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Vrancken enfrenta presión en su debut con Hearts

Wouter Vrancken apenas ha aterrizado en Edimburgo y ya siente el peso de una temporada que no concede margen. El técnico belga quiere que sus Hearts vuelvan a mirar hacia lo más alto de la Scottish Premiership, pero con una plantilla casi nueva y “un estilo de juego totalmente diferente” sabe que el tiempo no está de su lado.

El debut liguero llega este sábado en Pittodrie, ante Aberdeen, con una losa reciente: la eliminación sin paliativos en la previa de la Champions League. Sturm Graz pasó por Tynecastle como un rodillo, 0-2 en Edimburgo para completar un 6-0 global que dejó al descubierto las costuras de un equipo aún en construcción.

Vrancken no se esconde: necesita puntos “lo antes posible”.

De subcampeón consolidado a proyecto por armar

El contraste con el curso pasado es brutal. Hearts acabó segundo, peleando el título hasta el último día, cuando cedió en Glasgow ante Celtic tras haber liderado buena parte del campeonato. Era un bloque reconocible, con automatismos y jerarquías claras.

Ese equipo ya no existe.

El entonces entrenador, Derek McInnes, se marchó a Rangers. Con él se fue también el máximo goleador, Lawrence Shankland, y un hombre clave en la sala de máquinas como Cammy Devlin. A esa fuga de talento se suma la marcha de sus dos porteros principales. El esqueleto competitivo que sostuvo la carrera por el título ha quedado desmantelado.

Ahí entra Vrancken, obligado a rehacer casi todo sobre la marcha. Han llegado 12 fichajes, nuevas ideas en el césped de entrenamiento y un modelo que rompe con el pasado reciente. El belga insiste en que la ambición no cambia, pero admite que la comparación con el equipo del año pasado carece de sentido.

“En cuanto al nivel, es un estilo de juego totalmente diferente, así que comparar niveles es difícil”, subraya. El objetivo, sin embargo, permanece intacto: “competir por la posición más alta posible”.

Sin red de seguridad

El discurso del técnico es claro: no hay tiempo para procesos largos ni para relatos de reconstrucción romántica. Hay urgencia.

“Para nosotros se trata de estar listos lo antes posible, en cuanto a calidad, porque hay muchas cosas nuevas, tanto en el cuerpo técnico como en los jugadores”, reconoce. Y remata con la frase que marca su hoja de ruta: “Pero aún así necesitamos resultados. Se trata de resultados y de mostrar calidad ahí”.

La goleada encajada ante Sturm Graz ha acelerado esa sensación de examen constante. No hay colchón europeo para ir corrigiendo errores con calma. Todo se traslada a la liga. Todo se mide ya desde Aberdeen.

En la mente de Vrancken solo existe el corto plazo: “En el fútbol no hay largo plazo, solo corto plazo y solo lo que puedes hacer en el próximo partido”. Ese próximo partido es Pittodrie, un estadio incómodo, ante un rival que también se encuentra en pleno reajuste.

Aberdeen, primer termómetro serio

Vrancken ha estudiado de cerca a Aberdeen y al trabajo de Stephen Robinson, que afronta su primera temporada completa al mando. El belga detecta matices nuevos en el conjunto del norte.

“He visto muchos partidos suyos, por supuesto”, explica. “Creo que el estilo que el entrenador está implantando les lleva también a construir un poco más de lo que quizá solían hacer el año pasado”.

No espera un duelo caótico, sino un partido de ajedrez físico, con dos equipos intentando imponer su libreto. Hearts llega con heridas recientes, pero también con la oportunidad de cambiar de golpe el estado de ánimo.

El objetivo está nítido: “En este momento solo pensamos en lograr un buen resultado e intentar ir allí para ganar. Ese es el objetivo”.

Un estreno que pesa como algo más que tres puntos

Para un club que viene de rozar el título, empezar bien no es un capricho, es casi una obligación emocional. Un triunfo en Pittodrie no borraría el 6-0 ante Sturm Graz, pero sí alteraría el relato de la primera semana de competición.

Vrancken lo tiene muy claro: “Sería realmente, realmente importante. Creo que, si podemos conseguirlo, marcaría mucha diferencia”.

No es solo la tabla, ni el discurso hacia fuera. Es el vestuario, la confianza de los nuevos, la validación de un estilo que todavía busca encajar piezas. Hearts se ha reinventado a la fuerza. Ahora necesita que esa nueva versión empiece a ganar partidos antes de que la nostalgia por el equipo del año pasado se convierta en una sombra permanente sobre Tynecastle.