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Lia Walti: Del desencanto en Italia a un nuevo hogar en la WSL

Lia Walti no se anduvo por las ramas al mirar atrás a su año en Italia. La centrocampista suiza de Brighton lo resumió con una frase que pesa: echaba de menos “sentirse valorada como futbolista”. Y, para ella, ese lugar sigue estando en la Women’s Super League.

Capitana de Suiza, pieza clave durante siete temporadas en Arsenal, cuatro títulos mayores a sus espaldas —incluida la Champions y la WSL—, Walti decidió el verano pasado salir de su zona de confort. Firmó por Juventus en busca de un nuevo reto. Lo encontró, pero no en el sentido que imaginaba.

“Las diferencias en profesionalismo eran extremas”, explicó a BBC Sport. Un año después, maleta hecha y billete de vuelta a Inglaterra. Brighton la presentó el mes pasado tras un traspaso por una cantidad no revelada.

“Es una realidad”: el estándar inglés frente al resto

Walti mide bien sus palabras cuando habla de la Serie A femenina, pero no maquilla el contraste.

“Es una diferencia enorme. Es difícil hablar de ello. No quiero hablar demasiado negativamente de la liga italiana, no es mi objetivo”, matiza. Pero enseguida entra al fondo de la cuestión: “El fútbol en Inglaterra, en la WSL, tiene un estándar que no es comparable con ninguna otra liga”.

Lo que más le dolió no fue solo la organización, sino la sensación de entorno. De cultura. De pertenencia.

“Es un poco triste y decepcionante ver que muchas chicas en el extranjero no tienen las mismas oportunidades o estándares en términos de entornos profesionales”, lamenta. Su año en Italia le dejó claro que lo que se vive en Inglaterra “no es la norma”.

Estadios vacíos, fútbol sin eco

Walti no habla solo de entrenamientos, salarios o estructuras. Habla de ruido. De ambiente. De esa electricidad que recorre un estadio cuando el balón echa a rodar.

“Echaba de menos sentirme valorada como futbolista, sentir que recibíamos todo el apoyo que necesitábamos”, reconoce. “Tenemos buenas estructuras, buenos campos donde podemos jugar nuestros partidos. En Italia no teníamos absolutamente ninguna cultura de aficionados, no solo en Juve, en general”.

La imagen es contundente: “En Italia estaba vacío. Cada partido se sentía un poco así. Echaba de menos la sensación que tenía antes cuando jugaba al fútbol”.

En Inglaterra, incluso los escenarios modestos le parecían otra cosa. “Cuando has sido parte de ese crecimiento en Inglaterra, con las culturas de aficionados, los estadios llenos —incluso los que son muy pequeños—, son emocionantes para jugar”.

A sus 33 años y tras 183 partidos con Arsenal, Walti sabe perfectamente la diferencia entre jugar un encuentro… y vivirlo.

Una generación que empujó el cambio

La centrocampista suiza forma parte de esa generación que ha empujado el fútbol femenino en Inglaterra a otro nivel. Capitana de su selección en la Euro 2025 en casa, más de cien internacionalidades con Suiza, ha visto el antes y el después.

Para ella, el crecimiento en Inglaterra no fue casualidad. Fue estrategia y decisión.

“Creo que tienes que llevar el juego a la gente. Tienes que obligar un poco a la gente a verlo. Sentí que así empezó en Inglaterra”, explica.

En otros países, su diagnóstico es duro: “Tienen una mala cobertura. No se emite en televisión o, si se emite, desde donde lo graban es realmente pobre. Afecta a la forma en la que ves un partido. No ves la velocidad, la táctica ni nada y no disfrutas del juego”.

El contraste con la WSL es evidente para ella: “En Inglaterra, en los grandes estadios, puedes tener grandes ángulos de cámara. Creo que la gente disfruta más viéndolo”.

El césped, la base de todo

Para Walti, la televisión es solo una pieza. El problema va mucho más al ras del suelo. Literalmente.

“Lo que más falta empieza por la calidad de los campos. En muchos países juegas o en los peores artificiales o en las peores hierbas naturales”, denuncia. Y lanza una comparación que lo dice todo: “Incluso si un equipo de la Premier League jugara allí, probablemente se vería horrible, porque simplemente no es posible jugar bien al fútbol en ellos”.

No señala solo a Italia. Mira también a casa. “En todas las otras ligas, ¿por dónde empiezas? Es muy difícil. Tenemos los mismos problemas en Suiza”.

Su mensaje es claro: primero hay que invertir, luego esperar el retorno. “Tienes que dar el primer paso, invertir dinero en todas esas cosas antes de recibir algo a cambio. Creo que muchos países no tienen ese dinero o esa paciencia”.

Privilegio, frustración y talento perdido

Walti se sabe privilegiada. Y por eso mismo le duele más lo que ve fuera de Inglaterra.

“Antes no teníamos buenas condiciones. No era profesional. Nuestros primeros salarios no eran suficientes para vivir”, recuerda sobre sus inicios. Hoy, con la WSL consolidada y un ecosistema profesional alrededor, le cuesta aceptar que ese nivel sigue siendo una excepción.

“Viendo el crecimiento en Inglaterra y estando con jugadoras que intentan impulsar el juego en sus propios países, te sientes frustrada al ver todavía la realidad”, admite. “A veces olvidas, cuando estás en tu propia burbuja, que esto no es la norma. Solo eres una de las afortunadas que puede experimentarlo”.

La consecuencia, según ella, es devastadora: “Mucho talento en el fútbol femenino se pierde porque están en malos entornos donde nadie las ve o no tienen la oportunidad de alcanzar su potencial”.

Intentó cambiar cosas en Italia. Se topó con un muro. “Trato de tener impacto y creo que eso fue muy difícil en Italia porque sentía que cuando alzábamos la voz, no pasaba nada, y eso era frustrante”.

Brighton, un proyecto que la convenció

Con un año todavía de contrato en Juventus, Walti se sentó a pensar. Qué quería. Qué no estaba dispuesta a repetir. El nombre de Brighton apareció pronto en la lista.

No fue casual. El club inglés lleva años construyendo un proyecto específico para su equipo femenino. En 2021, el conjunto se mudó a las instalaciones del American Express Elite Football Performance Centre, fruto de una inversión de 8,5 millones de libras. En abril, el club presentó sus planes para el primer estadio de fútbol femenino construido ex profeso en Europa, con un coste estimado entre 75 y 80 millones.

En el césped, la apuesta también se nota: mercado de fichajes ambicioso, final de la Women’s FA Cup alcanzada por primera vez en mayo y un objetivo declarado bajo el mando de Dario Vidosic: meterse en el top 3 de la WSL.

Walti sintió que encajaba en esa hoja de ruta. “Después de la experiencia en Italia, sabía un poco mejor lo que probablemente quería o no quería”, confiesa. Ya antes de hablar con el club, tenía buena sensación: “Tenía bastante confianza en Brighton porque había estado en la liga y había visto lo que el club estaba haciendo”.

El boca a boca hizo el resto. “He oído de otras jugadoras que el club estaba invirtiendo mucho y solo escuché cosas realmente positivas. No hay mejor feedback que el de otras jugadoras”.

El primer contacto confirmó su intuición. “En cuanto empecé a tener los primeros momentos con el club, me demostró que este es el lugar adecuado: que se preocupa por el fútbol femenino, que invierte en el fútbol femenino y que tiene a la gente adecuada en los puestos clave”.

Ahora, con la camiseta de Brighton sobre los hombros y la WSL de nuevo como escenario, Walti vuelve al entorno que siente como propio. La pregunta ya no es por qué se fue de Italia, sino hasta dónde puede llegar este Brighton si su apuesta por el fútbol femenino mantiene el ritmo que ella exige al resto del mundo.