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Mathys Tel: del éxtasis al castigo en el Tottenham

En una tarde que pedía héroes, Mathys Tel terminó convertido en villano. El joven delantero del Tottenham abrió el marcador con un gol maravilloso y, 19 minutos después, regaló un penalti que dejó a su equipo atrapado en el barro del descenso. El 1-1 ante Leeds sabe a oportunidad perdida. Y a aviso muy serio.

El triunfo polémico del Arsenal en casa del West Ham, también metido en la pelea por abajo, había encendido el ambiente antes del inicio. El resultado en el London Stadium ofrecía un pequeño colchón: si los Spurs ganaban, se marchaban a cuatro puntos de la zona roja. El guion parecía escrito cuando Tel firmó un gol de bandera al inicio de la segunda parte. Pero este Tottenham no sabe cerrar historias. Las sufre.

Un inicio agarrotado y un portero que sostiene

El recibimiento fue ensordecedor. La respuesta del equipo, todo lo contrario. Nervioso, impreciso, atenazado. El mejor resumen, una acción de Tel en campo propio: un globo innecesario cruzando el área pequeña que heló la sangre en la grada. El miedo al fallo se veía, se olía.

Leeds, con la permanencia ya asegurada gracias a lo ocurrido unas horas antes, jugó con menos peso en los hombros. A los 21 minutos, Brenden Aaronson encontró a Joe Rodon, viejo conocido del estadio. Su cabezazo parecía gol hasta que Antonin Kinsky apareció sobre la línea con una parada de reflejos felinos. Primera gran intervención de la tarde. No sería la última.

A base de gritos e indicaciones constantes desde la banda, Roberto De Zerbi consiguió despertar a los suyos. Tel empezó a ganar metros, a encarar, a romper líneas. Se coló entre dos defensas y su disparo, desviado por un rival, se marchó por encima del larguero. Era la primera señal de vida ofensiva seria de los Spurs.

Richarlison probó a Karl Darlow con un tiro potente. Poco después, el guardameta de Leeds fue castigado por retener demasiado el balón con las manos. Saque indirecto dentro del área, jugada enrevesada, y dos nombres con opción de héroe: Pedro Porro y Conor Gallagher. Ninguno acertó entre palos.

Joao Palhinha levantó al público con un disparo alto. Rodrigo Bentancur rozó el gol con un cabezazo que salió cruzado. Pero fue Leeds quien terminó el primer tiempo mandando. Ao Tanaka desperdició una buena ocasión y llegó la acción polémica: Destiny Udogie chocó con Dominic Calvert-Lewin dentro del área. El delantero cayó, la grada contuvo la respiración, pero el fuera de juego previo del atacante anuló cualquier opción de penalti. Aviso serio para un Tottenham que coqueteaba con el desastre.

La obra de arte de Tel… y el error que lo cambia todo

El susto despertó definitivamente a los locales. Y, al poco de volver de vestuarios, apareció el mejor Tel. Minuto 50. Córner botado por Porro, despeje corto, balón suelto en la frontal. Tel lo baja, se perfila y dibuja un disparo enroscado perfecto a la escuadra. Golazo. Su cuarto tanto del curso. El estadio explotó. El Tottenham, por fin, respiraba.

La sensación era clara: si caía el segundo, el partido se acababa. Y la ocasión llegó. Randal Kolo Muani atacó el espacio, ganó la espalda a la defensa y sirvió un pase de gol a Richarlison. Solo, frontal del área pequeña, tiempo para elegir. Eligió mal. Disparo alto, muy alto. Una oportunidad de 2-0 tirada por la borda. Y con ella, parte de la tranquilidad.

Daniel Farke no esperó más. Movió el banquillo y lanzó al campo a Lukas Nmecha y Wilfried Gnonto. Leeds ganó chispa, colmillo y metros. El partido se partió. Y entonces llegó la jugada que perseguirá a Tel durante mucho tiempo.

Con 21 minutos por jugar, el Tottenham parecía haber neutralizado un balón colgado al área. Nada peligroso. Hasta que Tel, quizá todavía con la adrenalina del gol, decidió despejar con una acrobacia innecesaria. Su bota se elevó demasiado y golpeó en la cara del capitán Ethan Ampadu. Jarred Gillett dejó seguir en primera instancia, pero el VAR no lo pasó por alto. Larga revisión, carrera hacia la pantalla y, al final, la decisión inevitable: penalti.

Calvert-Lewin no dudó. Carrera firme, disparo seco, ajustado abajo. Kinsky adivinó el lado, pero no llegó. Gol número 14 de una temporada brillante para el delantero. Y vuelta a empezar para el Tottenham, que de golpe se vio otra vez mirando de reojo la clasificación.

De Zerbi arriesga, Kinsky salva, y el VAR cierra la noche

El empate encendió todas las alarmas. De Zerbi miró al banquillo y tomó una decisión valiente: a cinco minutos del final dio entrada a James Maddison, que no jugaba un partido oficial desde hacía un año por una grave lesión de rodilla. El estadio lo recibió como a un salvador. El contexto, sin embargo, era cruel: poco tiempo, mucha presión y un rival crecido.

El final fue un asedio desordenado, más corazón que plan. Leeds encontró espacios al contragolpe y rozó el golpe definitivo en el añadido. Sean Longstaff enganchó un disparo potente que olía a gol. Kinsky, otra vez, sostuvo al Tottenham con una parada decisiva. El portero, silencioso durante meses, se convirtió en el seguro de vida de un equipo roto por los nervios.

La última escena quedó reservada para Maddison. Con el cronómetro ya en rojo, el mediapunta se metió en el área y chocó con Nmecha. Cayó. Pidió penalti con rabia. La grada se levantó, exigió revisión. El árbitro, esta vez, no se inmutó. Nada. Sin pena máxima, sin épica, sin victoria.

El pitido final dejó una sensación amarga. Leeds se marchó con la tranquilidad de quien ya tiene los deberes hechos. El Tottenham, con apenas dos puntos de margen sobre el descenso, salió del césped sabiendo que este 1-1 no es un simple tropiezo. Es una advertencia. Y también una pregunta incómoda: cuántas vidas le quedan todavía a este equipo antes de que sea demasiado tarde.