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Musiala y su lucha por regresar al fútbol

Hace un año, Jamal Musiala era el chico que lo podía todo. Hoy, es el chico al que todos quieren proteger.

Su calvario empezó con brutalidad: fractura de tobillo en el Mundial de Clubes de la FIFA 2025. Seis meses fuera. Medio año viendo el juego desde la distancia, mientras el resto corría. Regresó para sumar 24 apariciones entre Bundesliga, Copa de Alemania y Champions League, pero nunca llegó a ser del todo el mismo. No todavía.

El talento seguía ahí. La chispa, no siempre.

Un Mundial sin brillo pleno

El 2026 le abrió otra puerta: el Mundial con su selección. Volvió a vestirse con los colores de su país, volvió a disfrutar de minutos en el mayor escaparate del fútbol. Pero el final de las jugadas se le escapaba. Faltaba colmillo, faltaba esa lucidez que antes parecía automática.

La explicación era sencilla y cruel: le faltaba ritmo, le faltaba continuidad, le faltaba volver a sentirse ligero. Bayern soñaba con un Musiala protagonista en la temporada 2026-27. En lugar de eso, el club se ha encontrado con otra batalla, mucho más delicada.

Desmayos, diagnósticos y una verdad incómoda

Primero fue un susto en un amistoso contra RB Leipzig: Musiala se desmayó en pleno compromiso. Días después, otro colapso frente a Heidenheim. La preocupación dejó de ser un murmullo y se convirtió en alarma.

El propio jugador decidió dar la cara y explicar qué estaba pasando. En sus redes sociales, Musiala reveló el diagnóstico: “ausencias epilépticas temporales, breves, pero fácilmente tratables”, originadas por una disfunción neurológica. Esos episodios, contó, explican lo vivido ante Leipzig y Heidenheim.

Reconoció que, desde fuera, todo parece aterrador. Para él, sin embargo, se ha convertido en algo que forma parte de su día a día. Aseguró que recibe un tratamiento médico excelente, que se siente muy optimista y que tiene a FC Bayern, a su familia y a sus amigos a su lado, empujándole en cada paso.

Hamann baja el volumen al debate futbolístico

En un entorno que siempre quiere respuestas rápidas, Dietmar Hamann pisó el freno. El exinternacional alemán, preguntado por los retos que enfrenta el número 10 del Bayern, dejó claro que ahora el fútbol va en segundo lugar.

Recordó que, tras la grave lesión, Musiala regresó en enero sin encontrar la forma de antes. Durante meses se atribuyó parte de ese bajón a su pie, aún con tornillos y una placa metálica que solo le retiraron este verano. Ahora todo está por verse.

Hamann fue tajante: le cuesta hablar de lo puramente futbolístico cuando lo esencial es que el jugador recupere la salud. Solo cuando controle estos problemas, dijo, lo demás llegará por sí solo. ¿Volverá al nivel de hace dos o tres años? Hoy nadie puede asegurarlo. Pero, añadió, habla en nombre de todos los aficionados al fútbol cuando dice que todos esperan que sí.

Klopp, un mensaje y una puerta abierta

Desde la selección, la figura clave es ahora Jürgen Klopp. El nuevo seleccionador no quiso irrumpir a lo grande en la vida privada de Musiala. No le llamó; le envió un mensaje de voz. El propio técnico explicó que el jugador ni siquiera tenía su número y que, si hubiera recibido una llamada desconocida, quizá no la habría respondido en días. Musiala respondió al mensaje. El puente ya está tendido.

Klopp fue claro: Musiala vive una situación que no se le desea a nadie, y menos a un chico tan joven. Pero el técnico transmitió tranquilidad. Todos coinciden en que el desenlace debe ser positivo y le aseguró al jugador que su problema no tendrá impacto en su estatus dentro de la selección.

El entrenador contó que Vincent Kompany le confirmó el estado en el que se encontraba el futbolista antes de estos episodios: en una forma increíble. Tras la retirada de la placa y los tornillos del pie, Musiala había vuelto a ser el de antes, o incluso mejor. Y entonces, golpeó este nuevo problema.

Tiempo, paciencia y un futuro en suspenso

Ahora, la palabra clave es tiempo. Klopp insistió en que hay que dárselo, y que el propio Musiala debe concedérselo a sí mismo. Los jóvenes, recordó, no suelen tener grandes problemas… salvo la impaciencia. Y en una fase así, la impaciencia es un lujo que no se puede permitir.

El seleccionador está convencido de que el entorno es el ideal: el club adecuado, el contexto perfecto, y una selección dispuesta a acompañar el proceso. El mensaje hacia el jugador es directo, casi paternal: primero, cúrate; después, la puerta seguirá abierta.

Entre placas, tornillos, diagnósticos y desmayos, el fútbol ha quedado unos pasos atrás. Pero la pregunta que sobrevuela Múnich, Alemania y medio continente es inevitable: cuando Jamal Musiala vuelva a estar realmente bien, ¿hasta dónde podrá llegar esta vez?