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Real Madrid logra remontada en Roma mientras Vinicius enfrenta desafíos

Real Madrid salió del Stadio Olimpico con una remontada para guardar en la videoteca y una herida abierta en su gran estrella. De un 3-1 en contra a un 3-4 agónico, con un héroe adolescente y un capitán enfadado en el banquillo. Una noche de Champions con todos los ingredientes.

De la pérdida de Vinicius al golpe de Mourinho

El partido se le torció pronto a Vinicius. El brasileño, incómodo desde el inicio, firmó una de esas noches en las que nada sale. Su error más visible llegó en la acción que desembocó en el segundo gol de la Roma: pérdida en zona delicada, transición rápida y castigo inmediato. El Stadio Olimpico rugía, el marcador se ponía 3-1 y el gesto de José Mourinho en la banda se endurecía.

La respuesta del técnico no se hizo esperar. Justo antes de la hora de juego, el portugués tomó una decisión que pesará en el relato de la temporada: cambio doble, fuera Vinicius, dentro Endrick y Arda Guler. Un mensaje claro. Un riesgo enorme. Y una apuesta que cambió la noche.

Vinicius se marchó con el gesto torcido, sin disimular la rabia. Mourinho, con el cronómetro como enemigo, eligió el impacto inmediato por delante del estatus.

Endrick enciende la remontada

El efecto fue fulminante. Endrick entró como si llevara años resolviendo partidos grandes. En apenas siete minutos encendió la reacción blanca. Se movió entre líneas, atacó los espacios y encontró el gol que devolvió a la vida a los de Mourinho. El estadio se quedó en silencio; el banquillo visitante, no.

Carlos Espi, otro de los recursos de fondo de armario, se sumó a la rebelión. También él vio puerta, también él cambió el tono del encuentro. De la desesperación al asedio. De un Madrid plano a un equipo que olía la sangre.

La Roma reculó, el reloj corría y el área italiana se convirtió en un territorio blanco. El desenlace llegó en el minuto 90, con la firma de un especialista en noches calientes: Antonio Rüdiger. Cabezazo, remontada completada y tres puntos que saben a algo más que a una victoria europea.

El enfado de Vinicius y la defensa de Mourinho

Tras el pitido final, Vinicius no escondió nada. Admitió su mal partido, pero dejó clara su naturaleza competitiva: quiere jugarlo todo, incluso cuando las cosas no le salen. Reconoció que le duele ser sustituido, que le quema el banquillo, que su instinto le pide estar en el césped hasta el último segundo.

Aceptó, eso sí, que los cambios fueron decisivos y que Endrick alteró por completo el guion. Señaló al joven delantero como el mejor jugador de la segunda parte y destacó también el impacto de Carlos Espi, acostumbrado a entrar con pocos minutos y a responder siempre.

Mourinho, por su parte, salió al paso para proteger a su estrella. Admitió que “fue duro para Vini”, recordó que el brasileño perdió un balón que no debía perder, pero se incluyó en el paquete de los que se equivocan. Lamentó que el error llegara justo cuando veía al delantero “crecer y encontrar la felicidad de nuevo”.

El técnico dejó claro que no hay incendio interno. Habló de frustración lógica, de un jugador que no puede estar contento cuando le cambian, y remató con un matiz clave: después del partido, Vinicius celebró como uno más una remontada que mantiene alto el pulso competitivo del vestuario.

Pitos en el Bernabéu y rol de capitán

Lejos de Roma, otro frente preocupa a Vinicius: la relación con una parte de la afición del Santiago Bernabéu. El brasileño convive con los silbidos cada vez que el equipo no vuela. No los esquivó en su análisis. Aseguró que no le ayudan, pero reconoció que los aficionados pagan su entrada y tienen derecho a expresarse.

Pidió apoyo, no solo para él, sino para todo el frente ofensivo: se incluyó junto a Kylian Mbappé y Jude Bellingham, recordando que el equipo rinde mejor cuando el estadio empuja. Asumió también un papel de escudo: entiende que le silben más a él porque lleva más tiempo, porque es uno de los capitanes, y prefirió que los pitos caigan sobre su espalda antes que sobre los jóvenes.

En paralelo, lanzó un recordatorio a quienes dudan: 129 goles, 385 partidos y un puñado de títulos desde que aterrizó en Madrid siendo un adolescente. Un currículum que respalda su promesa de volver a su mejor versión.

Un Clásico sin Vinicius y la hora de los jóvenes

El golpe más duro para el brasileño, sin embargo, llegó lejos del césped del Stadio Olimpico. Horas antes del partido en Roma se confirmó una sanción de cuatro encuentros en LaLiga. Castigo inmediato y demoledor: se pierde el próximo Clásico ante el Barcelona y varios duelos clave en el campeonato doméstico.

Real Madrid afrontará ese tramo sin su referencia emocional y ofensiva. Sin su agitador de partidos grandes. Mourinho, obligado a reinventarse, mira ahora a los chicos que cambiaron la noche en Italia. Endrick y Arda Guler ya han demostrado que no se arrugan en Europa. Carlos Espi pide más minutos con cada aparición.

La remontada en Roma deja una certeza incómoda y a la vez ilusionante: el Madrid puede sobrevivir sin Vinicius durante unas semanas. La pregunta es otra. Cuando cumpla la sanción y vuelva al césped del Bernabéu, ¿cómo de ruidosa será la respuesta de un jugador que vive de jugar al límite?