of Dreams”, donde puede decidirse el futuro inmediato del técnico. Una paradoja cruel: el hombre que devolvió a United a la élite europea, obligado ahora a salvar su puesto precisamente en ese escenario continental y en una secuencia de salidas que no concede margen al error.

Si la historia reciente de Manchester United es la de una búsqueda interminable de estabilidad, la gran incógnita ya no es quién se sienta en el banquillo, sino si el club está preparado, de una vez, para sostener su propia apuesta.