La salida de Marc Skinner y las prioridades de Jim Ratcliffe en Manchester United
La salida de Marc Skinner a Manchester United Women, a un mes del inicio de la temporada, no es solo un cambio de entrenador. Es un síntoma. Un mensaje claro de dónde, y en qué, quiere invertir de verdad Sir Jim Ratcliffe.
Angelina Kelly, corresponsal de fútbol femenino de talkSPORT, lo resumió sin rodeos: cuesta encontrar pruebas de que INEOS tenga un proyecto serio para el equipo femenino de Old Trafford. Y los hechos, más que las palabras, la respaldan.
Un ciclo que parecía de crecimiento… y acaba roto
La etapa de Skinner nunca fue tranquila. Turbulenta, sí. Fracasada, no. Con recursos muy inferiores a los de Arsenal, Chelsea o Manchester City, el técnico construyó un equipo competitivo y, en muchos tramos, notable.
Bajo su mando, United levantó su primer gran título: la FA Cup. Firmó posiciones de liga de cuarto, tercero, quinto, segundo, cuarto. Llevó al club por primera vez a la Champions League femenina. Para un proyecto que apenas renació en 2018, no es poca cosa.
La sensación de sobre rendimiento estaba ahí. Pero también el desgaste. Parte de la afición nunca conectó con su idea, criticó decisiones tácticas y la gestión de ciertos partidos. Cuatro finales domésticas, solo una ganada. Las otras tres, perdidas ante Chelsea por un global de 6-0. Golpes que pesan.
Aun así, la salida no se explica solo por resultados. Kelly la comparó con el caso de Eddie Howe: un entrenador respetado, valorado por exfutbolistas y colegas, que se topa con un techo que no depende de él. “Los que mandan no te respaldan”, vino a decir. Y Skinner, al mirar el futuro inmediato, vio un muro.
El problema de la temporada pasada fue evidente: falta de profundidad de plantilla y ausencia de grandes estrellas capaces de decidir en las grandes citas. Ese problema no solo no se ha resuelto; se ha agudizado. Se han vendido jugadoras, la plantilla es más corta, el margen de maniobra, menor. Para un entrenador con reputación que proteger, el cálculo es simple: si no te dan herramientas, te vas antes de que el proyecto se hunda contigo.
Ratcliffe, el dinero y un gesto que lo dice todo
La llegada de Ratcliffe al accionariado alimentó, en su día, la ilusión de un impulso global al club. En la sección femenina, la realidad ha sido otra.
El verano anterior a su desembarco, United Women sí dio señales de ambición. Se marcharon Alessia Russo y Ona Batlle libres, un golpe deportivo y simbólico, pero el club respondió con inversión: fichó a la brasileña Geyse por un récord interno y sumó a Melvine Malard, Hinata Miyazawa e Irene Guerrero.
Un año después, el discurso cambió. Ratcliffe recibió críticas por sus comentarios sobre el equipo femenino y quedó retratado en una visita al centro de entrenamiento, cuando preguntó a Katie Zelem cuál era su función en el club. Era la capitana. No saberlo no es un detalle menor. Es una declaración involuntaria de prioridades.
Peterborough United, su presidente, Darragh MacAnthony, lo verbalizó en antena: la gran máquina de ingresos de Manchester United es el equipo masculino. Nadie lo discute. Pero Kelly recordó algo que en el fútbol moderno ya entienden otros grandes propietarios: la rentabilidad inmediata no es el único parámetro.
Arsenal, Chelsea, Brighton, proyectos con secciones masculina y femenina potentes, están invirtiendo fuerte en sus equipos de mujeres sin obtener aún grandes beneficios directos. Lo asumen como una apuesta de futuro, de marca, de identidad. Tony Bloom, en Brighton, construye un estadio específicamente diseñado para el equipo femenino. No es un gesto barato. Es una hoja de ruta.
United, por su parte, apenas logró un ligero beneficio la temporada pasada, rozando el equilibrio. Y aun así, su respuesta con el femenino es recortar y refugiarse en la palabra de moda: sostenibilidad.
El nuevo plan: cantera, discurso y muchas dudas
El mercado de este verano ha sido un espejo incómodo. Mientras United se mueve poco y vende, sus rivales avanzan.
Lyon vio marcharse a la defensora Alice Sombath rumbo a Tottenham. London City Lionesses, un club que terminó sexto en la pasada campaña, dio un golpe de efecto fichando a Alexia Putellas, dos veces Balón de Oro. Un movimiento que, por sí solo, redefine ambiciones.
United, en cambio, traspasó a Malard a Chelsea por 850.000 libras y ha decidido abrazar una estrategia basada en jugadoras formadas en casa. El mensaje interno, según fuentes citadas por Kelly, es claro: el gasto actual en la academia femenina no se considera sostenible. La solución: apostar por el talento propio y un modelo que encaje con la supuesta identidad histórica del club de “desarrollar juventud”.
Sobre el papel suena coherente. En la práctica, Kelly lanza una pregunta incómoda: ¿no es esto simplemente hacer las cosas a bajo coste?
Porque para convencer a jóvenes talentos de quedarse o llegar, necesitas algo más que un eslogan. Necesitas estructura, estrellas, un equipo que compita. Ahora mismo, United Women se sostiene en un esqueleto brillante, pero corto: una portera de nivel, una capitana sobresaliente como Maya Le Tissier en el centro de la zaga, la figura de Ella Toone como gran estrella del club y el impacto de Jess Park, llegada desde Manchester City.
Más allá de ese eje, el vacío. No hay señales claras de que el club esté construyendo a su alrededor un proyecto capaz de pelear con los gigantes. Mientras tanto, London City Lionesses invierte en una doble Balón de Oro. La comparación duele.
¿Visión revolucionaria o simple desinterés?
Todo esto conduce a una encrucijada evidente. O Sir Jim Ratcliffe cree de verdad que ha encontrado una vía más inteligente que la de los dueños de Arsenal, Tony Bloom, Michelle Kang y otros inversores de referencia en el fútbol femenino, o, sencillamente, no quiere poner dinero en el proyecto.
No hay término medio creíble. O es convicción, o es desinterés. Si en la mente de Ratcliffe el equipo femenino no es “viable” ahora mismo, la tentación de dejarlo en un segundo plano es enorme.
Conviene recordar que el equipo sénior femenino del United solo se reactivó en 2018. Durante años, las jóvenes jugadoras formadas en el club se encontraban con un callejón sin salida. Llegaban al final del recorrido y la respuesta era un “hasta aquí hemos llegado”. Ni estructura, ni continuidad.
El caso de Ella Toone es paradigmático. De niña, con el escudo del United en el corazón, tuvo que irse a Blackburn y luego a Manchester City para seguir creciendo, porque la vía en Old Trafford simplemente no existía. Ahora, el club promete una ruta de desarrollo fluida y competitiva. Pero la experiencia invita al escepticismo.
Kelly lo plantea con crudeza: cuesta entender cuál es el plan real del United. ¿Cómo va a construir una cantera capaz de competir con Arsenal o Chelsea sin una inversión inicial fuerte, sin un equipo sénior que funcione como escaparate y aspiración?
La cifra que se maneja internamente para dar un salto serio ronda los 10 millones. Una cantidad que, comparada con el fútbol masculino, resulta casi irrisoria. Menos de lo que gana Mason Mount en un año. No se trata de elegir entre un jugador y un proyecto femenino, pero sí de contexto: lo que para la sección masculina es calderilla, para la femenina sería un cambio de escala.
Con esa inversión, United Women podría pelear de tú a tú con los grandes, atraer talento, consolidar una base de aficionados. Porque el fútbol actual ya no se sostiene solo en el escudo; muchas veces se sostiene en los nombres propios.
El riesgo de perder algo más que partidos
El ejemplo de Alessia Russo es clarísimo. Mientras vistió de rojo, arrastró seguidores hacia el United femenino. Se fue a Arsenal y muchos de esos aficionados cambiaron de camiseta sin pestañear. El vínculo, cada vez más, es con las jugadoras.
Si el club deja de fichar grandes nombres, si renuncia a “poner un poco de espectáculo”, como apunta Kelly, corre un riesgo doble: perder competitividad en el campo y diluir su base social. Porque con un puñado de buenas futbolistas y poco más, la paciencia de la grada tiene fecha de caducidad.
La salida de Skinner no es solo la marcha de un entrenador que se sintió abandonado por la cúpula. Es una advertencia. O Manchester United decide, de una vez, que su equipo femenino forma parte central de su proyecto deportivo, o verá cómo otros clubes, con menos historia pero más convicción, le adelantan sin mirar atrás.





