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La niebla complica el viaje del Lech Poznan a las Islas Feroe

El Lech Poznan, campeón de Polonia, está viviendo una clasificación de Europa League que se juega tanto en el aire como sobre el césped. Su visita al campeón feroés, KÍ Klaksvík, prevista para la tarde del jueves, pende de un hilo por un enemigo inesperado pero habitual en el archipiélago: una densa niebla que no deja aterrizar.

En la ida, disputada en Poznan, el conjunto polaco había hecho los deberes. Victoria 1-0 gracias a un gol tardío del marfileño Yannick Agnero y la sensación de tener la eliminatoria encaminada. Pero el partido de vuelta, fijado para las 18.30 hora local en las Islas Feroe, se ha transformado en una carrera contrarreloj para, simplemente, llegar al destino.

Dos días intentando caer en Vágar

El plan era sencillo sobre el papel: volar a Vágar, el único aeropuerto del país, con tiempo suficiente para aclimatarse. La realidad ha sido otra. Durante dos días consecutivos, el Lech ha intentado aterrizar sin éxito. La niebla, espesa y persistente, ha convertido cada aproximación en un riesgo.

El miércoles, la expedición polaca pasó horas esperando, atrapada en un limbo de decisiones. El técnico Niels Frederiksen, cada vez más impaciente, fue captado dirigiéndose a sus jugadores con un mensaje claro: no podían “simplemente posponer, posponer y posponer” la salida eternamente. En algún momento había que decidir.

“Si volamos mañana por la mañana y jugamos mañana, tendremos que salir bastante temprano, así que todavía tendremos la posibilidad de descansar”, les dijo el entrenador el miércoles, intentando mantener un mínimo de margen competitivo en medio del caos logístico.

Un vuelo seguido por todo el mundo

El jueves, el Lech volvió a intentarlo. Jugadores a bordo a primera hora, maletas colocadas, mensajes de optimismo. En las redes del club, incluso, se celebró que el avión estaba “cleared for takeoff”. Parecía que esta vez sí.

No lo estaba.

El aparato despegó, pero al acercarse a las Islas Feroe la historia se repitió. Incapaz de aterrizar por la niebla, el vuelo quedó en patrón de espera sobre la costa oeste de Noruega durante unos 40 minutos. Después, decisión drástica: desvío a Bergen.

Durante ese rato, el trayecto del Lech se convirtió en un fenómeno global. El vuelo llegó a ser el más seguido del mundo en el servicio de seguimiento Flightradar, con miles de aficionados polacos pegados a la pantalla, siguiendo en directo la odisea de su equipo como si se tratara de una prórroga aérea.

Uefa, en el centro del tablero

Mientras el avión daba vueltas y el reloj corría, el club abría otro frente, esta vez en los despachos. El Lech mantiene conversaciones con Uefa para decidir si el partido se juega tal y como está programado o si se reprograma para dar tiempo al equipo a llegar en condiciones mínimamente razonables.

Cada hora cuenta. No solo por el descanso de los jugadores, sino por la integridad de una eliminatoria europea que corre el riesgo de quedar marcada por un factor externo al juego.

KÍ Klaksvík, acostumbrado al clima… y prevenido

En Klaksvík, nada de esto sorprende. El club feroés lleva tiempo advirtiendo a sus rivales: hay que llegar dos días antes del partido para cubrirse ante posibles problemas meteorológicos. No es un consejo de cortesía, es casi una norma no escrita en las Islas Feroe.

El KÍ también recomienda a los equipos visitantes volar con la aerolínea nacional, Atlantic Airways, especialista en operar en condiciones complicadas. La mañana del jueves, tres aviones de esta compañía lograron aterrizar en Vágar antes de que el tiempo volviera a cerrarse.

El Lech, sin embargo, apostó por un chárter privado operado por Comlux. Una decisión que, con la niebla como juez, ha terminado siendo clave en el desarrollo de la historia.

Un verano de retrasos en las Islas Feroe

Lo que vive el Lech no es un caso aislado. Las Islas Feroe se han ganado fama de campo minado meteorológico para los visitantes. Este mismo verano, dos rivales de NSÍ Runavík en la Conference League sufrieron retrasos importantes que les obligaron a llegar el mismo día de partido.

El ejemplo contrario lo ha dado FC Lugano. El equipo suizo, también rival de NSÍ Runavík, decidió viajar el martes para un encuentro fijado para la tarde del jueves. Llegó sin sobresaltos, justo lo que no ha podido hacer el campeón polaco.

Ahora, con la niebla mandando y el reloj apretando, la eliminatoria entre Lech Poznan y KÍ Klaksvík ya no se decide solo por un gol de Yannick Agnero. Se decide también en una pregunta incómoda: hasta qué punto el calendario europeo está preparado para un lugar donde el verdadero rival, muchas veces, es el cielo.