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Rashford: ¿un lujo o una necesidad para el Manchester United?

Manchester United sigue decidido a vender a Marcus Rashford este verano. Ni el deseo de Michael Carrick de trabajar con él ni el fracaso a la hora de cerrar a sus objetivos prioritarios para la banda han cambiado el plan. La pregunta es sencilla, incómoda y ya flota en el ambiente de Old Trafford: ¿por qué?

La respuesta no está en el césped. Está en la calculadora.

El peso del salario y la obsesión por el balance

Rashford cobra en Old Trafford unas 325.000 libras semanales cuando entra en juego el bonus por Champions League, una cláusula habitual en los contratos del club. Su vínculo se extiende hasta 2028. Traducido: casi 34 millones de libras garantizadas en los próximos dos años para un jugador que estuvo 18 meses rindiendo muy por debajo de su nivel antes del choque con Ruben Amorim.

Desde una óptica empresarial, si uno de los activos más caros de la compañía lleva año y medio rindiendo por debajo de lo esperado, la decisión parece obvia: sacarlo de los libros contables.

INEOS, desde la entrada de Sir Jim Ratcliffe como copropietario en 2024, ha convertido la reducción de la masa salarial en una prioridad. El ejemplo de Casemiro fue el primer aviso: no hubo concesiones al clamor popular por “un año más” cuando eso suponía cerca de 350.000 libras a la semana. Se cerró la puerta sin temblar el pulso.

Con Rashford el razonamiento es similar. Primero cuando Amorim pidió su salida. Ahora, cuando Carrick abre la puerta a reintegrarlo en Carrington, la cúpula mantiene la misma línea: vender.

Y no porque el inglés sea una bomba en el vestuario, ni porque su entrenador lo considere un problema deportivo. De hecho, hasta Erik ten Hag, tan poco dado a los elogios gratuitos, lo definió como “imparable” apenas una semana después de haberlo castigado por llegar tarde.

La decisión nace en los despachos de M16, no en el banquillo. Es una operación de frío cálculo financiero. El tipo de obsesión por el balance que convirtió a Ratcliffe en uno de los hombres más ricos del Reino Unido, aunque el “chico local” resida ahora en Mónaco.

Hay un detalle clave: Rashford es canterano. Su venta computa como “beneficio puro” a efectos de PSR (Profitability and Sustainability Rules). Por eso, incluso aquella opción de compra de 26 millones de libras incluida en la cesión al FC Barcelona el verano pasado, que sonó a ganga y que el club catalán no ejecutó, habría supuesto un impulso enorme para las cuentas de United. Y lo mismo ocurrirá con cualquier oferta que acepten ahora.

El plan es simple: vender a un jugador amortizado al 100 %, generar plusvalía inmediata y usar ese dinero para traer a su sustituto.

Summerville, la alternativa… ¿más barata pero peor?

Ahí aparece la contraargumentación deportiva. United explora opciones para el costado izquierdo, aun sabiendo que los candidatos no alcanzan el techo futbolístico de Rashford.

Crysencio Summerville encaja perfectamente en ese perfil. La estrella de West Ham United es, según se entiende, el “objetivo número uno” para la banda este verano. El descenso del club del este de Londres en mayo alimentó la idea de un traspaso a precio de oportunidad.

Pero en el London Stadium no están dispuestos a regalar nada. Mantienen una valoración en torno a los 50 millones de libras, reforzada por el excelente Mundial del internacional neerlandés de 24 años.

Incluso con esa cifra, los números salen mejor que con Rashford. Por cómo se amortizan los fichajes, un traspaso de 50 millones repartido en un contrato de cinco años implica un impacto de 10 millones anuales en PSR.

Summerville estaría en torno a las 50.000 libras semanales en West Ham. Para dar el sí a United, quiere doblar esa cifra: 100.000 a la semana. A escala anual, el coste para el club la próxima temporada sería de unos 10 millones en amortización y 5,2 millones en salario. Algo más de 15 millones en total.

Rashford, solo en sueldo, se irá a unas 16,9 millones de libras en 2026/27.

Ahí se entiende la lógica de INEOS: dos años de Rashford suponen más de 30 millones solo en salario para un jugador que se marcharía libre, cerca de los 31 años. En el mismo periodo, Summerville estaría entrando en su madurez futbolística y, sobre el papel, podría revenderse con beneficio.

Los números sonríen al neerlandés. El balón, no tanto.

El debate incómodo: ¿es Rashford un lujo o una necesidad?

Incluso los críticos más duros con Rashford se verían en apuros para sostener, mirándole a la cara, que Summerville es mejor futbolista. Las cifras acompañan esa sensación.

El extremo de Rotterdam suma 10 goles y 8 asistencias en cuatro temporadas de Premier League, repartidas en 84 apariciones. Rashford firmó más asistencias solo en su primera campaña en LaLiga con Barcelona, y eso que muchas veces partió desde el banquillo.

En el Camp Nou, pese a no activar la opción de compra, quedaron con ganas de más. Barcelona no quiso pagar un traspaso, pero sí se interesó en una nueva cesión. En otras palabras: el club catalán consideraba que su rendimiento justificaba el salario, no el coste de ficharlo en propiedad.

Si un aspirante habitual a la Champions ve rentable pagarle ese sueldo, ¿por qué no lo sería para United en un rol similar?

El giro de guion se acentúa con otro dato: United ni siquiera lidera la carrera por Summerville. Según The Athletic, AS Roma mantiene negociaciones avanzadas con West Ham tras recibir el visto bueno del jugador para mudarse a la capital italiana.

Objetivos que se escapan y un entrenador en medio

Al inicio de la planificación veraniega, los nombres que ilusionaban en la banda izquierda eran otros: Yan Diomande, de RB Leipzig, y Morgan Rogers, pieza clave en Aston Villa. Dos perfiles que, internamente, se consideraban un salto claro respecto a Rashford.

El problema fue el de siempre: el precio. En cuanto quedó claro que el coste de cualquiera de los dos se escapaba del presupuesto —con la prioridad puesta en una remodelación profunda del centro del campo—, United giró hacia Summerville, un objetivo más asumible en teoría.

Y ahí reaparece la duda de fondo. Si el plan B es fichar a un jugador objetivamente inferior al que ya tienes, ¿no merece la pena pagar el peaje salarial de Rashford, al menos mientras se reordena la plantilla?

Carrick parece tener clara la respuesta. Él sí ve margen para recuperar al Rashford determinante, al canterano de Wythenshawe que tiraba del equipo en las noches grandes. Sus jefes, en cambio, miran el Excel y piensan en otra cosa.

El choque es evidente: fútbol contra negocio. El césped contra el balance. United se enfrenta a una decisión que marcará su proyecto: vender a uno de sus símbolos para cuadrar las cuentas… o asumir el coste de mantener un talento irregular, pero todavía diferencial, mientras busca un relevo que lo mejore de verdad.

Si la balanza vuelve a caer del lado de la hoja de cálculo, Carrick tendrá motivos de sobra para sentirse traicionado. Y la grada, una razón más para preguntarse qué pesa hoy más en Old Trafford: la camiseta o el balance anual.