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Morgan Rogers: el fichaje récord que sacude a Chelsea, Arsenal y Aston Villa

El último gran movimiento del mercado inglés tiene nombre y una cifra que pesa como una losa: Morgan Rogers, 117 millones de libras, rumbo a Chelsea. Seis años de contrato, opción a uno más, y el título de futbolista más caro de la historia de Gran Bretaña bajo el brazo. Un traspaso descomunal que, para Paul Merson, no encaja ni en la lógica deportiva de Stamford Bridge ni en el momento de Aston Villa, y que deja a Arsenal buscando soluciones a contrarreloj.

Chelsea paga el oro… por otro ‘10’

Merson no se anda por las ramas: “Es muchísimo dinero. Dinero loco. Traer a Morgan Rogers por 117 millones no es lo que necesitaba Chelsea”. Y su argumento es sencillo, casi demoledor: ya tienen a Cole Palmer. Mismo perfil, misma zona del campo. Incluso recuerda que Rogers fue al Mundial en lugar de Palmer precisamente porque ocupan la misma demarcación.

El exjugador plantea un escenario extremo: solo entendería el movimiento si Chelsea se atreviera con una operación mayúscula, vender a Enzo Fernández, asumir que no vale los 100 millones que pagaron, colocar a Moisés Caicedo como mediocentro puro… y soltar a Rogers y Palmer por delante de él. Un triángulo ofensivo muy caro, muy talentoso y muy arriesgado.

Pero el embudo no acaba ahí. João Pedro también es un ‘10’. Otro mediapunta. “Con João Pedro, Rogers y Palmer, Chelsea ha fichado a un mediapunta cuando ya tenía dos muy buenos”, viene a decir Merson. La pregunta cae sola: ¿dónde juega Palmer? ¿Otra vez pegado a la derecha, desperdiciado en banda? El analista insiste: ahí se desaprovecha su talento. Y si el sacrificado es Rogers, desplazado al costado, tampoco le ve sentido: para Merson, hay extremos derechos mucho mejores disponibles en el mercado.

Rogers, en su opinión, es un ‘10’ puro. Brilla en campo abierto, cuando el partido se rompe, cuando puede correr con el balón y atacar espacios. Justo lo que, según Merson, menos va a encontrar en Stamford Bridge. “Los rivales llegan, sacan de centro y se encierran con diez detrás del balón. No hay espacio”. Un jugador de conducción, de transición, obligado a inventar contra defensas hundidas y muy cerradas.

El peso invisible de los 117 millones

Rogers repetirá que él no pagó el traspaso, que la presión no es suya. Merson no se lo cree. “Es un cuento. Todo el mundo mirará esa cifra cuando no le salgan las cosas”. El listón está marcado por otros grandes fichajes: Declan Rice y Caicedo, ambos criticados por sus 100 millones, han terminado silenciando el debate con rendimiento. “El mayor cumplido que se les puede hacer es que ya nadie habla del precio. Fueron buenos fichajes. Eso es lo que Rogers tiene que esperar”.

La diferencia, avisa Merson, es el tipo de responsabilidad. Rice y Caicedo podían influir en el juego desde la base del mediocampo, con tareas más repartidas. Rogers vivirá en la zona donde se dictan sentencias: goles y asistencias. “Ahí te juzgan por marcar y crear. Es el trabajo más difícil del mundo”.

Y hay otro matiz incómodo. Merson recuerda que el inicio de Rogers el curso pasado con Aston Villa fue, en sus palabras, “atroz”. Desaparecido, muy por debajo del nivel que luego mostró en la segunda mitad de la temporada. Ese tipo de arranque, con un precio de 117 millones y la camiseta de Chelsea, no es una opción. “Eso es un no rotundo. Es otro deporte cuando vas por ese dinero”, viene a subrayar.

Arsenal, sin Rogers y sin Trossard: urgencia en la banda izquierda

La decisión de Rogers de elegir Stamford Bridge sobre el Emirates también le sirve a Merson para leer entre líneas. Para él, el mensaje es claro: Arsenal le habría prometido jugar en la banda izquierda, mientras que Chelsea le habría ofrecido el rol que él desea, el de mediapunta. Si ambos le daban el mismo papel, Merson no entiende cómo se elige al equipo que ni siquiera jugará en Europa por delante del candidato al título de la Premier League y aspirante serio a la Champions. Solo le encuentra una explicación: un contrato de siete años con cifras “de locura”.

El resultado para Arsenal es evidente: necesita un extremo izquierdo. Y lo necesita ya. Merson apunta dos nombres: Desire Doue y Bradley Barcola, este último en el PSG. No hay muchos extremos de nivel disponibles, pero si el objetivo es subir un escalón más, pelear de verdad en la élite absoluta, cree que el club debe ir a por ese tipo de perfil, “top, top”.

Su sorpresa se dispara cuando entra en escena otro movimiento del verano: la venta de Leandro Trossard. “No me lo creo. Estoy pasmado. Lo han vendido por el precio de una taza de té”, dispara. Recuerda que el belga jugó todos los grandes partidos del tramo final de la temporada, siempre presente ante los rivales más fuertes. Y no por casualidad: es un futbolista muy bueno, decisivo, capaz de marcar diferencias sin montar problemas en el vestuario.

Merson destaca precisamente su actitud: no le ve como alguien que “apeste” el ambiente o arme escándalo si no juega. Entra, cumple, aporta. Por eso no entiende que Arsenal se haya desprendido de él. “No lo pillo en absoluto”, insiste. Y remata la idea central: si quieres mantenerte en la cima, tienes que fichar, reforzarte una y otra vez. Arsenal, para él, necesita varias incorporaciones, pero una es innegociable: un extremo izquierdo de nivel para dar ese salto definitivo.

Villa, del sueño de la Champions al desmantelamiento

Donde Merson se muestra más incrédulo es con Aston Villa. No se lo explica. El club acaba de firmar una temporada histórica: clasificación para la Champions League, árboles arrancados en la Premier y un título europeo en la misma campaña. Un logro “fenomenal” para un club como Villa.

Y, sin embargo, en cuestión de semanas han perdido lo que él considera sus dos mejores jugadores “por goleada”: Youri Tielemans y Morgan Rogers. Los dos futbolistas más creativos del equipo, los que marcaban la diferencia con balón. Tielemans, el cerebro que hacía progresar al equipo desde el mediocampo, con visión, rango de pase y capacidad para ordenar los ataques. Rogers, el que recibía en campo rival, rompía líneas en jugadas rotas y generaba ocasiones.

Ambos fuera. “Si fueras Unai Emery y te preguntaran a quién vender, Tielemans y Rogers serían los últimos de la lista”, sostiene Merson. Desde la perspectiva del aficionado, el golpe es igual de duro: si un seguidor de Villa se plantea renovar el abono, esos dos nombres serían los primeros que querría ver en la plantilla. Porque uno va al estadio a ganar, sí, pero también a entretenerse. Y ellos entretenían.

La inquietud no termina ahí. Merson teme que Ezri Konsa pueda ser el siguiente en salir. Ve a Arsenal como posible destino, y también a Chelsea, ambos necesitados de un central fiable. En contraste, observa con frialdad los fichajes que llegan. Johan Manzambi “parece bien”, nada más. Correcto, pero sin despertar entusiasmo.

Para Merson, hay una pregunta que siempre hay que hacerse cuando llega un refuerzo: ¿quién más lo quería? Si los grandes de Europa no estaban peleando por él, si Real Madrid, Barcelona, Manchester City, Manchester United o Liverpool no pujaban, es que quizá no estás fichando en la mesa de los gigantes.

Aplica el mismo filtro al movimiento de Arsenal por Christos Tzolis. Puede que sea una joya por pulir, un “wonderkid”, pero el hecho de que no estuvieran “apartando a codazos” a la élite para firmarlo le hace dudar. En su lectura, tanto Villa como Arsenal se mueven en un terreno intermedio: venden talento contrastado y apuestan por promesas que aún no han demostrado poder sostener a equipos que aspiran a la Champions.

El verano apenas ha empezado, pero el mercado ya ha dejado una certeza incómoda: con Rogers convertido en el futbolista británico más caro de la historia, Chelsea, Arsenal y Aston Villa han abierto una puerta que no podrán cerrar fácilmente. La cuestión es quién saldrá reforzado de este riesgo y quién descubrirá, demasiado tarde, que el precio real no estaba en el cheque, sino en el campo.