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Zidane impone disciplina: fin del show en la selección francesa

Zinedine Zidane ha tardado muy poco en dejar su sello al frente de la selección francesa. Ni un balón había empezado a rodar en Clairefontaine y ya había caído la primera gran decisión simbólica: prohibidos los peluqueros en la concentración de Les Bleus.

Nada de estilistas entrando y saliendo del cuartel general. Nada de citas de última hora para retocar el degradado antes de un entrenamiento. Según adelantó L’Équipe, el nuevo seleccionador ha cerrado la puerta a cualquier profesional externo de la imagen durante los parones internacionales. El mensaje es nítido: aquí se viene a competir, no a desfilar.

Kylian Mbappé, Michael Olise y compañía, habituales referentes de tendencias y portadas de moda, tendrán que llegar peinados de casa. Quien quiera cambio de look, que lo haga antes de cruzar la barrera de Clairefontaine. Dentro, el único estilo que importa es el del juego.

Adiós a la alfombra roja de Clairefontaine

La ofensiva de Zidane no se queda en la silla del barbero. Apunta a todo el ecosistema que, durante años, convirtió la llegada de la selección francesa a su residencia en un espectáculo paralelo.

El paseo desde el coche hasta el edificio principal se había transformado en una pasarela improvisada. Chaquetas imposibles, zapatillas de edición limitada, bolsos de lujo, combinaciones pensadas para reventar las redes sociales. Cada concentración dejaba una colección de fotos y vídeos que alimentaban debates interminables sobre el foco de los jugadores: ¿fútbol o marketing?

Ese ritual, según desveló AS, pasa a la historia con el nuevo régimen. Zidane ha recortado de forma drástica la presencia de cámaras, fotógrafos y equipos de grabación en los accesos a Clairefontaine. Menos flashes, menos espectáculo, menos sensación de alfombra roja. El seleccionador no quiere estrellas posando; quiere futbolistas preparando partidos.

La idea es sencilla pero contundente: la selección no es un photocall, es un vestuario de élite.

Un cambio de cultura en tiempo récord

La decisión tiene un fuerte componente simbólico. Zidane llega al cargo tras el ciclo de Didier Deschamps y después del Mundial 2026, en un contexto en el que la selección francesa vive rodeada de una exposición mediática gigantesca. Patrocinios, campañas, documentales, cámaras en cada esquina.

Él, que conoce como pocos la presión del foco y el peso del vestuario, ha optado por cortar ruido desde el primer día. Quiere un entorno austero, casi espartano, donde la atención no se disperse en detalles superficiales.

No es una cruzada contra la personalidad de los jugadores ni contra su vida fuera del campo. Es una declaración de prioridades. Dentro de la concentración, el tiempo y la energía deben ir al plan de juego, al rival, a la sesión de vídeo, al entrenamiento. No a elegir outfit ni a coordinar la visita del peluquero.

Un examen inmediato: Italia, Bélgica y Turquía

Este giro disciplinario no se quedará en un gesto cosmético. Se medirá pronto en la hierba. Francia afronta un arranque exigente en la Nations League, con duelos ante Italia y Bélgica y un choque siempre incómodo frente a Turquía.

Son los primeros grandes exámenes competitivos del nuevo seleccionador. Partidos de alta tensión, rivales con peso en Europa, escenarios donde cualquier distracción se paga cara.

Zidane ha optado por blindar el entorno antes de que ruede el balón. Quiere un grupo encerrado en la tarea, concentrado en los matices tácticos, en los automatismos, en la presión, en la salida de balón. Sin distracciones, sin circo alrededor de cada llegada a Clairefontaine.

La apuesta es clara: menos show, más resultado. En un fútbol cada vez más envuelto en marketing y estética, el técnico francés ha decidido nadar a contracorriente. La próxima ventana internacional dirá si ese corte radical, del vestuario hacia fuera, también se traduce en un corte igual de firme sobre el césped.