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Luis Enrique: Lo más importante es ganar a Strasbourg

Luis Enrique se sentó ante los micrófonos con la calma de quien sabe que el gran examen llega el martes, pero que no piensa regalar ni un minuto del presente. París mira de reojo a Barcelona y a ese duelo por el liderato de la Champions en el Parc des Princes, pero el técnico dejó claro que, antes de todo eso, hay una última tarea innegociable: salir vivo de Strasbourg.

El partido de mañana cierra la semana antes de la visita del Barça, y la pregunta era obligada: ¿rotaciones masivas pensando en Europa? El asturiano cortó cualquier intento de sacar pistas.

“No quiero explicar nada. Cada vez que elegimos el once, pensamos en el corto, medio y largo plazo”, respondió, seco, fiel a un discurso que no regala información al rival.

La idea, sin embargo, sí la dejó clara: “Lo más importante es ganar a Strasbourg, luego preparar de la mejor manera el siguiente partido e intentar ganar cada partido”. Un mensaje sencillo, casi obsesivo. Partido a partido, pero con la exigencia al máximo.

Entre el Etihad y la Ligue 1

El contraste marca la actualidad de Paris Saint-Germain. Vienen de firmar un triunfo de autoridad, 4-2 en el Etihad Stadium ante Manchester City, una victoria que les ha devuelto peso europeo y confianza de vestuario grande. En casa, en la Ligue 1, el relato es menos brillante.

PSG es sexto en la tabla, a tres puntos del líder Monaco. No es una crisis, pero sí un recordatorio constante de que el dominio doméstico ya no es automático. Cada tropiezo alimenta el debate y cada victoria europea se acompaña de la misma pregunta: ¿se dosifica demasiado el equipo en el campeonato?

Enzo Maresca encendió la mecha tras caer ante los parisinos, apuntando a la supuesta ventaja de PSG por poder rotar más en la liga. Luis Enrique no dejó pasar el comentario.

“Es el ruido habitual que rodea a un equipo como Paris”, lanzó el técnico. “Antes de que yo llegara al club, ya escuchaba que este equipo nunca ganaría la Champions por el nivel de la competición doméstica. Luego, cuando ganas, la gente busca excusas y se queja. Así es la vida, y lo aceptamos”.

No levantó la voz, pero el mensaje fue directo. Gane o pierda, PSG siempre será acusado de algo. O de no competir en Europa, o de no respetar la liga. Y Luis Enrique parece decidido a convivir con ese ruido sin que le tiemble el pulso.

Alerta Strasbourg

Por mucho que la cita con Barcelona monopolice titulares, el entrenador se encargó de bajar la euforia y poner el foco en un rival que, según él, no permitirá una noche cómoda.

Sobre Strasbourg, el asturiano fue claro: nada de relajación, nada de trámite. Advirtió de la calidad del conjunto alsaciano y del peligro de pensar en Champions antes de tiempo. No dio nombres, no detalló planes, pero sí dejó la sensación de que el partido se prepara con el mismo rigor que una gran noche europea.

El dilema, como siempre a estas alturas de temporada, está en las piernas. Gestionar minutos sin perder puntos. Competir sin quemar a los jugadores clave. Luis Enrique evitó entrar en el juego de las pistas, pero su discurso sobre el corto, medio y largo plazo sugiere una alineación medida al milímetro.

El sello Luis Enrique: correr “como locos”

En medio de las preguntas tácticas y de planificación, surgió una cuestión más de fondo: ¿se puede enseñar su estilo de juego? La respuesta fue tan simple como contundente.

“Es muy fácil, hay que correr como locos, es sencillo”, soltó, reduciendo su idea a una exigencia física y mental que no entiende de edades. “No depende de la edad, sino de tu calidad técnica y tu mentalidad. Esa es la clave: estar preparado para atacar y defender”.

No es una frase bonita para la galería; es una declaración de principios. En su PSG no hay espacio para el futbolista contemplativo. Se corre, se muerde, se ataca y se repliega. Da igual el nombre, da igual el dorsal.

Mientras París sueña con tumbar a Barcelona y asegurarse la cima de su grupo en la Champions, Luis Enrique insiste en algo más terrenal: primero Strasbourg, luego ya se verá. La temporada se mide en noches grandes, sí, pero también en esos campos donde no hay focos de gala y donde se decide si un proyecto aspira a dominarlo todo o se queda a medio camino.