Ronan Curtis regresa a su mejor nivel en Plymouth Argyle
Ronan Curtis respira aliviado. Y Plymouth Argyle también. El extremo de 30 años asegura que la rodilla ya no manda, ya no condiciona, ya no duele.
“El knee está bien”, dijo a BBC South West.
Una frase sencilla, pero cargada de significado para un futbolista que jugó gran parte de la última temporada con un desgarro de menisco.
Curtis llegó a Plymouth Argyle en enero, traspasado de Port Vale, y cerró el curso pasado con dos goles en 23 partidos en todas las competiciones. No eran cifras deslumbrantes, pero sí el inicio de una apuesta a medio plazo. El problema estaba dentro de la articulación: una pequeña lesión que le obligó a convivir con el dolor.
Lo arrastraba desde la pretemporada anterior. Podía jugar, sí, pero a base de gestionar las molestias, apretar los dientes y tirar de analgésicos. “Alguna que otra vez se me hinchaba y estaba tomando demasiadas pastillas para poder llegar a los partidos”, admitió. La factura física iba creciendo.
El verano marcó el punto de inflexión. Operación, recuperación y cero concesiones. “Conseguí hacerme la cirugía este verano y ahora estoy de vuelta a mi mejor nivel físico”, explicó. Sin medias tintas, sin excusas. “Tengo plena fe en mí mismo para volver más fuerte, más en forma y mucho mejor”.
La respuesta en el césped ha sido inmediata. Curtis ha sido titular en los cinco partidos de League One que ha disputado Plymouth Argyle en este arranque de temporada. El equipo ha mezclado dos victorias con dos derrotas, un inicio irregular, pero con una constante: el irlandés está disponible, compite y aguanta.
Para un jugador de banda que vive de los cambios de ritmo, de los giros y de la agresividad en los duelos, la rodilla lo es casi todo. Curtis lo sabe mejor que nadie. Por eso insistió en pasar por el quirófano cuando tocaba, en verano, lejos del ruido de la competición.
Hoy, el mensaje es claro: “Estoy en forma y sano”. Plymouth Argyle mira la clasificación de League One, ve margen de crecimiento y encuentra en Curtis a un futbolista que ya no juega contra el rival y contra su propio cuerpo. Solo contra el rival. Y esa, para el club, puede ser la mejor noticia de este inicio de curso.






