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Rodri: el mediocentro que Barcelona y Real Madrid desean

Rodri se ha convertido en el epicentro del verano futbolístico. Campeón del mundo con España, capitán de La Roja, Golden Ball del torneo y ya consagrado como uno de los mejores mediocentros del planeta, el jugador de Manchester City entra en el último año de contrato y ha encendido la batalla entre Barcelona, Real Madrid y su propio club.

Treinta años, 13 títulos con el City, cuatro Premier League, el gol de la final de la Champions 2022-23 y un Balón de Oro al año siguiente. El currículum explica por sí solo por qué los dos gigantes de LaLiga han decidido lanzarse a por él justo cuando, por primera vez, su salida de Inglaterra parece realmente posible.

Barcelona: de sueño lejano a objetivo prioritario

En el Barça, Rodri siempre fue la respuesta ideal a una pregunta que llevaba años sin solución: ¿quién toma el relevo de Sergio Busquets? El problema era que la pregunta parecía retórica. El club asumía que el internacional español era inalcanzable.

Ese guion ha saltado por los aires en cuestión de semanas.

El plan inicial del verano no pasaba por Rodri. La plantilla ya contaba con Pedri, Gavi, Marc Bernal, Fermín López y Dani Olmo, y la prioridad no era precisamente un mediocentro. Todo cambió con la lesión de Frenkie de Jong, que obligó a mirar al mercado. Y, de pronto, la opción Rodri dejó de ser una quimera y empezó a verse como una operación posible.

Ahí se encendieron todas las luces en la Ciudad Deportiva. Hansi Flick y Deco entendieron rápido lo que supondría meter a Rodri en el corazón del equipo: estructura, jerarquía, experiencia de élite y un perfil que encaja como un guante en la idea del técnico alemán.

El punto de inflexión llegó cuando el Barça supo que el jugador, si regresaba a España, les daba prioridad por delante del Real Madrid. No es un matiz menor. Durante años se había dado por hecho que, si volvía a LaLiga, su destino natural sería el Bernabéu. La Copa del Mundo lo cambió todo.

Rodri levantó el trofeo con ocho jugadores del Barça a su alrededor, se sintió cómodo en un ecosistema muy reconocible, se vio reflejado en un estilo de juego cercano al que propone Flick y, además, escuchó de primera mano los consejos de una nutrida colonia de catalanes que han trabajado en el City en la última década. Poco a poco, su brújula empezó a apuntar hacia el Camp Nou.

Fuentes del club hablan ya de un acuerdo avanzado en los términos personales con el futbolista. No está firmado, pero la base está trazada. Falta lo más duro: convencer al City.

El primer intento ya fue rechazado. La negociación sigue abierta y en el Barça asumen que el paquete total puede llegar hasta los 70 millones de euros. No será una ganga, ni mucho menos, pero en los despachos culés crece la sensación de que el esfuerzo merece la pena.

La apuesta es clara: Rodri antes que un central. No significa que se descarte del todo un defensa, pero la prioridad deportiva pasa por blindar el mediocentro. Internamente están convencidos de que su llegada puede ser el salto definitivo para competir de verdad por la Champions, el gran debe desde 2015 pese a los dos últimos títulos de LaLiga.

La gran incógnita, si el fichaje se cierra, se llama Frenkie de Jong. ¿Dónde queda el neerlandés cuando vuelva de su lesión? Esa batalla táctica y jerárquica será el próximo debate en el vestuario azulgrana. Por ahora, la obsesión es otra: cerrar al hombre que puede ordenar la próxima década en el centro del campo.

Real Madrid: del desinterés al giro tardío… y al desencanto

En el Bernabéu, la historia con Rodri ha sido un viaje lleno de bandazos. Durante meses, el discurso interno fue tajante: no estaba en la agenda para este verano.

El argumento parecía sólido. Pese a ser el mejor del mundo en su puesto, con un año de contrato y nacido en Madrid, el club veía riesgos. Florentino Pérez, según fuentes del club, dudaba de su historial reciente de lesiones. José Mourinho, por su parte, prefería otro perfil de centrocampista y apostaba por reforzar desde dentro con la renovación de Aurélien Tchouaméni, una auténtica declaración de confianza en el francés.

Rodri no aparecía en la lista corta de objetivos para el medio. El plan era otro.

Hasta que llegó el Mundial. Su torneo con España fue tan dominante que barrió cualquier duda sobre su estado físico y su nivel competitivo. En los despachos del Real Madrid, José Ángel Sánchez y Juni Calafat empezaron a ver la operación con otros ojos. ESPN ya informó el mes pasado de que la puerta, que parecía cerrada, se había entreabierto.

El optimismo creció con el paso de las semanas. A finales de julio, algunas voces internas eran claramente positivas: Rodri quería volver a casa y el Madrid se veía con opciones reales. El gran obstáculo estaba en Manchester: City no tenía aún sustituto ni acuerdo por el traspaso.

El tiempo, sin embargo, jugó en contra del campeón de Europa. Mientras el club se entretenía con otras carpetas —negociaciones por Yan Diomande, renovación de Vinícius Júnior—, el caso Rodri se enfrió de puertas afuera. Dentro, la sensación era de calma: el jugador deseaba vestir de blanco, el resto sería cuestión de paciencia.

Hasta que sonó la alarma.

Una noche de miércoles, la información cayó como un jarro de agua fría: el Barcelona había entrado en escena. Y no de forma tímida. Algunas fuentes internas hablaban ya de un 50-50 entre ambos gigantes. Rodri estaba abierto a las dos opciones.

En solo 24 horas, el panorama empeoró. En el Madrid empezaron a asumir que se quedaban fuera de la carrera. El jugador, según distintas fuentes, no olvidaba las dudas iniciales del club sobre su físico, ni la falta de una apuesta total por su fichaje. En paralelo, Flick ya había llamado directamente al futbolista para explicarle su idea de juego y el rol que tendría en el Barça.

El contraste fue demoledor.

En Chamartín aún se valora un último intento, un esfuerzo final para no perder a un futbolista que encaja en casi todas las casillas del proyecto. Pero la sensación, hoy, es que llegan tarde. En el entorno de Rodri hay decepción con la falta de contundencia del Madrid en el momento clave.

Si no se produce un giro tan inesperado como los anteriores, Rodri ya no es una opción real para el campeón de Europa. El club deberá decidir ahora si reacciona en el mercado con otro nombre —todavía no hay un candidato claro— o si mantiene la apuesta por lo que tiene, con la posibilidad de que Mourinho utilice a Bernardo Silva como interior, acompañando a Tchouaméni o Federico Valverde.

Manchester City: entre el deseo de retenerle y la lógica del mercado

En Manchester, el discurso público es sencillo y contundente. Enzo Maresca lo ha repetido: Rodri es una pieza clave y el club quiere que renueve y se quede.

Entre bambalinas, la historia tiene más matices.

En el City saben desde hace tiempo que el jugador sueña con volver a España algún día. Esa previsión ya influyó en la decisión de fichar a Kalvin Phillips en 2022 para ir preparando un relevo que nunca llegó a funcionar. La idea estaba clara: cuando llegara el momento, el club no quería quedarse desnudo en el mediocentro.

Hay otro principio que pesa en el Etihad: no retener a quien quiere irse. La edad de Rodri, su reciente historial de lesiones y el hecho de que su contrato termine el próximo verano forman una combinación peligrosa. Si no renueva, podría marcharse gratis en doce meses.

Por eso, en los despachos ya manejan una cifra: si Barcelona o Real Madrid alcanzan o superan los 70 millones de euros, el City se sentará a negociar. No habrá rebajas ni ofertas de saldo. El campeón inglés necesita, además, tiempo y dinero para reconstruir una zona del campo que puede sufrir una sacudida profunda.

Las dudas sobre el futuro de Tijjani Reijnders y Nico González obligan a contemplar un escenario en el que Maresca pierda más de una pieza en el centro del campo. De momento, ha llegado Elliot Anderson desde Nottingham Forest y siguen las conversaciones con Lille por Ayyoub Bouaddi, una de las revelaciones del último Mundial con Marruecos. No basta. Si Rodri sale, el club tendrá que acelerar aún más.

En el Etihad, por ahora, reina una calma controlada. No ha llegado ninguna oferta que consideren aceptable. Mientras tanto, la dirección deportiva ya peina el mercado en busca de posibles sustitutos. Nadie lo dice en voz alta, pero crece la sensación de que el ciclo de Rodri en Manchester se acerca a su final.

La pelota, ahora, está en el tejado de Barcelona y, en menor medida, de un Real Madrid que se ha descolgado de la carrera. El City no piensa regalar a su faro, pero tampoco quiere empezar una nueva era tras Pep Guardiola dejando a Maresca sin el hombre que ha sostenido al equipo durante años.

Rodri, el mediocentro que ordena a todos, está a un paso de decidir dónde quiere mandar los próximos años: si seguir dictando el juego en Manchester o asumir el timón de un proyecto que le espera en España para construir a su alrededor.