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Nigeria afila las garras: Madugu confía en la vieja guardia para la WAFCON

La campeona de África no se toca. Justine Madugu lo ha dejado claro con su lista para la próxima Women's Africa Cup of Nations: la columna vertebral que levantó el décimo título continental seguirá al mando. Rasheedat Ajibade, Chiamaka Nnadozie y Asisat Oshoala encabezan una convocatoria de 25 jugadoras que viaja a Marruecos con dos misiones muy concretas: defender la corona y asegurar el billete al próximo Mundial.

Nigeria aterrizará en el torneo con la presión que da la historia. Nadie ha ganado tanto en el continente. Nadie ha sido tan constante en el mundo: es la única selección africana que ha estado en todas las ediciones de la Copa Mundial Femenina de la FIFA desde 1991, una racha que solo comparten otros seis países. Para mantenerla viva, el objetivo mínimo está marcado: alcanzar las semifinales en Marruecos, lo que garantizaría la clasificación directa para 2027, que se disputará en Brasil.

Madugu no se esconde. Primero, Mundial. Después, el trono africano. El técnico ha dejado claro que la prioridad inmediata es asegurar la presencia en la próxima cita global antes de pensar en la defensa del título. El mensaje interno es simple: el estatus de Nigeria no se negocia.

Una baja que pesa: Plumptre se queda fuera

En medio de tanta continuidad, hay una ausencia que duele. Ashleigh Plumptre, referencia en la zaga y una de las voces de experiencia del vestuario, no llegará a tiempo. Una lesión sufrida en marzo la deja fuera de la lista definitiva. La defensora lo explicó en redes sociales: el cuerpo pide más tiempo y ella ha decidido escuchar.

Su mensaje ha tenido tono de despedida temporal, pero también de arenga. Plumptre ha pedido a la afición que proteja a este grupo, que las acompañe en el intento de repetir hazaña. Ella no estará en el césped, pero se mantiene alineada con las Super Falcons desde la distancia. Es una baja sensible, tanto en lo futbolístico como en lo emocional, para un equipo acostumbrado a mirarla cuando el partido se enreda.

Veteranía, carácter y una nueva ola

Pese a la ausencia de Plumptre, la lista de Madugu rebosa oficio. Ajibade vuelve como capitana y líder anímica; Nnadozie, considerada por muchos la mejor guardameta del continente, mantiene su sitio bajo palos; Oshoala encarna el instinto asesino en el último tercio. A su alrededor, un núcleo duro que conoce de memoria el camino al título: Osinachi Ohale, Michelle Alozie, Christy Ucheibe, Halimatu Ayinde… nombres asociados a noches grandes, partidos tensos y finales resueltas al límite.

Ese bloque fue el que doblegó a la anfitriona Marruecos en la final del año pasado, un 3-2 que consolidó el décimo título y alimentó la leyenda de Nigeria en la WAFCON. Ahora, el reto sube un peldaño: convertirse en la primera campeona capaz de defender el trofeo en el nuevo formato de 16 selecciones.

Pero el equipo no vive solo del pasado. La convocatoria también refleja un relevo generacional que ya no es promesa, sino realidad. En la medular, Jennifer Echegini y Deborah Abiodun piden más peso, más balón, más responsabilidad. En ataque, Gift Monday, Esther Okoronkwo y Omorinsola Babajide representan la energía de una generación que empuja fuerte y que deberá responder cuando las veteranas necesiten aire.

El equilibrio entre experiencia y hambre nueva será una de las claves del torneo para Nigeria. Madugu ha optado por un grupo que mezcla jerarquía y frescura, sin romper la estructura que ha sostenido la década más dominante del fútbol femenino africano.

Un vestuario global con un ancla en casa

La lista vuelve a subrayar el carácter global de las Super Falcons. De las 25 convocadas, solo una juega en la liga local: la guardameta Fatima Oloko, de Abia Angels. El resto llega desde clubes repartidos por Europa, Norteamérica, Asia y Oriente Medio.

En la portería, Nnadozie (Brighton Hove & Albion), Comfort Erhabor (Portsmouth Ladies) y la propia Oloko forman el trío elegido. En defensa, nombres asentados como Ohale (Pachuca Tuzas), Alozie (Chicago Stars), Shukurat Oladipo (AS Roma), Rofiat Imuran (London City Lionesses), Glory Ogbonna (FC Kiryat Gat), Oluwatosin Demehin (Galatasaray Sportive), Sikiratu Isah (Bnot Netanya) y Ucheibe (SL Benfica) completan una línea que deberá reorganizarse sin Plumptre, pero que mantiene centímetros, agresividad y experiencia internacional.

En el centro del campo, Ajibade (Paris Saint Germain) aparece listada como mediocampista, reflejo de su versatilidad y de la libertad que suele tener en el sistema de Madugu. La acompañan Ayinde (BK Hacken), Abiodun (Washington Spirit), Toni Payne (Everton Ladies) y Echegini (Paris Saint Germain), un grupo capaz de combinar despliegue físico, lectura táctica y llegada desde segunda línea.

Es un vestuario acostumbrado a cambiar de idioma, clima y estilo de juego cada semana en sus clubes, pero que se reconoce rápidamente cuando viste de verde. Esa mezcla cosmopolita es parte del sello de identidad de Nigeria: jugadoras forjadas en distintas ligas que, cuando se juntan, suelen imponer un ritmo que pocas selecciones africanas pueden sostener.

Grupo C: trampa, oportunidad y obligación

El sorteo ha colocado a Nigeria en el Grupo C junto a Egipto, Zambia y la debutante Malawi. A primera vista, un cuadro asumible para una campeona defensora. En la práctica, un grupo lleno de matices. Egipto siempre compite con disciplina táctica, Zambia ha crecido de forma notable en los últimos años y Malawi llega sin pasado en el torneo, pero con la libertad de quien no tiene nada que perder.

Las tres jornadas se disputarán en Rabat, un escenario que Nigeria ya conoce y donde sabe que cada detalle cuenta. En un torneo de 16 selecciones, cualquier tropiezo en la fase de grupos complica el camino hacia las semifinales, y con ellas el pase directo al Mundial de 2027. No hay margen para la relajación.

El formato añade más tensión: las cuatro semifinalistas sellarán su billete a Brasil, mientras que la quinta clasificada tendrá que jugarse la vida en un repechaje intercontinental. Para una potencia histórica como Nigeria, caer a esa vía larga sería un golpe a su estatus. El listón interno está mucho más arriba.

La vara de medir de todo un continente

Nigeria no solo defiende un título. Defiende una era. Con 10 WAFCON en sus vitrinas, las Super Falcons son el parámetro con el que se mide el crecimiento del fútbol femenino africano. Cada selección que se cruza con ellas ve algo más que un rival: ve el espejo de lo que aspira a ser.

Madugu lo sabe. Sus jugadoras también. “Sostenemos algo precioso que todas quieren”, ha venido a decir el técnico. Esa condición de objetivo a derribar convierte cada partido en una batalla emocional y deportiva. Ser la campeona te da confianza, pero también te obliga a convivir con una diana permanente en la espalda.

El torneo, que se disputará del 26 de julio al 16 de agosto, pondrá a prueba si la vieja guardia de Nigeria todavía tiene cuerda para un giro más de gloria, mientras la nueva generación reclama su espacio. La pregunta ya no es si las Super Falcons pueden competir. Es otra, mucho más exigente: ¿será este el campeonato que confirme que la dinastía nigeriana todavía tiene capítulos por escribir?