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Saudi Pro League: Cristiano Ronaldo y el futuro del fútbol saudí

La Saudi Pro League abre una nueva temporada sin Mohamed Salah, pero con una certeza latente: el campeonato sigue orbitando alrededor de Cristiano Ronaldo. A los 41 años, el portugués está a solo 24 tantos de los 1.000 goles en su carrera. Con 102 dianas en 107 partidos de liga con Al-Nassr, el objetivo no es una fantasía. Es un desafío que, si se mantiene sano, debería caer este curso.

La pregunta es qué significa eso para una liga que entra en su cuarto año de gasto descomunal desde aquel verano de 2023 en el que se invirtieron 957 millones de dólares. Aquel impulso compró titulares en todo el planeta, acuerdos de televisión internacionales y una legión de camisetas amarillas con el 7 de Al-Nassr. Ahora el discurso cambia: menos espectáculo de chequera, más obsesión por el rendimiento deportivo y por elevar de verdad el nivel del fútbol saudí.

El espejo del Mundial y una incómoda respuesta

La eliminación temprana en el último Mundial encendió las alarmas. Sobre el papel, el balance no fue un desastre absoluto: empates ante Uruguay y una notable Cabo Verde, con la única derrota frente a la campeona España. Pero el debate se instaló en un punto muy concreto: ¿ha servido todo ese dinero para mejorar al futbolista saudí?

De momento, la respuesta es negativa.

La liga aún no exporta talento de forma significativa a Europa ni a otros mercados. De los 26 convocados al Mundial, solo el lateral derecho Saud Abdulhamid, del Lens, juega fuera del país. El consenso dentro y fuera del reino es claro: eso tiene que cambiar. Y rápido.

La preocupación va más allá de los destinos. Muchos de los que se quedan en casa no suman los minutos necesarios. Los extranjeros ocupan los puestos de mayor impacto: los creativos, los goleadores, incluso la portería. El gasto ha elevado el nivel competitivo de los clubes —los resultados en competiciones asiáticas lo reflejan—, pero la selección todavía no recoge los frutos.

Sin Salah, pero con un nuevo modelo

Durante meses, el ruido sugería que Salah terminaría eligiendo el Mar Rojo por delante del puerto del mar Negro y Trabzonspor. El egipcio, icono absoluto del fútbol árabe, habría sido un golpe de efecto colosal. Pero el empeño por ficharlo se fue enfriando. Y eso, incluso dando por hecho que Arabia Saudí fuera realmente su primera opción, nunca quedó claro.

Hay una razón de fondo. Salah, con 34 años, ya no encaja en el modelo que los grandes clubes saudíes intentan consolidar: jugadores más jóvenes, con valor de reventa cuando regresen a Europa. Menos estrella crepuscular, más activo financiero y deportivo.

Ahí entra Crysencio Summerville, el gran golpe de este mercado. Al-Hilal pagó alrededor de 80 millones de euros por el extremo neerlandés de 24 años. El plan es transparente: que se asiente en Riad, marque diferencias en la región y, llegado el momento, vuelva al fútbol europeo dejando otra suma millonaria.

El fichaje ha despertado críticas previsibles sobre “elegir dinero antes que ambición”. Pero en Al-Hilal la ambición no se negocia. Está en el ADN del club: 19 títulos de liga, cuatro coronas asiáticas. Volver a quedar segundo no es una opción, ni siquiera tras una campaña invicta. El listón es el título, siempre.

El club, vendido por el Public Investment Fund el pasado abril, conserva una nómina imponente: Karim Benzema, Rúben Neves, Theo Hernández, Yassine Bounou, Kalidou Koulibaly y compañía. La presión recae ahora sobre Simone Inzaghi, obligado a arrebatar el campeonato al vecino de amarillo.

Ronaldo, Postecoglou y la obsesión asiática

Ronaldo levantó el trofeo con Al-Nassr en mayo, una conquista que coincidió con el adiós de Jorge Jesus rumbo a la selección de Portugal. El relevo en el banquillo lo toma Ange Postecoglou, exentrenador del Tottenham Hotspur, con un vestuario lleno de pólvora ofensiva: Sadio Mané, Kingsley Coman, João Félix.

Sobre el papel, es un ataque para arrasar. En la práctica, el club se topa con límites financieros que han frenado la llegada de más refuerzos. La gran obsesión, más allá de revalidar la liga, es levantar por primera vez la Asian Champions League. Para una institución que ya tiene a Ronaldo persiguiendo la historia, conquistar Asia sería el siguiente golpe de autoridad.

Al-Ahli, un proyecto sacudido en el último segundo

El cetro continental pertenece ahora a Al-Ahli. El club de Yeda encadenó su segundo título asiático consecutivo en abril y se preparaba para volcarse de lleno en la liga, con la vista puesta en su segundo campeonato doméstico desde 1984. El plan parecía sólido.

Hasta que, a pocos días del inicio del torneo, el técnico Matthias Jaissle se marchó al Newcastle.

La decisión, pese a la conexión compartida del PIF entre ambos clubes, cayó como una bomba en Yeda. No gustó nada. El relevo, Marino Pusic, exasistente de Arne Slot, no ha despertado el mismo entusiasmo. Llega con la etiqueta de apuesta funcional, no de gran figura.

El movimiento de Jaissle sorprendió también al otro gigante de la ciudad, Al-Ittihad, que viene de una temporada complicada. Apenas un día antes de la salida del alemán, los Tigres habían seguido una ruta similar: contrataron a otro técnico germano de 38 años, carrera como defensa cortada por las lesiones y experiencia en RB Salzburg. Jens Wissing afronta un reto mayúsculo en un club al que la paciencia no le sobra.

Al-Qadsiah y el nacimiento de un “big five”

En esa pelea se cuela Al-Qadsiah. Respaldado por Aramco, el club se asoma a la nueva temporada con un objetivo claro para Brendan Rodgers: mejorar el cuarto puesto del curso pasado y romper una sequía de títulos que se remonta a 1984.

Si lo consigue, el mapa del poder en la Saudi Pro League quedará definitivamente redibujado. Ya no se habla solo de tres o cuatro gigantes. Hay un “big five” real, con recursos, presión y ambición suficientes para convertir cada jornada en un examen.

La incógnita es si, en medio de esa carrera por el poder, alguien se atreverá a dar un paso que va contra el instinto inmediato del gran fichaje: entregar más minutos y más responsabilidad a los jugadores locales. Porque, a largo plazo, eso puede valer más para el fútbol saudí que cualquier llegada de Salah o de otra estrella en la recta final de su carrera.

Ronaldo va a por los 1.000 goles. La liga, a por su verdadera identidad. ¿Quién llegará antes a su destino?