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Tottenham se complica y lucha por la salvación

Tottenham tuvo la permanencia en la mano. La acarició con un golazo, la sostuvo durante buena parte de la noche y la soltó con una acción tan imprudente como innecesaria. El 1-1 ante Leeds deja al equipo de Roberto De Zerbi vivo, pero herido, obligado a jugarse la temporada hasta el último suspiro.

Durante casi todo el partido, el relato parecía perfecto. Mathys Tel, el chico llamado a ser futuro, se vistió de presente con un tanto brillante que encarrilaba la primera victoria liguera en casa desde el 6 de diciembre. El estadio respiraba aliviado, la grada miraba de reojo la clasificación: cuatro puntos de colchón sobre el West Ham, dos jornadas por delante, la sensación de que el vértigo del descenso empezaba por fin a aflojar.

Entonces llegó el giro.

Tel, héroe hasta ese momento, se lanzó a un reto innecesario sobre Ethan Ampadu dentro del área. Entrada desmedida, torpe, de esas que en un contexto de alta tensión se pagan siempre. Ampadu quedó aturdido y dolorido. El árbitro señaló el punto de penalti sin dudar. Al otro lado, Dominic Calvert-Lewin no perdonó. Gol, 1-1 y un mazazo que se notó en cada gesto de los jugadores locales.

La frustración fue enorme. No solo por el resultado, sino por la forma. Tottenham tenía el partido donde quería, había contenido bien a un Leeds competitivo, sólido, fiel a la temporada notable que está firmando. El plan funcionaba. Hasta que dejó de hacerlo.

Ocho puntos, una herida y un aviso

El contexto, sin embargo, explica parte del discurso de De Zerbi tras el encuentro. El técnico italiano, que llegó el mes pasado para relevar a Igor Tudor, aterrizó en plena tormenta y comenzó su etapa con una derrota ante Sunderland que encendió todas las alarmas. Desde entonces, su equipo ha sumado ocho puntos en cuatro partidos. No es una mala respuesta para un vestuario que hace apenas dos semanas se veía con el agua al cuello.

“Será duro hasta el último minuto contra Everton”, advirtió el entrenador, consciente de que la batalla por la permanencia no concede treguas. Recordó también de dónde venía el equipo: de una situación límite, de la obligación de levantarse después de Sunderland y de la necesidad de mantenerse por delante de West Ham, aunque solo sea por esos dos puntos que ahora mismo marcan la diferencia.

El calendario no ofrece consuelo. Tottenham visitará a Chelsea y cerrará en casa ante Everton. West Ham, dos puntos por detrás, viajará a Newcastle y recibirá precisamente a Leeds. Y ahí se aferra De Zerbi: al rendimiento de un Leeds que no pierde desde el 3 de marzo en liga, a la idea de que el conjunto de Daniel Farke competirá con la misma intensidad y el mismo espíritu que mostró en Londres.

Si Leeds mantiene ese nivel, razona el italiano, también puede complicarle la vida a West Ham. La lucha por el descenso se convierte así en un triángulo de nervios, resultados cruzados y noches largas.

Tel, de golazo a penitencia

La figura de Tel condensó la noche. Su gol, una acción de talento puro, había encendido al estadio. De Zerbi no dudó en protegerle tras el error en el penalti. “Un gran abrazo y un gran beso, nada más”, describió el técnico al hablar de su reacción con el joven al término del partido.

No hay reproche público, sí un mensaje de contexto: Tel es un talento enorme, pero todavía un futbolista en construcción, con pocos partidos en la élite y con el margen de error propio de su edad. Marcó un gran gol, cometió un gran fallo. Dos caras de la misma moneda en un duelo que pedía madurez absoluta.

Ampadu, golpeado y magullado tras la entrada, fue la imagen física de las consecuencias. Tottenham, en cambio, mostró la herida emocional: un estadio que pasó de la euforia contenida al silencio tenso en cuestión de segundos.

De Zerbi insistió también en que no existe un bloqueo mental en casa pese a la larga sequía de victorias en su estadio. El equipo, defendió, ha reaccionado en las últimas semanas y ha sabido sumar bajo máxima presión. El problema, a estas alturas, es que cada error pesa como una losa.

Sobre una posible pena máxima en los minutos finales, cuando James Maddison cayó en el área, el técnico optó por el silencio. Ninguna polémica añadida, ninguna cortina de humo. El partido ya había dejado suficiente ruido.

Lo que viene ahora no admite distracciones. Dos jornadas, un margen mínimo, un descenso que respira en la nuca. Tottenham ya sabe que su temporada se decidirá “hasta el último minuto contra Everton”. La cuestión es si tendrá piernas, cabeza y sangre fría para llegar vivo a ese instante.