Aguirre asume como entrenador del Valencia: disculpas y promesas
Javier Aguirre apenas había tomado asiento en la sala de prensa de Mestalla cuando dejó claras dos cosas: que venía a pedir disculpas y que no pensaba esconderse. Una confesión frontal, una sonrisa diplomática y un mensaje directo a la grada marcaron su primer día como nuevo entrenador del Valencia.
El técnico mexicano firma hasta el 30 de junio de 2027, con una cláusula para ampliar un año más si logra llevar al equipo a la Europa League. No es un detalle menor: el club le entrega un proyecto, pero también una misión de rescate tras el decepcionante arranque de temporada con Carlos Corberán.
“La oferta del Valencia no se puede rechazar”
Aguirre no se anduvo con rodeos al explicar por qué aceptó el reto. Lo hizo con una energía que contrastó con el clima de preocupación que rodea al club.
«La oferta del Valencia no se puede rechazar. Es un club histórico en LaLiga y en el mundo del fútbol en general, y tiene una afición maravillosa. He venido aquí como rival, y eso da miedo», reconoció.
Entre líneas, un mensaje claro: sabe dónde se mete. Sabe lo que significa Mestalla encendido y también lo que implica verlo apagado.
Por eso, su declaración más importante fue para los aficionados, casi como un compromiso público: «Quiero que el estadio de Mestalla sea una fortaleza inexpugnable y un campo imponente para los rivales, para que el equipo vuelva a su lugar natural».
El diagnóstico es sencillo: el Valencia ha perdido peso, miedo escénico y costumbre de pelear arriba. El nuevo entrenador quiere devolverle todo eso desde el césped… y desde la grada.
El episodio con Anthony Gordon: “un acto tonto”
La presentación no podía escapar a la polémica que lo persigue desde el Mundial de 2026. Tarde o temprano, el nombre de Anthony Gordon iba a aparecer. Y apareció.
En aquel Inglaterra–México de octavos de final, resuelto 3-2 para los ingleses, una cámara captó a Aguirre acercándose al extremo, hoy jugador del Barcelona, y soltándole en tono de broma un «screw you». El vídeo se hizo viral. Gordon salió después a aclarar que no lo consideró un insulto, pero la escena quedó marcada.
Ahora, el nuevo técnico del Valencia decidió no esquivar el tema: «Fue un acto tonto, un acto imprudente, solo una idea que se me cruzó por la mente en medio del ambiente y la emoción de las competiciones del Mundial».
Sin excusas. Sin adornos. Solo una calificación dura hacia sí mismo y un intento de pasar página: «Estas cosas pasan en el fútbol, y no voy a alargarlo mucho más».
Quiere cerrar el expediente, enterrarlo en su primer día, antes de que la historia se convierta en ruido constante alrededor del banquillo.
Humor, niños y una foto para firmar
Aguirre, veterano en mil ruedas de prensa, entendió que necesitaba rebajar la tensión. Y tiró de humor.
Contó que, cuando vuelva a cruzarse con Gordon, no solo lo recibirá con cordialidad, sino que aprovechará la ocasión para hacerle una petición muy concreta.
«Hay una foto muy bonita del momento que pasó entre nosotros», comentó entre risas. «Quizá le pida que me la firme, ya sabes, para mis hijos. Sí, de verdad es una foto preciosa y, por cierto, el tipo habla español perfectamente».
El detalle no es menor: el entrenador quiere transformar un episodio incómodo en anécdota, casi en complicidad, y al mismo tiempo mostrar que no llega al Valencia con cuentas pendientes, sino con la intención de mirar hacia adelante.
Cita marcada: 31 de enero en Mestalla
El calendario ya ha señalado en rojo la fecha de un reencuentro muy particular. Si nada se tuerce, Anthony Gordon y Javier Aguirre no se verán las caras sobre el césped hasta el 31 de enero, cuando el Barcelona visite Mestalla en un duelo de alta tensión.
Ese día, el estadio será mucho más que el escenario de un gran partido de LaLiga. Será el lugar de una reconciliación indirecta entre un entrenador y un futbolista que se hicieron virales en un Mundial, ahora enfrentados en un contexto muy distinto.
Para entonces, el Valencia ya sabrá si el efecto Aguirre ha comenzado a convertir Mestalla en la fortaleza que promete… o si ese Barcelona–Valencia será algo más que un simple examen de mitad de temporada.






