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El legado de Salah en Liverpool y el futuro del club

En Liverpool aprendieron la lección tarde, pero la aprendieron. Bajo el mandato de Jürgen Klopp se les acusó, con razón, de estirar demasiado el ciclo ganador, de apurar a una generación hasta que el pico competitivo se convirtió en pendiente. El relevo en el centro del campo llegó de golpe, casi como una confesión: Alexis Mac Allister, Dominik Szoboszlai y Ryan Gravenberch en un solo verano.

El inicio fue irregular, como casi siempre cuando se rompe una zona tan sensible. Pero el tiempo acabó dándoles la razón: ese trío se transformó en el corazón de un centro del campo campeón de liga. Paradójicamente, bajo un entrenador que ya no está en el cargo. El fútbol no espera a nadie, ni siquiera a los que parecen haber reconstruido con éxito.

En ese contexto se entiende mejor la figura de Mo Salah y el desgaste que rodeó su último tramo en Anfield. Para muchos, el principio del fin de Arne Slot llegó con su gestión del egipcio: suplencias, decisiones discutidas y, sobre todo, el estallido público del propio futbolista, que se sintió “chivo expiatorio” del mal momento colectivo. Cuando un icono se siente señalado, el ruido se multiplica.

Hoy, a sus 34 años, Salah ha firmado por el equipo que terminó tercero en la liga turca la pasada temporada. Un destino que ha dejado perplejos a muchos aficionados del Liverpool, que esperaban, como mínimo, un escenario más acorde con el peso histórico del jugador. La pregunta es inevitable: ¿es un paso atrás del futbolista o un síntoma de que su techo en la élite europea ya estaba superado?

Se puede leer de otra manera. Quizá este movimiento retrata a un jugador que ya había rebasado su pico en Anfield. Sí, Salah guardó una de sus mejores temporadas para una de sus últimas con la camiseta roja. Ese curso 2022-23 con Klopp, en el que Liverpool peleó por los cuatro títulos, fue una exhibición de resistencia competitiva… y quizá también el último gran esfuerzo antes del desgaste definitivo. El desplome posterior del equipo no fue casualidad.

La duda que sobrevuela ahora Anfield es incómoda pero necesaria: ¿debió el club adelantarse y cortar antes el cordón umbilical con su gran estrella reciente? La frase célebre de Jamie Carragher resuena con fuerza: “deja el fútbol antes de que el fútbol te deje”. Adaptada al caso Salah, la reflexión es aún más cruda: “deja al futbolista antes de que el futbolista te deje”.

Porque, en lo estrictamente deportivo, Salah podría seguir siendo titular el día inaugural de la próxima temporada si aún estuviera en la plantilla. La falta de alternativas con experiencia le abriría la puerta de par en par. Pero ¿sería eso lo mejor para el Liverpool? ¿O ha llegado el momento de asumir el vacío, mirar al frente y empezar ya el casting para encontrar a su heredero en la banda derecha?

Los nombres empiezan a circular. Las miradas apuntan a París: han aparecido vínculos con Ibrahim Mbaye del PSG, mientras los informes insisten en que el club sigue detrás de su compañero Bradley Barcola. Dos perfiles distintos, una misma necesidad: aire nuevo, piernas jóvenes, ideas frescas para un ataque que ya no puede vivir de lo que fue Salah.

Lo que nadie discute es el legado. Salah es, y será siempre, una leyenda del Liverpool. Un jugador que cambió la dimensión del club, que convirtió goles imposibles en rutina y noches europeas en costumbre. Pero su último movimiento, rumbo a Turquía, lanza un mensaje nítido: el ciclo se cerró. Para el jugador. Para el club. Para una era que ya pertenece a la memoria.

La verdadera cuestión, a partir de ahora, no es cómo se recordará a Salah, sino quién se atreverá a ocupar el lugar que deja vacío en Anfield. Y si el Liverpool tendrá la valentía de construir sin mirar constantemente hacia atrás.