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Brasil y Vinicius Junior hacen historia en Kolkata

La camiseta amarilla vuelve a encender Kolkata. En el imponente Salt Lake Stadium, India se prepara para algo que nunca ha vivido: enfrentarse por primera vez a la selección absoluta de Brasil, cinco veces campeona del mundo, en un amistoso que trasciende el marcador.

Sobre el césped, un contraste brutal: el número 5 del ranking mundial contra el 138. Pero nadie en el entorno brasileño se atreve a hablar de trámite.

Ancelotti baja el tono, sube el respeto

Carlo Ancelotti, 67 años, rostro sereno y discurso afilado, se plantó ante los micrófonos para dejar claro que Brasil no viajó a India de paseo.

“Tenemos respeto por la calidad del equipo indio”, subrayó en la víspera del partido. El empate 1-1 de India ante Panamá, selección ubicada en el puesto 44 del ranking, no pasó desapercibido en el cuerpo técnico brasileño. “Jugaron un buen empate contra Panamá. Tenemos pleno respeto por nuestros rivales”.

En un país donde el ruido del cricket lo invade todo, el fútbol se abre paso a su manera. India jamás ha jugado un Mundial, pero en ciudades como Kolkata y Kochi el balón se defiende con pasión propia.

“Cricket es parte de su cultura; el fútbol no es el juego más importante”, admitió Ancelotti. “Pero eso no significa que no amen el fútbol. Estamos felices de estar aquí y mostrar nuestra calidad a todos los que puedan ver el partido, y será una noche fantástica”.

Vinicius Junior lidera una selección de lujo

Brasil no contará con Raphinha, baja por una lesión en el muslo. La ausencia del extremo abre aún más el foco sobre Vinicius Junior, llamado a ser el gran imán del público en Salt Lake Stadium.

Alrededor del delantero, un elenco de peso: el capitán de Paris Saint-Germain, Marquinhos, y el dúo del Arsenal, Gabriel Magalhaes y Bruno Guimaraes, encabezan una lista que, sobre el papel, impone.

Brasil llega a India tras una doble jornada de amistosos ante Australia, saldada con una victoria y un empate, en pleno proceso de reconstrucción tras la dolorosa eliminación ante Noruega en octavos de final del Mundial en julio. Un golpe que todavía duele.

“Es cierto que no fuimos capaces de competir lo suficiente en el Mundial”, reconoció Ancelotti. “Fue un periodo difícil para nosotros. Es una motivación para que una nueva generación de jugadores sea capaz de competir al máximo nivel en los próximos años”.

El técnico italiano ve este viaje como algo más que una gira exótica. “Todos estos partidos en Australia e India son una buena preparación y una buena oportunidad para mostrar lo que podemos hacer”.

Un país de cricket, un estadio de fútbol

Kolkata respira algo distinto. Aquí, los murales de Brasil y Argentina conviven en las paredes, las camisetas se reparten en las calles y los debates no giran en torno a un bate, sino a un balón.

India y el sur de Asia se dividen desde hace décadas entre la devoción por Brasil y la pasión por Argentina. Ese detalle no pasa desapercibido para el capitán brasileño.

“India, fuera de Brasil, es uno de los países donde existe el mayor apoyo y base de aficionados para toda la selección”, destacó Marquinhos. Saber que miles de aficionados vestirán de amarillo en un país tan lejano añade combustible emocional a un amistoso que se siente mucho más grande.

India, entre el respeto y el desafío

Del lado local, Khalid Jamil asumió el foco con una sonrisa. Subió al estrado después de Ancelotti, se abrazó con el italiano ante los fotógrafos y, por un instante, la diferencia de jerarquía entre ambos banquillos pareció desdibujarse.

“Presión va a haber, pero tenemos que manejarla y asumir la responsabilidad”, lanzó el seleccionador indio. Su mensaje al vestuario es simple, directo, casi desafiante: “Si das lo mejor de ti, cualquier cosa puede pasar”.

India llega crecida por el empate ante Panamá y por la oportunidad de medirse a la élite mundial en casa. El resultado, seguramente, no definirá nada en su trayectoria inmediata. La experiencia, sí.

Una noche para recordar

Sobre el papel, el duelo está claramente desequilibrado. En la grada, no tanto. El ruido, las banderas amarillas, los cánticos por Vinicius Junior y compañía prometen envolver el partido en una atmósfera de gran cita.

Para Brasil, es una escala más en su intento de recomponerse tras el golpe mundialista y dar rodaje a una nueva camada. Para India, es una ventana al máximo nivel, un espejo incómodo pero necesario.

Cuando ruede el balón en el Salt Lake Stadium, la diferencia de rankings quedará reducida a un número. Lo que ocurra después dirá mucho de la ambición de esta nueva Brasil… y de hasta dónde quiere atreverse India en su propio camino.