McInnes inicia una nueva era en Rangers: exigencias y desafíos
La nueva era de Rangers arranca con Derek McInnes en el banquillo, un vestuario prácticamente reinventado y la misma pregunta de siempre flotando en el aire: ¿será este por fin un nuevo amanecer o solo otro falso amanecer en Light Blue?
El estreno liguero en Tannadice frente a Dundee United llega cargado de simbolismo. Nuevo entrenador, nuevo capitán, ocho fichajes y la sensación de que el margen de error es mínimo. En Escocia, los veranos no son de postal: son una carrera contra el reloj.
Emmanuel Fernandez, entre el brillo y el riesgo
Pocas piezas del nuevo Rangers representan tan bien la dualidad del momento como Emmanuel Fernandez. El central firmó una primera temporada sobresaliente: elegante con el balón, sereno en la salida y dominante en ambas áreas. Un defensa que parece diseñado para mandar.
Pero hay una sombra que McInnes no piensa pasar por alto: esas desconexiones puntuales, esos riesgos innecesarios con el balón en los pies, como los Cruyff turns en zonas donde un error se paga con sangre. Detalles que antes se toleraban como licencia de un “Rolls Royce” de la zaga ahora pueden costarle caro.
Con un técnico que ha construido su carrera sobre la solidez, la concentración y el oficio, Fernandez camina por una fina línea. Si no elimina esos lujos en zonas prohibidas, la paciencia de McInnes puede agotarse rápido. El mensaje es claro: calidad sí, pero sin regalar munición al rival.
Un mercado a contrarreloj y un equipo aún incompleto
Rangers ha fichado mucho y muy rápido, sobre todo por dentro. El centro del campo se ha llenado de caras nuevas, pero el rompecabezas no está completo.
Falta ese jugador con chispa creativa, el que rompe partidos atascados. La lesión en el hombro de Thelo Aasgaard en el último amistoso encendió las alarmas y dejó aún más expuesta la fragilidad de la plantilla en las bandas. Aunque el noruego se ha recuperado a tiempo para el debut y apunta a uno de los costados, la sensación persiste: no hay suficientes extremos fiables.
Detrás, otro problema: el relevo para Tuur Rommens. El lateral parte como titular, pero la falta de un recambio de garantías añade tensión a cada golpe y a cada sprint. En un calendario que no perdona, cualquier baja puede desnudar al equipo.
Todo esto se cocina en el contexto habitual del fútbol escocés: necesidad de tener la plantilla lista muy pronto para pelear por las rondas europeas, mientras los clubes de las grandes ligas se permiten el lujo de ir con calma, de girar el mercado a su favor y esperar el momento justo para lanzarse por un perfil tipo Nico Raskin. Aquí no hay tours exóticos ni amistosos de paseo: hay urgencias.
McInnes y la incomodidad como norma
Derek McInnes conoce Ibrox como pocos. Lo ganó casi todo como jugador en los años 90, en una etapa en la que la palabra “excusa” no formaba parte del vocabulario del vestuario. Eso es lo que quiere recuperar: una mentalidad que incomode, que apriete, que no permita relajaciones.
Su mensaje al grupo es directo: si alguien se siente demasiado cómodo, algo va mal. Las dudas que han perseguido a Rangers en los últimos tiempos, sobre todo en los momentos de máxima presión, son el enemigo a batir tanto como cualquier rival del campeonato.
No ayuda el recuerdo reciente. El año pasado, otro nuevo entrenador, otra oleada de fichajes, un viaje complicado en la primera jornada… y un tropiezo. Russell Martin arrancó con un decepcionante empate en Fir Park ante el Motherwell de Jens Berthel Askou, también debutante en la banda. Entonces se habló de transición, de tiempo. Hoy, el crédito es menor.
Esta vez, McInnes estará en la zona técnica tras apelar una sanción de cuatro partidos de la SFA por unos comentarios en su etapa en Hearts. Tendrá que medir cada gesto: Nick Walsh será el árbitro, con Calum Spence y Jonathan Bell en las bandas, Peter Stuart como cuarto oficial y Steven McLean al frente del VAR, asistido por Gary Hilland. Todo bajo la lupa.
Un once nuevo, una vieja exigencia
La columna vertebral del equipo llega con cambios profundos. Bajo palos, Ivor Pandur, fichado por 6 millones, toma el relevo de Jack Butland y se perfila como el nuevo dueño del arco por delante de Liam Kelly. Una apuesta fuerte, económica y deportiva.
En el centro de la defensa, el Atalanta loanee Ben Godfrey formará pareja con Emmanuel Fernandez, corazón de una zaga remozada. En los laterales, algo más de continuidad: Dujon Sterling y Tuur Rommens apuntan a la titularidad, dando al menos un punto de familiaridad a una línea en plena reconstrucción.
Por delante, Dan Neil y Cammy Devlin serán el motor del equipo. El primero llega desde Sunderland, el segundo desde Hearts, ambos con la misión de imponer ritmo, intensidad y carácter desde el primer minuto. No hay tiempo para adaptaciones largas: se les pide impacto inmediato.
En las bandas, las soluciones son más de necesidad que de abundancia. Thelo Aasgaard, que acortó sus vacaciones tras el Mundial para pelear un puesto, puede recibir recompensa en el costado izquierdo. En la derecha, Mohamed Diomande se perfila como opción para ocupar una zona donde el club sigue buscando refuerzos en el mercado.
En el banquillo esperan otras caras nuevas: Dan Neil ya está integrado, Olwethu Makhanya llega desde Philadelphia Union para reforzar el eje defensivo, Ross McCrorie y Vanja Dragojevic aguardan su oportunidad para debutar con la camiseta Light Blue. El plan es que todos sumen, pero no todos pueden entrar de golpe.
Shankland, Chermiti y el factor Naderi
Arriba se concentra gran parte de la intriga. Lawrence Shankland, nuevo capitán, es el hombre llamado a liderar dentro y fuera del campo. McInnes trabaja para encajarle junto a Youssef Chermiti sin perder equilibrio, y la solución pasa por un 4-4-2 con Shankland en un rol algo más retrasado, conectando líneas, y el No. 9 más enfocado al área.
Sin embargo, el nombre que rompe la lógica del guion es Ryan Naderi. El alemán, fichado en enero desde Hansa Rostock a cambio de una inversión importante para un jugador procedente de la tercera categoría de su país, dejó destellos antes de que las lesiones cortaran su progresión.
Naderi aporta algo distinto: altura, agresividad en ambas áreas, un trabajo incansable en la presión y una voluntad casi obsesiva por perseguir causas perdidas. Su estilo recuerda por momentos al de Kenny Miller cuando compartía ataque con Kris Boyd: uno remataba, el otro no dejaba respirar a la defensa.
McInnes le ha dado la titularidad en este primer once de liga por delante de Chermiti y Bojan Miovski, ambos en el banquillo y deseando entrar. Si, como todo indica, el equipo arranca con los dorsales 9 y 7 en la delantera, Naderi tendrá que ganarse minutos como revulsivo ante un rival al que ya marcó la temporada pasada. No es un mal punto de partida para reclamar protagonismo.
Un estreno que no admite excusas
La sensación en el entorno de Rangers es extraña: una mezcla de ilusión, cansancio por los constantes resets y una desconfianza que solo se cura con victorias. El recuerdo del cierre de la etapa con Danny Rohl —aquel último partido intrascendente ante Falkirk— parece ya lejano. El club ha pasado por otro verano de reconstrucción exprés y McInnes se sienta en un banquillo que quema.
Dundee United será el primer examen serio para medir si este grupo está preparado para responder a la exigencia inmediata que impone Ibrox. No hay margen para otro arranque tibio, ni para errores de concentración como los que McInnes ha señalado de forma implícita en figuras como Emmanuel Fernandez.
La temporada se abre esta noche a las 20:00. El telón se levanta, las dudas siguen ahí, la presión también. La cuestión es simple y brutal: ¿está este Rangers preparado para vivir incómodo… y ganar igual?






