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Tottenham empata con Leeds: penalti del VAR amarga victoria

Tottenham rozó la noche perfecta y acabó masticando frustración. En un partido tenso, nervioso, de esos en los que cada error pesa el doble, el equipo de Ange Postecoglou pasó de saborear una victoria clave ante Leeds United a encajar un 1-1 que deja la clasificación europea abierta y la sensación de oportunidad perdida.

Un primer tiempo de ocasiones y dientes apretados

El once fue el mismo que brilló ante Aston Villa. Lógico: venían de uno de los partidos más convincentes del curso, y el técnico decidió no tocar nada. El problema es que el guion no se repitió con la misma eficacia.

Leeds apareció en Londres con todo. Nada de “equipo en chanclas” de final de temporada. Bien organizado, agresivo en la presión y con las líneas juntas, el conjunto visitante dejó claro en los primeros diez minutos que no venía a hacer turismo.

Tottenham, aun así, encontró espacios. Pedro Porro filtró un pase magnífico al espacio para Richarlison, que atacó el hueco con potencia… y arruinó la jugada con un control largo. Una escena que se repetiría demasiado: buenas posiciones, malas decisiones en el último toque.

Leeds también avisó. Kinsky firmó una parada descomunal a mitad de la primera parte, sacando un balón que muchos ya veían dentro. Esa mano sostuvo al equipo cuando el partido podía haberse torcido pronto.

Los locales generaron un buen puñado de ocasiones antes del descanso. Centros, segundas jugadas, algún balón filtrado, un córner que rozó el penalti por agarrón. Pero casi nada nació de combinaciones limpias por el centro. El centro del campo, otra vez, como zona de paso más que como motor creativo. Y cada ocasión desperdiciada añadía una capa de ansiedad.

Leeds incluso celebró por un momento un posible golpe justo antes del descanso, pero el VAR confirmó un fuera de juego en una acción que, de haber seguido adelante, probablemente habría acabado también en revisión por un posible penalti sobre Danso. Tottenham se marchó al vestuario con el 0-0, la portería a cero… y la sensación de que estaba perdonando demasiado.

El misil de Tel y el giro cruel del VAR

El segundo tiempo parecía pedir un héroe. Y lo encontró en Mathys Tel.

El joven atacante, hiperactivo durante todo el encuentro, cazó un balón en la frontal y soltó un disparo brutal, seco, directo a la escuadra. Un golazo. El tipo de golpeo que intenta una y otra vez y casi nunca entra. Esta vez sí. El estadio estalló. Tottenham se ponía 1-0 y el partido parecía por fin inclinarse.

Con el marcador a favor, los de casa tuvieron opciones para sentenciar. Randal Kolo Muani no encontró su noche: muchas carreras, algún destello —como ese toque sutil para habilitar a Richarlison en una ocasión que Pombo mandó a las nubes—, pero poca claridad en el área. Richarlison, por su parte, volvió a mostrar su versión más desesperante: pelea, presión incansable, compromiso absoluto… y una puntería completamente desviada.

El perdón se paga. Y lo hizo Tel, convertido en protagonista absoluto de la velada.

Defendiendo un balón colgado al área propia, el delantero intentó una chilena de despeje dentro del área. No vio llegar a Ethan Ampadu por detrás, que se lanzaba a cabecear. El pie de Tel impactó en la cabeza del jugador de Leeds. El árbitro dejó seguir, pero el VAR intervino. Seis minutos de revisión, visita al monitor y decisión final: penalti.

La intención no cuenta. El contacto alto, sí. Desde los once metros, Dominic Calvert-Lewin no perdonó. 1-1 y un estadio enmudecido. El golpe no fue solo en el marcador, fue anímico. De controlar el partido a volver a empezar, con el reloj ya corriendo en contra.

Maddison regresa, Kinsky salva una temporada

Postecoglou movió el banquillo tarde, pero el regreso de James Maddison cambió el ruido del estadio. Primeros minutos de la temporada para el ’10’, y solo su presencia levantó a la grada. Se le notó falto de ritmo, inevitable, pero dejó detalles y personalidad en cada balón que tocó.

El tramo final se convirtió en un intercambio de golpes sostenido por los porteros y por las decisiones arbitrales. El colegiado añadió 13 minutos de descuento, un añadido tan exagerado como el propio partido, lleno de interrupciones, revisiones y protestas. En medio del caos, señaló una mano de Micky en una acción en la que el defensa, claramente, esperaba falta a favor y agarró el balón. Otra decisión que encendió al público.

Leeds rozó el 1-2 con un latigazo de Longstaff desde fuera del área. Otra vez, Kinsky voló. Mano firme, reflejos de élite y una parada que, a estas alturas de temporada, vale más que un simple punto: puede valer una plaza europea.

Tottenham, empujado por la urgencia, se volcó. Y encontró lo que parecía ser la acción definitiva: Maddison cayó en el área, derribado en una jugada que muchos dentro del estadio vieron como penalti claro. El árbitro, no. Tampoco el VAR. Sin revisión, sin concesión. El enfado fue inmediato, la sensación de agravio, aún mayor.

El partido se apagó entre protestas y centros desesperados. El marcador ya no se movió.

Un punto que sabe a poco y un viejo fantasma: Stamford Bridge

Los números cuentan una historia ajustada: 1,32 xG para Tottenham, 1,26 para Leeds. Partido igualado, sí. Pero en el contexto de la temporada, el empate sabe a oportunidad desperdiciada más que a botín útil.

La tabla, al menos, no se derrumba. Tottenham mantiene dos puntos de ventaja sobre West Ham con dos jornadas por jugar y un diferencial de goles muy favorable. La situación es clara: mientras iguale o mejore los resultados de West Ham, el objetivo seguirá en sus manos.

El problema está en el calendario. La próxima parada es Stamford Bridge, un estadio maldito para los Spurs: solo una victoria liguera allí desde 1990. El escenario perfecto para una reacción… o para alimentar los fantasmas de siempre.

La temporada de Tottenham se ha movido muchas veces en ese filo: entre la ilusión de un proyecto nuevo y la vieja sensación de que, cuando más duele, la pelota decide no entrar. Ante Leeds volvió a pasar. Golazo, dominio por fases, un portero sobresaliente… y un penalti en contra decidido tras seis minutos de vídeo.

El margen aún existe. La pregunta es si este equipo sabrá aprovecharlo cuando mire a los ojos a Stamford Bridge.