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Pedri y su rol en el Mundial: ¿el genio que falta?

En la hoja de ruta hacia otro título mundial, el plan era claro: un centro del campo con Rodri y Pedri como columna vertebral debía convertir a España en la selección más completa del torneo, dueña de Europa hace dos años y aspirante a reinar ahora en Norteamérica. Rodri ha cumplido. Ha vuelto a su nivel de Balón de Oro. Pedri, en cambio, se ha convertido en tema nacional de debate.

El canario arrancó el Mundial con números que, fríos, impresionan: cinco ocasiones creadas ante Cabo Verde en el decepcionante empate sin goles del debut, más que cualquier otro futbolista sobre el césped. Pero el listón con Pedri ya no se mide solo en datos. Se le exige que cambie partidos, que los ilumine. Y como España no ganó, el foco se giró hacia él.

Con el paso de los días, el contexto ha matizado aquel tropiezo. Los resultados de Cabo Verde han rebajado el dramatismo de aquel 0-0. Lo que no ha disminuido es la sensación de que a Pedri le falta algo: gol, asistencia, una acción definitiva que rompa el guion. El juicio se ha vuelto más duro conforme ha avanzado el torneo.

Mientras tanto, en el otro lado del clásico, la comparación ha prendido fuego a las tertulias. Jude Bellingham y Pedri son futbolistas distintos, ocupan alturas diferentes en el campo, pero el contraste es demasiado jugoso para ignorarlo. El inglés encadena actuaciones decisivas con Real Madrid como bandera, goles y asistencias en un escaparate global. El cerebro de Barcelona, en cambio, no logra dejar la misma huella con la camiseta de España. Y la hinchada blanca disfruta subrayándolo una y otra vez.

Simplista, sí. Reductivo, también. Pero el fútbol moderno se rinde al veredicto más crudo: o decides partidos, o pasas a un segundo plano. Bellingham marca y asiste. Pedri, de momento, ni una cosa ni la otra.

Por eso sorprendió tanto el golpe de timón de Luis de la Fuente. Después de cinco titularidades consecutivas en este Mundial 2026 —nueve seguidas si se suma Qatar—, el seleccionador sentó a Pedri. Un gesto fuerte con un futbolista al que ha defendido siempre. De la Fuente lo explicó sin rodeos: la competencia es brutal, sobre todo en la sala de máquinas.

Ahí aparece otro nombre propio: Mikel Merino. El técnico recordó que el centrocampista tenía incluso más motivos para quejarse tras quedarse otra vez en el banquillo pese a haber firmado el gol agónico ante Portugal en la ronda anterior. No lo hizo. No protestó. Volvió a salir desde el banquillo y repitió la historia frente a Bélgica, esta vez para cerrar el 2-1.

“Es injusto que Mikel no juegue de inicio, pero también sería injusto que otro se quedara fuera”, razonó De la Fuente ante la prensa. “Solo pueden jugar 11, y ellos lo entienden. Cuando salen, saben lo que tienen que hacer; por eso es un placer dirigirlos. Lo que importa es el equipo. Da igual quién empiece. Todos son importantes, incluso los que no han jugado”.

En ese ecosistema, no hay rastro de un Pedri hundido o rebelde. Al contrario. Unai Simón desveló tras el triunfo ante Bélgica que el canario ha aceptado el nuevo rol con madurez. “Se lo ha tomado bien. Todos queremos jugar, pero al final no hay sitio para todos. ¿Cómo deben sentirse David (Raya) y Joan (Garcia) sabiendo que son porteros de nivel mundial? Todos quieren jugar, pero todos quieren ganar el Mundial. Cuando te toca aceptar ese papel, lo haces”.

La cuestión es qué papel le espera ahora frente a Francia. Su entrada ante Bélgica no ayudó a cambiar la narrativa. Tuvo en sus botas una contra para matar el partido y la desperdició con un pase impropio de su precisión habitual. Al mismo tiempo, Fabian Ruiz se ha ganado argumentos para seguir en el once: marcó el primer gol en Los Ángeles y, como recordó Simón, llega con el aval de “un talento inmenso” y de haber “ganado dos Champions seguidas” con Paris Saint-Germain.

El dilema se hace más interesante porque Pedri, en plenitud, es un espectáculo. Pocos recuperan tanto y tan arriba. Pocos limpian la pelota con tanta finura. Pero este Mundial no ha visto todavía a ese Pedri que domina los partidos como si fueran suyos. De la Fuente tiene su propia teoría: no existe un único Pedri, sino dos. El de España y el de Barcelona.

“Pedri es un jugador de clase, uno de los mejores del mundo, si no el mejor”, ha dicho el seleccionador. “Pero Fabian también es uno de los mejores, si no el mejor”.

Y ahí entra el matiz clave. “Pedri no puede jugar como lo hace en el Barça, porque nosotros jugamos diferente. Tenemos similitudes, pero no es lo mismo. No tenemos los mismos jugadores. Tenemos a Rodri, así que su pareja en el medio es distinta. Para mí, Pedri puede jugar de 6, de 8 o de 10, pero tenemos que tomar decisiones muy elaboradas, muy analizadas, muy adaptadas al rival”.

La gran incógnita es quién encaja mejor de inicio ante Francia. Existe la opción de juntar a Rodri, Fabian y Pedri, como en el estreno frente a Cabo Verde. El centro del campo es, seguramente, la única zona en la que España se siente superior al equipo de Didier Deschamps. Con tres centrocampistas de ese nivel técnico, La Roja podría acaparar la pelota y protegerse con ella, la mejor —quizá la única— manera de rebajar el impacto del devastador frente ofensivo francés.

Pero cada elección tiene un peaje. Si entran Pedri y Fabian, alguien tiene que salir. Y el candidato natural sería Dani Olmo, que se ha adueñado del rol de mediapunta en las eliminatorias. No siempre acierta en la jugada final, pero su movilidad entre líneas ha dado oxígeno y desequilibrio a España.

De la Fuente, no obstante, siempre ha imaginado a Pedri cerca del área rival. “Un talento especial” al que prefiere “cerca de la portería contraria”, donde sus amagos, paredes y toques de primera pueden destrozar defensas. También ha subrayado algo que no se ve en los resúmenes: “siempre marca un tono muy bueno, esté o no en su mejor momento”.

Todo apunta a un plan ya ensayado: Fabian como martillo inicial, Pedri como bisturí final. El seleccionador dejó caer tras el duelo ante Bélgica que el canario podría “beneficiarse del trabajo de Fabian”. Primero desgaste, luego creatividad. Trabajo de equipo en estado puro.

Esa es, en realidad, la gran fuerza de esta España: una plantilla que ha aceptado la rotación como parte del éxito, sin egos desbocados ni dramas de vestuario. Que se debata la presencia de Pedri en el once puede sonar extraño, casi sacrílego, pero también habla del nivel de recursos que maneja De la Fuente.

El propio técnico lo resumió mirando ya a Francia: “Ellos han mostrado un potencial extraordinario, excepcional, pero nosotros también. El partido está muy abierto. Exigirá jugadores frescos, con energía, y que seamos la mejor versión de nosotros mismos”.

La duda es si dentro de esa mejor versión de España aparecerá, por fin, la versión Barcelona de Pedri. O si el Mundial quedará como el torneo en el que el genio se quedó a medio camino.