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Noni Madueke: De error a estrella en el Mundial

Hace menos de un año, el nombre de Noni Madueke encendía las redes por las razones equivocadas. Hoy, ilumina un Mundial.

El verano pasado, el extremo cambió Stamford Bridge por el Emirates: de Chelsea a Arsenal por unos 50 millones de libras. El traspaso desató una tormenta. Peticiones de aficionados, hashtag #NoToMadueke, rechazo abierto a una operación que muchos consideraban innecesaria, incluso equivocada.

Doce meses después, el mismo jugador es campeón de la Premier League con el Arsenal de Mikel Arteta y titular con la selección de Thomas Tuchel en un Mundial. El fútbol no tiene memoria; tiene resultados.

De la etiqueta de error al escaparate del mundo

Contra Croacia, en el debut mundialista de Inglaterra, Madueke no solo apareció en el once. Se adueñó del foco. Fue uno de los mejores en el 4-2 y provocó el penalti que Harry Kane transformó para adelantar a los Three Lions. Un detalle, pero muy revelador: cuatro de los balones que recibió Kane llegaron desde las botas de Madueke. Nadie le surtió más… salvo Jordan Pickford.

Tuchel no lo ha escondido. Desde que tomó las riendas de la selección, ha señalado al extremo como un “difference-maker”, un futbolista capaz de romper partidos con su uno contra uno. Y el alemán ha construido un plan muy concreto: un equipo que imite la dureza física de la Premier League, con corredores potentes alrededor de su capitán y máximo goleador histórico.

Kane baja, combina, distribuye. Los extremos corren al espacio, atacan la espalda, abren huecos. Contra Croacia, en la derecha, ese papel tuvo nombre y apellido: Noni Madueke. En la izquierda, Anthony Gordon. Entre ambos estiraron el campo, desgastaron laterales y centrales, y ofrecieron exactamente lo que Tuchel había imaginado.

Madueke terminó con cinco toques en el área rival, completó el único regate que intentó y forzó el penalti que encarriló la victoria. Números discretos sobre el papel, impacto enorme en el desarrollo del partido.

Un duelo fraternal: club y selección

La historia se vuelve aún más interesante cuando entra en escena Bukayo Saka. Compañero de Madueke en el Arsenal, ídolo del club, referencia de la selección. Y, al mismo tiempo, rival directo por un puesto.

Saka era el favorito para ocupar la banda derecha de Inglaterra en este Mundial. Lo había sido todo el ciclo. Pero arrastra un problema en el tendón de Aquiles desde marzo y Tuchel ha decidido dosificarlo. Ante Croacia, Saka alcanzó las 50 internacionalidades saliendo desde el banquillo. Madueke fue el titular.

El propio Saka lo definió como una situación “única”. Compiten por minutos en el Arsenal. Compiten por minutos en Inglaterra. Y, sin embargo, fuera del césped se llaman “hermano”. No es una figura retórica: así se refiere Saka a Madueke.

Arteta ya encontró la manera de juntar a ambos sin que el equipo perdiera equilibrio. En la temporada del título, el técnico los encajó moviendo piezas: Madueke, muchas veces, desde la izquierda; Saka, en varios tramos, actuando como mediapunta, en ese rol de número 10 que le permite recibir entre líneas y girar hacia portería. El resultado es conocido: el Arsenal levantó su primera liga en 22 años.

Madueke cerró el curso con 43 partidos, ocho goles y cuatro asistencias en todas las competiciones. No son cifras de superestrella, pero sí de jugador importante en una plantilla campeona. Lo más llamativo: solo 16 titularidades en Premier League. La competencia con Saka y una lesión de rodilla limitaron su presencia de inicio. Aun así, cuando el escenario ardió, respondió.

En la final de la Champions League, perdida en los penaltis ante Paris-Saint Germain, Madueke salió desde el banquillo en lugar de Saka y encendió al Arsenal. No alcanzó para la copa, sí para dejar claro que no es un mero complemento.

El molde Tuchel y el nuevo examen

Tuchel ha trasladado esa lectura a la selección. Su Inglaterra no es un laboratorio táctico rebuscado; es un equipo directo, intenso, pensado para dominar el ritmo físico del torneo. Ha elegido un grupo de futbolistas robustos, veloces, capaces de repetir esfuerzos y castigar a defensas cansadas.

En ese contexto, Madueke encaja como si siempre hubiera estado ahí. Puede arrancar por fuera, puede meterse por dentro, entiende cuándo atacar la espalda y cuándo fijar al lateral para que otro aproveche el espacio. Y, lo más importante, no se esconde cuando el balón quema.

El calendario le abre ahora otra puerta. Con Saka aún en proceso de recuperación y sin previsión de ser titular hasta el último partido de la fase de grupos, ante Panamá en New Jersey el sábado por la noche, Madueke apunta a repetir en el once el martes frente a Ghana. Otro escaparate, otro examen, otra oportunidad de reforzar un mensaje claro: no está aquí para ser el suplente de nadie.

Si Inglaterra avanza a las rondas finales, Tuchel tendrá un dilema de lujo. ¿Mantener a un Madueke en plena confianza o devolver el sitio a un Saka que, cuando está sano, es uno de los mejores del mundo en su posición? Arteta ya demostró que hay fórmulas para convivir con ambos sobre el césped.

La pregunta ahora es distinta: en el escenario más grande, con el mundo mirando, ¿se atreverá Tuchel a seguir el mismo camino?