Martin Odegaard y el Arsenal en busca de la Champions League
Arsenal se quedó a un partido de la temporada perfecta. Premier League en el bolsillo, Champions League perdida solo en los penaltis ante Paris Saint-Germain. Y todo eso con un Martin Odegaard disminuido, entre molestias en la rodilla, problemas en el hombro y un rendimiento muy por debajo de su techo.
Ahora el escenario es otro. El capitán ha arrancado el curso como si le hubieran quitado un freno invisible. Y en el norte de Londres se hacen una pregunta inevitable: si el año pasado levantaron la Premier con un Odegaard a medias, ¿hasta dónde pueden llegar con este Odegaard desatado?
Un capitán en modo dominante
En Nápoles, en el estreno de la nueva campaña de Champions League, Arsenal fue claramente superior. Mandó, empujó, acumuló ocasiones. Pero el marcador seguía congelado. Hasta que apareció la zurda de su capitán.
Minuto 75. Balón suelto, espacio justo, decisión perfecta. Disparo seco con la izquierda, golazo y 0-1. Partido resuelto. Tres puntos para un equipo que ya mira a la competición con una mezcla de hambre y cuentas pendientes.
Ese golpeo fue algo más que un gol. Fue la confirmación de que Odegaard ha subido un peldaño. De que vuelve a ser el futbolista que marca ritmos, decide partidos y arrastra al resto.
La estadística subraya el dominio: 26 remates, el mayor número de Arsenal en un partido de Champions desde que hay registros (2003-04), y también la cifra más alta que ha sufrido Napoli en ese periodo. Fallaron ocasiones claras varios compañeros; Odegaard no perdonó.
Mikel Arteta lo resumió con una frase que retrata lo que exige a su capitán: “Esto es lo que necesitamos. Jugadores con esa mentalidad para decidir el partido, para jugar con esa personalidad y seguir tomando riesgos. Se está metiendo mucho más en esas posiciones en los últimos partidos. Fue un gol increíble”.
De la frustración física al pico de forma
La temporada pasada dejó un sabor agridulce en lo personal para el noruego. Solo 36 partidos en todas las competiciones, apenas un gol y siete asistencias. En la Premier, 24 encuentros. Poca continuidad, muchas molestias, demasiada frustración para un futbolista que se sabe referencia.
Su despertar empezó con la selección. Con Noruega alcanzó los cuartos de final del Mundial, cayendo ante Inglaterra, y ahí se intuyó que el motor volvía a arrancar. Pero lo que está mostrando en el inicio de este curso va un paso más allá.
El primer aviso serio llegó en la Community Shield, en Cardiff, ante Manchester City. Arsenal ganaba 2-0 cuando Odegaard decidió poner la firma del artista: recorte, pausa, Gianluigi Donnarumma al suelo y definición suave, casi un pase a la red vacía. 3-0 y un mensaje claro: el capitán ha vuelto.
No se quedó ahí. Marcó en el 3-0 ante Coventry City y firmó el gol de la remontada frente a Chelsea en el Emirates Stadium, en un triunfo por 2-1 que mantuvo el pleno de victorias ligueras. Otra vez, lectura perfecta del juego: desmarque al espacio, llegada al área en el momento exacto y definición contundente tras el ingenioso amago de Kai Havertz, que dejó pasar el balón para que el noruego fusilara a Emiliano Martínez.
Ese tanto y el de Nápoles tienen algo en común: son acciones de un futbolista que se siente pleno, físicamente y mentalmente. Un jugador lujoso, pero ahora también determinante.
Un Arsenal más maduro, con cuentas pendientes
El triunfo en Italia era obligatorio. Lo dictaba el grupo, lo marcaba el calendario: en el horizonte asoman un duelo en casa ante Real Madrid y una visita a Bayern Munich. La Champions no concede margen a los despistes, y Arsenal lo sabe mejor que nadie.
El modo en que el equipo desarmó el muro de Napoli habló de una madurez nueva. El conjunto italiano se protegió con un plan defensivo digno del manual más conservador de Max Allegri. Bloque bajo, ayudas constantes, poco riesgo. Arsenal no se desesperó. Siguió moviendo el balón, buscando ángulos, estirando al rival. Hasta que el capitán rompió el candado.
Nedum Onuoha, exdefensa de la Premier y analista en el Match of the Day del miércoles, lo explicó con claridad: Odegaard “querrá tener un impacto mayor en el equipo esta temporada”. Y añadió un punto clave: “Tienen asuntos pendientes en la Champions. Él quiere ser el primer capitán de Arsenal en levantar ese trofeo”.
Onuoha fue más allá: “No apostarías en su contra viendo lo que han hecho en esta competición en las dos últimas temporadas, pero él eleva a Arsenal a otro nivel cuando está en forma y jugando así. Cuando él está a su mejor nivel, Arsenal está a su mejor nivel”.
El análisis encaja con lo que se ve sobre el césped. Odegaard se mueve sobre todo por la derecha, se ofrece siempre, protege la pelota con una calma insultante, encuentra pases que rompen líneas y, cuando toca, baja a morder en defensa. Lidera con el balón, pero también sin él.
El peso de la Champions en la historia del club
La Champions League sigue siendo la herida abierta del Arsenal moderno. Perdió la final de 2006 ante Barcelona y, el curso pasado, vio cómo PSG le arrebataba el título desde los once metros. Dos golpes que han convertido el torneo en una obsesión, en ese Santo Grial que se resiste.
Arteta lo sabe. Sus jugadores también. Y Odegaard, según insinúa el propio técnico, juega como si tuviera algo que demostrar. No porque el equipo fallara la temporada pasada, sino porque él siente que su aportación no estuvo a la altura de su propio estándar.
“Martin está contribuyendo con goles que impactan en los resultados, que es lo que queremos de nuestros jugadores de ataque, que sean decisivos”, apuntó Arteta tras el triunfo en Nápoles. “Deberíamos haberlo hecho de otra manera por la cantidad de ocasiones que creamos”. El mensaje es claro: el equipo genera, el capitán remata la faena.
Onuoha también destacó ese impacto global: “Arsenal obviamente ha empezado bien la temporada y él ha sido una gran razón para ello. Parte de su creatividad, especialmente por la banda derecha, ha sido excelente. Cuida muy bien el balón, siempre busca ese pase para crear oportunidades y también hace el trabajo defensivo”.
Un equipo que ya juega como campeón
En cada gesto de este inicio de curso, Arsenal parece un equipo que no se conforma con lo logrado. La Premier conquistada tras 24 años de espera ha liberado al grupo. Se nota en la confianza, en la paciencia con la que atacan, en la seguridad con la que manejan partidos cerrados como el de Nápoles.
Odegaard se ha convertido en el reflejo perfecto de esa evolución. Juega “suave como la seda”, como se comenta alrededor del club, y no es casualidad que Arsenal transmita la misma sensación: un equipo fluido, elegante, pero ahora también implacable.
La Champions ha sido, hasta ahora, una barrera insalvable. Dos finales, dos derrotas. Pero si el capitán mantiene este nivel, si sigue apareciendo justo cuando el partido lo exige, la pregunta ya no es si Arsenal puede competir con los gigantes de Europa.
La pregunta es otra: quién se atreve a apostar en contra de un Arsenal con Martin Odegaard en el punto más alto de su carrera.






