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Orlando Pirates: El Plan de Ouaddou para el Futuro

En Orlando Pirates no se habla solo de fichajes. Se habla de historias. De trayectorias que arrancan en un campo de tierra de un pueblo perdido y terminan, años después, bajo los focos de un Mundial. Abdeslam Ouaddou lo entiende así y lo defiende con una convicción que va más allá del discurso de presentación de un nuevo técnico.

El entrenador marroquí, que tomó las riendas de los Buccaneers, no tardó en explicar qué hace distinto al gigante de Soweto. Para él, el club es algo más que un equipo que compite en la Betway Premiership. Es una plataforma social. Un puente entre la aldea y el escenario global.

“Este es el relato de Pirates”, viene a decir. El de Relebohile Mofokeng. El de Mbekezeli Mbokazi. El de los que ya han pisado un Mundial y juegan a un nivel que parecía inalcanzable cuando apenas eran niños con botas gastadas. Y, si todo sigue el guion que imagina el técnico, también será el relato de Neo Rapoo.

Rapoo, el siguiente capítulo

Rapoo no llega con el ruido de una estrella consagrada. Llega con hambre. Lateral izquierdo, procedente de Siwelele FC y formado en las estructuras de desarrollo de SuperSport United, se ha ganado su espacio a base de sudor en una pretemporada exigente, casi espartana.

No aterriza en un vacío. Su competencia tiene nombres propios: Deon Hotto, Nkosikhona Ndaba. Dos referencias en la banda, dos barreras altas para cualquiera que aspire a un puesto en el once. Pero el joven lateral no se ha encogido. Ha mostrado, en palabras de su entrenador, justo lo que exige un sistema táctico que no perdona la falta de energía ni de carácter.

Para Ouaddou, Rapoo encaja en la esencia del club: “es parte del proceso, como los otros jugadores jóvenes”. El marroquí insiste en una idea que repite casi como un mantra: Pirates es una familia. Lo sintió desde el primer día, desde la directiva hasta el último empleado. Un entorno donde, según él, se cuida al que llega y se le empuja hacia el éxito, sea quien sea.

Un vestuario que no teme al futuro

Ahí entra en juego otro elemento clave: los veteranos. En muchos equipos, la irrupción de un joven talentoso genera recelos, miradas de reojo, silencios fríos en el vestuario. Ouaddou, con 17 años de carrera a sus espaldas en Europa y África, sabe de lo que habla cuando describe ese ambiente.

En Pirates, asegura, la dinámica es distinta. Los líderes del grupo tienen “legado” y, sobre todo, honestidad. Luchan por mantener su lugar en el once, como debe ser en la élite, pero no levantan muros a los que vienen detrás. Al contrario: los reciben, los acompañan, los ayudan a asentarse.

Esa convivencia entre competencia feroz y generosidad interna es, para el técnico, una de las razones de la estabilidad deportiva del club. Un equilibrio delicado: pelean por su sitio y, al mismo tiempo, preparan a los que un día podrían arrebatárselo.

En ese contexto, nombres como Rapoo y Ndaba no son simples alternativas de rotación. Son, en la mirada de Ouaddou, “los próximos internacionales”. El siguiente escalón natural en una estructura que ya ha demostrado que sabe llevar a sus jugadores desde Soweto hasta el escenario mundial.

Laterales del siglo XXI

El modelo de juego de Ouaddou no admite laterales tímidos. Los quiere altos, valientes, capaces de repetir esfuerzos una y otra vez. Defensores que, en realidad, viven gran parte del partido en campo rival.

Rapoo y Ndaba encajan en ese molde. Han mostrado, según su entrenador, la capacidad de combinar en el último tercio, de asociarse cerca del área, de dar profundidad y producir. No se trata solo de cerrar su banda; se trata de abrir partidos.

En un calendario donde Pirates aspira a competir en cuatro frentes, la exigencia física será brutal. La rotación dejará de ser un recurso para convertirse en una obligación. Ahí, la energía de estos laterales puede marcar la diferencia en noches donde las piernas pesan y el plan de juego necesita precisión en cada subida por la banda.

Ouaddou desmenuza el perfil de su nuevo lateral con detalle: capacidad para repetir esfuerzos, presencia constante en campo contrario, llegada para rematar, centros de calidad. Y un rasgo extra que puede resultar decisivo en partidos cerrados: la eficiencia en las jugadas a balón parado.

En un fútbol donde una falta lateral o un córner pueden decidir un título, tener a un especialista silencioso como Rapoo no es un lujo. Es una ventaja competitiva.

El técnico lo resume con una convicción que no suena a cumplido de presentación: Rapoo aportará sus competencias a un grupo que afronta “muchos partidos”, está seguro de que tendrá éxito y, por encima de todo, destaca algo que en Pirates parece tener tanto peso como el talento: es un “top man”, un profesional absoluto.

En un club que ha hecho de las historias de ascenso social su marca registrada, la pregunta ya no es si Neo Rapoo encaja en Orlando Pirates. La cuestión es cuánto tardará en escribir su propio capítulo en la leyenda de Soweto.