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Andy Burnham bajo presión por vínculos con Manchester City

La política británica vuelve a cruzarse con el fútbol en uno de los momentos más delicados para la Premier League. Andy Burnham afronta crecientes presiones para que haga público cada encuentro, cada conversación y cada invitación de cortesía que haya mantenido con los propietarios del Manchester City, el Abu Dhabi United Group (ADUG), así como toda la hospitalidad recibida en el Etihad Stadium.

Las exigencias llegan desde los Liberal Democrats, que han olido sangre después de unas declaraciones del primer ministro que han levantado una tormenta. Burnham afirmó que estaría “realmente preocupado” si ADUG se viera obligado a vender el club tras ser declarado culpable de vulnerar las normas financieras de la Premier League. La reacción fue inmediata: críticas generalizadas y dos rectificaciones sucesivas desde Downing Street para intentar matizar su postura.

Un respaldo incómodo en pleno escándalo

El trasfondo es explosivo. Un comité independiente ha declarado al Manchester City culpable de 114 cargos por incumplir las reglas financieras durante casi una década. Entre ellos, el uso de “contratos ficticios” y mecanismos para camuflar más de 830 millones de libras de financiación, según recoge la carta enviada a Burnham por Anna Sabine, portavoz de cultura, medios y deporte de los Liberal Democrats.

Pese a ese veredicto, Burnham optó por agradecer a los propietarios su inversión en la ciudad y describir las conclusiones como “disputadas”, advirtiendo de que sería “erróneo precipitarse” en los juicios. Para Sabine, el mensaje es inaceptable. En su carta, a la que ha tenido acceso el Guardian, califica de “extraordinario” que un primer ministro utilice su cargo para poner en duda los hallazgos de una investigación independiente y, con ello, erosione la confianza en los procesos de la Premier League.

El contexto no ayuda. Sabine recuerda el año turbulento que vive el fútbol, marcado por las controversias en torno a la FIFA y la gestión del último Mundial, que han reabierto el debate sobre la integridad del juego. Para la dirigente liberal, en un momento así los aficionados esperan que el primer ministro defienda las reglas, no que parezca alinearse con un club declarado culpable de quebrantarlas.

Exigencia de transparencia total

El foco se dirige ahora a los vínculos personales e institucionales de Burnham con ADUG. Durante sus nueve años como alcalde del área metropolitana de Greater Manchester, etapa que terminó este verano cuando regresó al Parlamento, mantuvo una relación estrecha con el grupo a través del cual Sheikh Mansour adquirió el City en 2008. En paralelo, el club se transformó en una potencia deportiva y en un actor central del desarrollo urbano de la ciudad.

Sabine considera que esa relación debe ser examinada con lupa. Ha anunciado que escribirá tanto a Downing Street como a la Greater Manchester Combined Authority (GMCA) para reclamar el detalle de todas las reuniones celebradas con ADUG y con City Football Group, así como cualquier contacto con representantes del gobierno de Emiratos Árabes Unidos.

Su mensaje es claro: los aficionados “merecen saber que las reglas se aplican a todo el mundo, por muy ricos y poderosos que sean”. Y lanza una acusación directa: cuando el primer ministro “salta en defensa” de los dueños de un club apenas horas después de un veredicto, la gente tiene derecho a preguntar qué tipo de relación existe.

De ahí la demanda central: que Burnham “dé explicaciones” y publique un listado completo de cada reunión y conversación mantenida con City Football Group, Abu Dhabi United Group o representantes del gobierno emiratí desde su etapa como alcalde, incluyendo cualquier invitación o “freebie” de hospitalidad recibida.

Palco, hospitalidad y zonas grises

Burnham, declarado seguidor del Everton, ha sido fotografiado en varias ocasiones en zonas de hospitalidad del Etihad Stadium durante partidos del Manchester City. Lo que no está claro es el alcance de esos privilegios. Las normas de la GMCA solo obligan a la divulgación pública de regalos y obsequios de los cargos actuales, y el acceso al detalle completo requiere solicitudes formales de libertad de información.

Ese vacío alimenta las sospechas. Sabine quiere que no quede resquicio sin revisar: desde entradas y palcos hasta encuentros informales que pudieran no figurar en los registros habituales.

Desde que asumió como primer ministro, Burnham no ha acudido a ningún partido del City. Sí ha estado en dos encuentros del Everton en Hill Dickinson Stadium, donde fue alojado en el palco de directores pese a disponer de un abono en la grada Sur. Un matiz que, en otro momento, habría pasado desapercibido. Hoy, en medio del mayor caso de disciplina financiera que ha sacudido a la Premier League, se convierte en un detalle más dentro de un escrutinio que solo va a ir a más.

Porque la pregunta que sobrevuela Westminster, Manchester y los despachos de la liga es sencilla y demoledora: ¿puede el fútbol inglés permitirse que la figura que ocupa el 10 de Downing Street parezca más cerca del palco que del reglamento?