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Virgil van Dijk desmiente acusaciones sobre el sistema de cinco atrás

Virgil van Dijk llegó al micrófono con gesto serio. No venía a sonreír, venía a contestar. El capitán de Países Bajos se plantó ante la prensa antes del duelo de Nations League contra Alemania y desmontó, una por una, las insinuaciones de que él había forzado a Ronaldo Koeman a cambiar el sistema durante el último Mundial.

El central del Liverpool, que llevó el brazalete en aquel torneo en el que la selección neerlandesa cayó en octavos ante Marruecos en la tanda de penaltis, no dejó espacio para la interpretación.

“Uno de tus colegas dijo, por supuesto, que fue idea mía cambiar a una defensa de cinco. Eso es un disparate absoluto”, lanzó Van Dijk, mirando directamente al periodista que le trasladó la cuestión.

La herida del Mundial sigue abierta. Países Bajos, con Koeman en el banquillo, arrancó la fase de grupos con una defensa de cuatro. Orden, libreto clásico, jerarquías reconocibles. Pero ante Marruecos, ya en la fase de eliminación directa, el seleccionador modificó el plan: línea de cinco atrás, más protección, más control. Sobre el papel, una apuesta pragmática.

Durante casi todo el partido pareció funcionar. El equipo se adelantó con un gol de Cody Gakpo y se sostuvo en el resultado hasta el minuto 89. Entonces llegó el mazazo: Issa Diop firmó el empate en el tiempo añadido, el encuentro se fue a la prórroga y, después, a los penaltis. Marruecos avanzó; Países Bajos se fue a casa.

Ese giro táctico ha perseguido a Van Dijk desde entonces. En ciertos círculos mediáticos se le ha señalado como cerebro en la sombra de aquella decisión. El capitán, esta vez, decidió cortar de raíz.

“El hecho es que simplemente fracasamos en el Mundial. Esos son los hechos duros”, admitió. “No hicimos un buen Mundial. No se trata de mí. Rindes juntos. Eres un equipo”.

La acusación que más le escuece es la que va más allá del dibujo táctico. “Tu afirmación de que yo destruí el fútbol neerlandés después del Mundial… ese tipo de cosas no tienen ninguna base”, replicó con frialdad. No levantó la voz, pero cada palabra pesó.

Van Dijk insistió en el proceso interno de la selección y en el papel del cuerpo técnico: “El plan lo diseña el staff. Se difunden tonterías para que yo quede aún peor. Eso pasa con demasiada frecuencia”.

La frase siguiente fue todavía más directa: “Se dijo que fue culpa mía que jugáramos con cinco, que Ronald Koeman y yo hemos destruido el fútbol neerlandés”. Hizo una pausa breve y remató: “El plan funcionó durante 89 minutos, aunque fue un mal partido. Estuvimos a punto de pasar. La idea de que yo destruí el fútbol neerlandés no tiene ningún sentido. Yo no tomé esa decisión”.

El ambiente en la sala de prensa se volvió espeso. Preguntas cortas, respuestas aún más cortas. Alguien le cuestionó por qué estaba tan seco en sus intervenciones. Van Dijk no rehuyó el tema.

“Soy súper abierto”, respondió. “A veces hay cosas que se tienen que decir, ¿no? Si no, solo estás escuchando quejas. Con la mayoría de los medios no tengo ningún problema. Nunca lo he tenido. Pero cuando se lanzan disparates al mundo, ¿cómo se supone que debo reaccionar?”.

El central de 35 años, que ha mantenido la capitanía con la llegada del nuevo seleccionador, Xavi, también quiso dejar claro que su continuidad con la Oranje nunca estuvo realmente en duda, aunque necesitó un respiro tras el golpe del Mundial.

“Necesitaba unas vacaciones con mi familia y luego una reunión importante con el seleccionador nacional”, explicó. “Después de 10 segundos ya estaba claro que iba a seguir”.

La conversación con Xavi, según Van Dijk, fue tan sencilla como contundente. “¿Qué me dijo? Que yo soy Virgil van Dijk”, relató. “Se trata de confianza, de aprecio, de lo importante que eres para el equipo. Físicamente no hay –y no había– ninguna duda, pero también quieres sentir aprecio y disfrutar”.

Países Bajos se asoma ahora a una nueva etapa: Nations League primero, clasificación para la Euro 2028 después. Van Dijk, cuestionado por parte del entorno pero blindado por el vestuario y el seleccionador, encara el siguiente capítulo con una mezcla de orgullo herido y determinación.

Las críticas no van a desaparecer. Él lo sabe. Pero si algo dejó claro en esa rueda de prensa es que no piensa cargar en silencio con decisiones que, insiste, no le pertenecen. Ahora le toca demostrar, sobre el césped, que sigue siendo mucho más que el centro de una polémica táctica.