Logotipo completo Tribuna Gol

Wonderwall y la campaña del Mundial de Inglaterra

No hay Mundial sin banda sonora ni sin cierta sobredosis de patriotismo pop. Esta vez, el foco recae en Noel Gallagher y un viejo clásico que nunca se va: Wonderwall. The Sun vende en portada una “exclusiva” según la cual el ex Oasis respalda la campaña para convertir el tema en himno oficial de Inglaterra en el Mundial, después de un “momento mágico” entre jugadores y aficionados.

La realidad es bastante menos épica. Gallagher se limita a decir: “Wonderwall pertenece a la gente, y fue un momento mágico entre la gente y los jugadores. Mucha suerte a todos los que han hecho el viaje hasta allí”. Correcto, amable, pero lejos de un gran manifiesto futbolero. El resto es envoltorio, con un tabloide necesitado de relato donde no hay crisis de selección que contar.

Para reforzar la “campaña”, el diario recurre a un par de apoyos famosos: el presentador Rob Rinder y el cantante Olly Murs, que reclaman un vídeo oficial y presentan la canción como “banda sonora” de este Mundial. Si esa es toda la artillería mediática, el movimiento parece más nostalgia que clamor popular.

Granizados, chistes malos y poco más

El verdadero “exclusivo” de The Sun llega de la mano de Tom Barclay: en la concentración de Inglaterra, en Kansas, han instalado máquinas de granizado en el centro de entrenamiento Swope Soccer Village. Sí, granizados. Y el tema da para una pieza entera.

Barclay explica con solemnidad qué es un granizado: hielo picado, sirope de sabores y, en este caso, electrolitos para ayudar a la recuperación de los jugadores. Cada día hay dos sabores disponibles: azul de arándanos, rojo de frambuesa y un misterioso verde “que se cree que es de manzana o lima”. Ni el VAR se atrevería con tanta incertidumbre.

El detalle que se vende como oro son los juegos de palabras con los nombres de los futbolistas: “Jordan Ice Pickford”, “Ice, Rice Baby” para Declan Rice, “Freeze James” para Reece James y el “ingenioso” “Jarell Thirst Quencher” para Jarell Quansah. La lista sigue: Dan “Brrrrrrn”, “Eberrrrrechi Eze”, “Ice Lolly Watkins”, “Marcus Rashberry”, “Cold Trafford” para James Trafford y “Bluekayo Saka” porque, claro, el granizado era azul.

La historia se agota sola. Mucho hielo, poca sustancia.

Lágrimas en Egipto y el supuesto “palo” a Salah

En el otro extremo del espectro emocional, el seleccionador de Egipto, Hossam Hassan, rompe a llorar tras una noche histórica: su equipo firma la primera victoria mundialista de su historia y Mohamed Salah se convierte en máximo goleador de su país en la Copa del Mundo.

El Daily Mirror presenta la escena con un titular cargado de morbo: “el seleccionador de Egipto rompe a llorar y lanza un sutil dardo a Mo Salah tras la heroicidad mundialista”. El contexto, sin embargo, desmonta la intriga. El mensaje de Hassan no apunta al delantero, sino a quienes, a lo largo de la carrera del jugador del Liverpool, no han sabido aprovecharle. El “dardo” va hacia algunos técnicos que han tenido a Salah y no han sacado todo su potencial.

No hay reproche al ídolo nacional. No hay crítica al carácter ni al compromiso. Solo una reflexión sobre cómo se ha gestionado su talento. El “sly dig” al jugador, tal y como se vende, simplemente no existe.

El “truco” del Liverpool que no paga a Diomande

Desde Anfield llega otro ejemplo de cómo se hincha un titular: el Daily Express habla de un “clever transfer trick” del Liverpool que “les permite embolsarse una suma significativa” y que, de paso, podría ayudar en la carrera por Yan Diomande.

La intriga dura poco. El supuesto golpe maestro es, en realidad, un clásico de la ingeniería contractual: una cláusula de plusvalía. Bobby Clark se marcha al Derby por 6 millones de libras y el Liverpool se queda con el 17,5% de la operación. Algo más de un millón para las arcas del club.

El propio texto acaba matizando el entusiasmo inicial: “no es una gran cantidad de dinero en el gran esquema de las cosas, pero supone un impulso bienvenido mientras buscan refuerzos en el mercado de verano”. Un millón en un mercado donde los centrales de élite superan los 60 millones. Como mucho, da para una fracción de Diomande. El “truco” es, sencillamente, buena práctica de mercado, no alquimia financiera.

Guerra de podcasts y una “última risa” relativa

The Sun también se apunta a la batalla del audio deportivo con un titular con tono de revancha: la BBC “tiene la última palabra” en la guerra de podcasts contra Gary Lineker. El argumento se basa en las cifras: Football Daily alcanza picos de casi 250.000 escuchas diarias, con episodios que superan las 100.000 visualizaciones solo en iPlayer.

Enfrente, el proyecto de Lineker para Netflix, grabado en Nueva York, se mueve en torno a las 100.000 visualizaciones diarias. El tabloide lo presenta como una especie de derrota para el exdelantero, que, entre tanto, firma un contrato millonario y mantiene su estatus de gran rostro mediático del fútbol inglés.

Si esto es “la última risa”, es una risa bastante cara para todos los implicados.

Maguire, Neville y la velocidad según Inglaterra

El debate táctico también tiene su capítulo. En The Times, Phil Neville analiza el perfil de los centrales que encajan en la Inglaterra actual. El exjugador sostiene que Harry Maguire no podría jugar en este equipo y reivindica la decisión de Thomas Tuchel de prescindir de él en su etapa en el Bayern.

El argumento central es claro: el seleccionador quiere centrales rápidos, atléticos, capaces de defender hombre a hombre, mientras que el Manchester United apuesta por un bloque compacto y un fútbol de contragolpe que protege más a sus defensas. En ese contexto, Maguire encaja menos en una zaga adelantada y agresiva.

La teoría, sin embargo, choca con la realidad de algunas elecciones recientes, con perfiles como Dan Burn o John Stones, que no responden exactamente a la imagen de central explosivo. El debate sobre la velocidad, el espacio a la espalda y el tipo de defensor que necesita Inglaterra sigue abierto.

En un verano de Mundial, granizados, himnos reciclados y cláusulas de reventa, la sensación es clara: el ruido alrededor del fútbol nunca descansa. La cuestión es quién sabe separar la espuma del juego de lo que realmente mueve el balón.