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Brasil aterriza en Kolkata con máxima seguridad

Kolkata amaneció en clave verdeamarela. No solo por la llegada de las estrellas de Brasil, sino por el despliegue de seguridad que convirtió la visita en una operación casi militar.

Un equipo privado de ocho especialistas en protección aterrizó temprano en la capital de Bengala Occidental para garantizar que nada altere la estadía del conjunto dirigido por Carlo Ancelotti. No son simples escoltas: se trata de expertos y exmilitares sudamericanos, integrados de forma directa en el dispositivo local.

Al frente del grupo, el brazalete de siempre: Marquinhos. A su lado, nombres que mueven multitudes y mercado global —Vinicius Junior, Gabriel Magalhaes, Bruno Guimaraes— bajaron del avión entre protocolos estrictos, cordones de seguridad y un plan calculado al milímetro desde el aeropuerto hasta el hotel.

Una ciudad en guardia tras el recuerdo de Messi

La alerta no surge de la nada. El último gran desembarco de una superestrella en el Salt Lake Stadium dejó cicatrices. En diciembre, la presencia de Messi acabó empañada por el caos en las gradas: aficionados furiosos arrancaron butacas después de que comitivas VIP les bloquearan la visión del campo.

Ese episodio marcó a organizadores y autoridades. Esta vez no hay margen para improvisaciones.

Un responsable de la organización, citado por la prensa local, detalló la estructura del operativo: el equipo brasileño cuenta con un grupo propio de seguridad formado por especialistas y antiguos oficiales del ejército, cuya misión es proteger a jugadores y delegados y coordinar cada paso con la policía local para que el dispositivo cumpla estándares internacionales. Desde el entorno del partido lo resumen con una frase clara: “Se están tomando precauciones extra”.

La consecuencia se ve en cada rincón que pisa la delegación visitante. El hotel se ha transformado en una fortaleza: vigilancia las 24 horas en cada planta donde se alojan los futbolistas, controles de acceso, movimientos limitados y un perímetro reforzado también en los campos de entrenamiento privados, rodeados por vallas y presencia constante de seguridad.

Un amistoso con sabor a examen mayor

En el césped, la historia es muy distinta, pero igual de exigente. Para la selección local, número 138 del ranking mundial, el duelo del sábado en el Salt Lake Stadium es un desafío monumental. Viene de un 1-1 ilusionante ante Panamá en el Sree Kanteerava Stadium, un resultado que alimentó la confianza, pero que ahora se mide contra la realidad más cruda: frenar durante 90 minutos el arsenal ofensivo del quinto clasificado del mundo.

Aquí no hay margen para despistes. El plan de los anfitriones pasa por una disciplina defensiva sin concesiones, líneas juntas, concentración absoluta y una resistencia casi espartana ante la calidad individual de cada brasileño que cruza la divisoria.

Del otro lado, Brasil afronta el viaje con un objetivo muy concreto: ajustar engranajes en ataque. Tras una serie de amistosos consecutivos ante Australia, el cuerpo técnico ve en Kolkata un laboratorio ideal para probar sociedades ofensivas, automatismos en tres cuartos y variantes en la última zona, con el añadido de un entorno hostil, estadio lleno y un rival dispuesto a correr detrás del balón hasta el último minuto.

La seguridad, esta vez, está garantizada por tierra, aire y hotel. La incógnita, la única que queda abierta, se jugará dentro de las líneas blancas: ¿podrá una selección 138 del mundo resistir la embestida de una potencia sudamericana que llega blindada… y con ganas de divertirse?