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Rayo Vallecano y Girona empatan en un emocionante duelo

El Estadio de Vallecas amaneció con aroma europeo. Una semana después de sellar el billete para su primera final continental, el Rayo Vallecano salió al césped con la confianza por las nubes y la misión clara: aprovechar la inercia y empujar todavía más hacia el abismo a un Girona que se juega la vida.

El plan de Íñigo Pérez fue directo, sin rodeos. Equipo muy alto, ritmo feroz y balón a los pies de Fran Pérez siempre que se pudiera. El atacante, que no estará en la final de la UEFA Conference League ante Crystal Palace, decidió que su escenario era este. Desde el primer cuarto de hora se adueñó del foco: encaró, pidió la pelota, probó puerta. Su energía contagió a todo el frente de ataque.

Rayo mordía. Y lo hacía una y otra vez por el costado de un Fran Pérez desatado. Primero, un disparo ajustado que se marchó por centímetros. Después, un centro tenso que encontró la cabeza de Sergio Camello. El delantero se elevó bien, midió el remate… pero la pelota salió rozando el palo. Dos avisos serios en apenas media hora. Vallecas olía el gol.

Girona despierta y Gazzaniga sostiene el 0-0

El guion, hasta entonces, era de dominio claro franjirrojo. Pero el fútbol rara vez se pliega sin respuesta. Girona, agobiado por su situación en la tabla, necesitaba un respiro. Lo encontró en una acción aislada, casi a la contra, cuando Viktor Tsygankov apareció para silenciar por un segundo al estadio.

El ucraniano conectó un disparo seco desde la frontal pasada la media hora, obligando a Augusto Batalla a intervenir con seguridad. Primer aviso serio de los catalanes. Primer recordatorio de que, por muy cómodo que pareciera el partido, el margen de error era mínimo.

Rayo respondió justo antes del descanso. Minuto 45. Otra vez Camello, otra vez al límite. Esta vez no falló él, sino que se topó con un Paulo Gazzaniga enorme. El argentino voló para sacar con una mano un remate que llevaba destino de escuadra. Mano de portero grande, de portero que mantiene vivo a un equipo que se juega la categoría. Al descanso, el marcador seguía cerrado, pero el duelo estaba muy vivo.

El riesgo de Girona tras el descanso

Los números de Girona en los inicios de la segunda parte son una losa: 14 goles encajados en el primer cuarto de hora del segundo acto a lo largo de la temporada. Michel lo sabía. Y decidió atacar el problema… atacando.

El equipo adelantó líneas, se soltó, aceptó el intercambio. El mensaje era claro: si hay que salvarse, que sea mirando hacia adelante. El primer síntoma llegó en las botas de Tsygankov, que se encontró con una volea franca y la mandó a las nubes. Era una ocasión para, al menos, probar a Batalla. Se escapó sin castigo.

La sensación, sin embargo, empezaba a cambiar. Girona se atrevía, discutía la posesión, pisaba área con más frecuencia. Y el partido dio un giro brusco en el minuto 56. Centro raso de Álex Moreno, balón que rebota en Pathé Ciss y el colegiado Guillermo Cuadra Fernández señala el punto de penalti. Michel levanta los brazos, el banquillo visitante se agita, el Rayo protesta.

La tensión se disparó. El árbitro acudió al monitor a revisar la acción. Segundos eternos. Finalmente, marcha atrás. No hay penalti. Girona pasa de rozar el 0-1 a tener que recomponerse anímicamente. El enfado de Moreno lo decía todo: era una oportunidad de oro en un partido que no regalaba muchas.

El golpe de Alemao… y la respuesta de Stuani

El encuentro entró entonces en una fase espesa. Rayo perdió algo de filo, Girona dudó entre protegerse o ir con todo. El reloj corría, el punto no satisfacía del todo a nadie, pero el miedo a perder asomaba en cada decisión.

Hasta que Vallecas volvió a rugir. Minuto 76: Florian Lejeune se plantó ante un libre directo con la determinación de quien sabe que un balón parado puede decidir una temporada. Disparo duro, seco, al palo del portero. Gazzaniga reaccionó rápido y tapó el hueco con reflejos felinos. Otra parada clave para sostener a los suyos.

El portero, sin embargo, ya no pudo hacer milagros en el 86. Un disparo dentro del área, un bosque de piernas, y Alemao, más rápido que nadie, metió la bota para desviar la trayectoria y mandar el balón a la red. Gol de instinto puro. Gol que desató la euforia en Vallecas. Parecía el tanto que cerraba la noche y dejaba al Rayo a un paso de Europa vía liga.

Pero el partido guardaba un último giro. Y llevaba el nombre de Cristhian Stuani.

Apenas cuatro minutos después, cuando el Rayo todavía saboreaba la ventaja, llegó el centro de Tsygankov desde la derecha. Tenso, medido. Y allí, en el corazón del área, apareció Stuani, especialista en vivir al límite, para ganar el salto y cabecear al fondo de la portería. Empate fulminante. Estallido del banquillo visitante. Gol que vale media vida en la lucha por la permanencia.

Europa se complica para Rayo; la salvación, para Girona

El 1-1 deja un sabor agridulce en Vallecas. El Rayo tenía en la mano la opción de adelantar a Real Sociedad y meterse en zona de clasificación para la UEFA Europa League. El empate lo impide, aunque el gran as bajo la manga sigue intacto: si gana la final de la UEFA Conference League ante Crystal Palace, el desenlace de la liga pasará a un segundo plano.

Para Girona, el punto es un hilo de aire, pero no una salvación. Tres temporadas consecutivas en LaLiga y un futuro aún en vilo. El equipo de Michel se mantiene apenas dos puntos por encima del descenso con solo 180 minutos de competición por disputarse. Dos partidos para decidir si este proyecto sigue codeándose con la élite o vuelve a caer al vacío.

En una noche de nervios, volantazos y goles de suplentes, el premio individual quedó para Unai López, elegido jugador del partido por su mando en el centro del campo. El colectivo, en cambio, tendrá que esperar. Porque ni Rayo pudo asaltar Europa por la vía rápida, ni Girona logró la tranquilidad que tanto persigue. Y ahora, con tan poco margen, cada balón dividido puede valer una temporada entera.