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Carla Ward se enfoca en el Mundial de Brasil

Carla Ward no pestañeó. En plena ola de rumores que la colocan de regreso en la Women’s Super League y, en concreto, en el banquillo vacío de su antiguo club Aston Villa, la seleccionadora de la República de Irlanda dejó claro que su brújula sólo apunta en una dirección: el Mundial de Brasil del próximo verano.

El calendario es sencillo de explicar, pero brutal en su exigencia: primero un play-off contra Kazajistán y, si superan ese obstáculo, una final a doble partido frente a Bélgica o Polonia. Cuatro encuentros. Cuatro finales. El billete a la Copa del Mundo como premio mayor.

“Nothing is tempting when I'm in this job, you know I love this job and I love working here”, recordó Ward, fiel a un discurso que no se ha movido un milímetro desde que llegó al cargo en enero de 2025 para relevar a Eileen Gleeson. No quiere distracciones. No quiere ruido.

Un pasado reciente que pesa

La República de Irlanda aún saborea, con una mezcla de orgullo y espina clavada, su primera clasificación mundialista en 2023. Aquel hito histórico acabó con un sabor amargo: eliminadas en la fase de grupos tras caer ante las coanfitrionas Australia y Canadá y firmar un empate ante Nigeria.

Aquella experiencia dejó cicatriz… y hambre. Tres años después, Ward tiene la oportunidad de devolver al equipo al mayor escaparate del fútbol internacional, esta vez con la ambición de no limitarse a participar.

“I'm here because I want to get to a World Cup and I think we've made tremendous strides and steps as a nation”, subrayó. Lo define como “la guinda del pastel”, pero se cuida de no caer en la euforia. Todo pasa por sobrevivir a un tramo de clasificación que no perdona errores.

Cuatro partidos, sangre y césped

Ward ha convertido el mantra en plan de ruta: “We have to give everything, blood, sweat and tears. We have to leave everything out there in everything we do and if we do that, we've got every chance”. No es una frase hecha. Es la medida de la exigencia que impone a un vestuario que siente preparado para el salto.

El primer examen llega en territorio hostil. El 9 de octubre, a las 12:00 BST, la República de Irlanda visita la Astana Arena para abrir la eliminatoria frente a Kazajistán. La vuelta, cuatro días después, en Cork, en un Pairc Ui Chaoimh que se ha convertido en pequeño fortín: Irlanda sigue invicta allí.

Ese dato, sin embargo, no relaja a Ward. Ni un centímetro.

“No podemos dar nada por hecho”, viene a decir con cada respuesta. Kazajistán, 98ª del ranking mundial, aparece en el papel como rival asequible, pero la seleccionadora rehúye cualquier lectura complaciente. Sabe que un mal día en un play-off puede tirar por tierra dos años de trabajo.

Exigencia máxima y roles claros

“We have to go up another level, we have to make sure that we're performing, and we're focused at the highest level”, avisó. No se trata sólo de intensidad; habla de precisión, de concentración, de ejecutar un plan que, según ella, el grupo tiene interiorizado al detalle.

Ward se apoya en una plantilla que define como “unbelievable”, “hugely talented”, capaz de sostenerse en los momentos de máxima presión: “They will look after each other”. La clave, insiste, está en que cualquiera que entre en el once o desde el banquillo sepa exactamente qué se le pide: “I think anyone that comes in that will know their role… we're really clear with what we do, what we want and how we play”.

Nada de distracciones

En paralelo, el ruido de la Women’s Super League crece. El puesto vacante en Aston Villa la señala de inmediato, por pasado y por perfil. Ward, sin embargo, levanta un muro: “I don't think anything can take my attention away from these next four games so it's not a conversation and it's not anything I would entertain”.

No hay guiños, no hay medias palabras. “My heart and my focus, I came here to try and get to a World Cup and that's all I'm going to think about for the next four games”, remata. Lo personal y lo profesional se cruzan en una misma meta: llevar de nuevo a Irlanda al Mundial.

El escenario está claro. Astana primero, Cork después. Kazajistán como primer filtro, Bélgica o Polonia al fondo del camino. Cuatro partidos para confirmar si la selección que hizo historia en 2023 está lista para dar el siguiente paso y dejar de ser sólo una invitada en la fiesta mundialista.