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Ousmane Dembélé, rey de la Ligue 1 por segunda vez

Ousmane Dembélé ya no vive a la sombra de nadie. El atacante de Paris Saint-Germain ha sido elegido Jugador del Año de la Ligue 1 por segunda temporada consecutiva y se instala, sin discusión, en el trono del fútbol francés. Con 28 años, el internacional francés lidera a un PSG reinventado tácticamente, a un paso de su 14º título de liga y con una final de Champions League ante Arsenal asomando en el horizonte.

El premio llega en un contexto muy distinto al del curso anterior. Esta vez no ha sido la temporada del futbolista indestructible, sino la del jugador que se niega a rendirse.

Un premio contra el cuerpo

Dembélé ha jugado esta Ligue 1 contra el cronómetro… y contra su propio físico. Las lesiones le han perseguido durante toda la campaña, hasta el punto de dejarle solo nueve titularidades en el campeonato doméstico. Apenas 960 minutos, un contraste brutal con los 1.736 del curso pasado.

Y, aun así, ha sido determinante.

En ese tiempo reducido, el extremo ha firmado 10 goles y 6 asistencias. Números de especialista letal, comprimidos en un volumen de juego muy inferior. Pero las estadísticas solo cuentan una parte. Su mera presencia en la banda derecha altera partidos: obliga a bascular defensas, abre líneas de pase, estira bloques que parecían compactos. Cada vez que recibe, algo se desordena en el rival. Y ahí vive este PSG de Luis Enrique.

Un club de élite muy pequeño

Conservar el trofeo UNFP en años consecutivos le coloca en una lista diminuta, casi de culto. Dembélé se convierte en apenas el quinto jugador en la historia del fútbol francés que encadena dos premios seguidos a mejor jugador de la Ligue 1.

Antes del dominio de Kylian Mbappé, el último en lograrlo había sido Zlatan Ibrahimovic en 2014. Después llegó el reinado absoluto de Mbappé: cinco galardones consecutivos antes de su marcha a Real Madrid. Ahora, el foco se desplaza. El heredero ya no es promesa, es referencia.

El brillo individual no se queda solo en él. Su compañero Désiré Doué ha sido elegido mejor joven de la temporada, un síntoma de que el talento en París no se agota en una sola figura.

En la ceremonia, Dembélé no cambió el guion que le acompaña desde siempre: humildad, discurso coral, cero protagonismo impostado. Señaló al cuerpo técnico, a la estructura táctica, al trabajo del grupo. El mensaje es claro: en este PSG, la estrella es el sistema.

Luis Enrique cambia el mapa

Detrás de los premios individuales hay una revolución silenciosa. Luis Enrique ha desmontado el viejo PSG de constelaciones dispersas para construir un equipo reconocible, con idea y con hábitos. Posesión exigente, presión alta, todos conectados. Menos póster y más pizarra.

Ese andamiaje ha permitido sobrevivir a las ausencias de hombres clave sin derrumbar el proyecto. El técnico español ha blindado al equipo desde la estructura, y eso ha dado margen para que futbolistas como Dembélé brillen cuando están disponibles, sin que el colectivo se venga abajo cuando no lo están.

El trabajo del entrenador ha sido ampliamente reconocido, aunque el premio a mejor técnico terminó en manos de Pierre Sage, arquitecto de un Lens que se ha erigido en el único perseguidor real del campeón. El campeonato, en realidad, quedó prácticamente sentenciado con un 1-0 ante Brest que dejó al PSG seis puntos arriba y con una diferencia de goles inalcanzable. Más que un golpe de autoridad, un sello definitivo sobre la Ligue 1.

El examen que lo cambia todo

En París lo saben: la vara de medir ya no es la liga. La Ligue 1 confirma la hegemonía; la Champions League define la historia. Esta temporada, el equipo ha superado una prueba de fuego: un 6-5 global ante Bayern München en semifinales, una eliminatoria que antes habría devorado mentalmente al club y que ahora se ha convertido en confirmación de carácter.

El próximo capítulo será en Londres, frente a Arsenal, en una final que puede marcar una era. Para Dembélé, el escenario es perfecto: gran ciudad, gran rival, gran noche. Su estado físico será una de las grandes incógnitas del partido, pero si llega en condiciones, su capacidad para romper planes y guiones puede decidir el título europeo.

Los analistas coinciden en algo que durante años pareció ciencia ficción en la capital francesa: este PSG muestra una resiliencia mental desconocida, una flexibilidad táctica que le permite adaptarse a lesiones, contextos hostiles y rivales de máximo nivel sin perder identidad.

El desenlace de la temporada ya no se lee solo como el cierre del año de Dembélé. Puede redefinir el peso del fútbol francés en el mapa mundial. Si el hombre que vivió a la sombra de Mbappé termina levantando la Champions como gran protagonista, la pregunta dejará de ser qué fue del PSG de las estrellas… y pasará a ser cuánto tiempo durará el PSG de Dembélé.