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El legado de Bartomeu y la transición del Barça bajo Laporta

Cuando Josep Maria Bartomeu dimitió en octubre de 2020, el palco del Camp Nou quedó vacío y chamuscado. No fue una salida, fue un derrumbe. El club había ganado cuatro Ligas y un triplete con él en la presidencia, pero se marchó dejando al Barça al borde de la quiebra técnica, con el vestuario envejecido y las cuentas al límite.

Bartomeu sigue defendiendo su legado. Señala a la pandemia. Repite que el cierre del estadio, la ausencia de abonos, la tienda clausurada, el museo vacío y las escuelas de fútbol paradas provocaron un problema de caja que solo podía resolverse endeudándose. “Eso les pasó a la mayoría de clubes de Europa”, argumentó este mismo año en una entrevista con EFE.

El matiz es demoledor: casi nadie estaba tan expuesto como el Barça. Y esa vulnerabilidad llevaba su firma.

Fichajes millonarios, éxito mínimo

Entre julio de 2015, cuando fue reelegido tras el triplete, y su salida en octubre de 2020, el Barça fichó 29 jugadores por algo más de 1.000 millones de euros. Ninguno puede calificarse de éxito rotundo. Ni uno.

Peor todavía, los fracasos más sonados —Ousmane Dembélé, Philippe Coutinho, Antoine Griezmann— no solo no rindieron como se esperaba, sino que destrozaron la estructura salarial del club. Bartomeu desoyó la recomendación de LaLiga de no superar el 70% de los ingresos anuales en salarios. Se jactaba: “Estamos por encima de lo recomendado, pero lo importante es ser sostenibles. Podemos permitírnoslo”.

No pudieron. Ni durante la pandemia, ni después.

Cuando estalló el coronavirus, el Barça tenía una plantilla cargada de veteranos con sueldos gigantescos e imposibles de colocar. La bomba explotó en manos de Joan Laporta, elegido presidente en marzo de 2021. Y la primera consecuencia fue histórica: dejar marchar a Lionel Messi gratis tras acabar su contrato ese mismo verano.

“Yo hice lo que tenía que hacer”, explicó Laporta a El País este año. “Leo estaba cerca del final de su carrera y teníamos que construir un nuevo equipo. ¿Me habría gustado hacerlo con él? Sí, y lo intentamos. Pero no pudo ser”.

Messi se fue, pero el agujero seguía ahí. Y era mucho más profundo de lo que muchos imaginaban.

Dos caminos, una apuesta extrema

Laporta se encontró ante una encrucijada. Marc Menchen Alba, CEO de la consultora barcelonesa 2Playbook, lo resume sin rodeos: “Laporta básicamente tenía dos opciones. La primera era centrarse solo en reducir la masa salarial y vender jugadores, lo que habría reducido claramente la competitividad del equipo y habría significado atravesar un desierto futbolístico durante dos o tres años”.

La otra ruta era mucho más agresiva: “Intentar ingresar la mayor cantidad de dinero posible, y lo más rápido posible, vendiendo activos futuros para volver a ganar de inmediato”.

Laporta eligió el riesgo.

En el verano de 2022, el Barça ingresó 582 millones de euros vendiendo el 25% de sus derechos de televisión de LaLiga para los siguientes 25 años a la firma de inversión Sixth Street. Fue la palanca más potente de varias operaciones similares con las que el presidente intentó desatascar la situación.

La idea era clara: hipotecar ingresos futuros para tapar déficits presentes, confiando en que el éxito deportivo aceleraría la recuperación económica. Menchen lo recuerda bien: “Pensé que era un movimiento valiente. Pero no me gustó, porque creía que había formas más seguras de hacerlo”.

Al principio, la jugada pareció brillante. Gracias a esas palancas, el Barça fichó a Robert Lewandowski por 45 millones de euros, además de Raphinha y Jules Koundé por un total de 108 millones. El golpe fue inmediato: LaLiga volvió al escaparate del Camp Nou en 2023, cuatro años después del último título.

Pero el precio de ese sprint empezó a notarse pronto.

Veranos al límite y una afición harta

La apuesta de Laporta convirtió cada ventana de fichajes en un ejercicio de funambulismo. “El movimiento de alto riesgo de Laporta hizo que el Barça sufriera casi todos los veranos”, apunta Menchen. “Siempre nos preguntábamos si el club podría inscribir a los nuevos jugadores”.

El verano de 2024 llevó esa tensión al extremo. Y la paciencia de la grada se quebró con el caso Dani Olmo. El fichaje se escapó, la sensación de improvisación se disparó y la afición estalló.

El grupo de socios Som un Clam emitió un comunicado durísimo: calificó la situación de “inadmisible” y habló de un daño “irreparable” a la reputación del club. Acusó a la directiva de “mentiras continuas” y “promesas falsas” que nunca se cumplen y acaban perjudicando a la entidad.

El texto fue un acta de acusación completa: en solo cuatro años, denunciaban, el Barça había “descapitalizado” activos estratégicos mediante las famosas palancas, sin un plan financiero sólido ni una estrategia coherente a medio y largo plazo. Reclamaban el fin de la improvisación, el cese de las ventas irresponsables y, de forma explícita, la dimisión del presidente y de toda la junta.

Pedían, en definitiva, un cambio de rumbo. Y lo pedían a gritos.

Del incendio al control: menos fichajes, más Masia

En medio de ese ambiente enrarecido y con el eterno retraso de las obras del nuevo Camp Nou como telón de fondo, Laporta aguantó. Y, año y medio después, el paisaje empieza a ser otro.

La pasada temporada, el club apenas hizo una gran inversión: Joan García. Un portero joven, con cláusula de 25 millones en el Espanyol. Un fichaje de oportunidad, no de lujo.

Al mismo tiempo, el Barça ingresó casi el doble de esa cifra vendiendo a un buen número de jugadores formados en La Masia. Esas ventas tienen un valor contable enorme: son beneficio limpio, sin coste de traspaso que amortizar.

Menchen lo ve como un giro clave: “Con jugadores como Lamine Yamal y Pau Cubarsí se ve hasta qué punto La Masia es importante para el Barça. Los canteranos saben perfectamente cómo jugar en el primer equipo, lo que reduce la necesidad de gastar en fichajes”.

Pero el valor no se queda en el césped. “La Masia también sirve para producir jugadores con un valor de mercado relativamente alto y, en las últimas ventanas, hemos visto al Barça vender muy bien a graduados de la cantera. Antes muchos se iban gratis, porque el club intentaba hacerles hueco y no podía. Ahora vemos chicos de 18 o 19 años, desconocidos para la mayoría de aficionados, que se marchan por 5 o 10 millones de euros. Eso ayuda muchísimo a cuadrar el presupuesto”.

No es un fenómeno aislado. “El Real Madrid hace lo mismo con La Fábrica —recuerda Menchen—. Por eso ha podido pagar a Yan Diomande y otros grandes nombres este verano. Cada año, Barça y Madrid invierten entre 20 y 30 millones en sus academias, y este año están recogiendo los frutos”.

Ventas clave y un mercado aún condicionado

Este verano, el gasto en fichajes ha sido elevado y el balance neto sigue siendo muy negativo. Sin embargo, el Barça ha encontrado aire en operaciones muy concretas.

Convenció a Paris Saint-Germain para pagar 48,5 millones de euros por Ferran Torres. Dejó salir a Lewandowski gratis, pero liberando una ficha altísima. Y el acuerdo con Liverpool, que asume el 100% del salario de Ronald Araújo durante su cesión en Anfield, alivió todavía más la masa salarial.

Con ese contexto, surge la gran pregunta del ataque: ¿puede el Barça lanzarse a por Julián Álvarez para cubrir el vacío que deja Lewandowski? Menchen, de momento, se muestra escéptico. Aunque abre una puerta muy concreta.

“Hay que recordar que esto va de caja. Si vendes, por ejemplo, a Marc Casadó por treinta millones, podrías cubrir el coste de Julián Álvarez para esta temporada, porque el coste de un fichaje se amortiza y se reparte durante la duración del contrato”, explica.

La ecuación es clara: más ventas de canteranos, más margen inmediato. Y, a medio plazo, un cambio aún más profundo.

La combinación de esas ventas, la futura finalización del nuevo Camp Nou y el aumento previsto de los ingresos del museo ligado al regreso del turismo a Barcelona dibuja un horizonte distinto. Menchen es optimista: el Barça podría operar con plena libertad financiera el próximo verano por primera vez desde antes de la pandemia.

¿Fin del túnel o simple tregua?

¿Se han acabado ya los problemas financieros del Barça? “Por ahora, sí”, responde Menchen. Introduce, eso sí, un matiz incómodo: los 40 millones anuales que el club sigue pagando a Sixth Street por los derechos de LaLiga.

Puede parecer una cantidad asumible para una entidad que aspira a facturar mil millones al año, pero en la élite todo se decide en detalles. “Es un juego de márgenes pequeños —advierte— y podría marcar la diferencia entre que el Barça pueda fichar a un jugador que también quiere el Madrid, o no”.

Pese a esa carga, el analista cree que el club ha dejado atrás lo peor. “Creo que estamos viendo el principio del fin de los problemas financieros más serios del Barça. Laporta tomó una decisión de alto riesgo, del tipo que a veces debe tomar un presidente, y con el paso del tiempo sentirá que tenía razón, especialmente con el equipo ganando tres de las últimas cuatro Ligas”.

No todo han sido aciertos. Menchen no lo disimula: “Sigo pensando que habría sido mejor revisar el gasto y evitar algunos fichajes. Habría ahorrado dinero y quizá no habría sido necesario vender derechos de LaLiga a futuro”.

El futuro, admite, sigue abierto. Nadie sabe qué traerán los próximos años. Pero hay una certeza que, en el Camp Nou provisional y en los despachos, suena casi a liberación: el Barça ya no está obligado a tirar de más palancas.

Después de una década “rara y loca”, como muchos dentro del club la describen, la pregunta ya no es cuánto más puede vender el Barça, sino si sabrá gestionar, por fin, un proyecto ganador sin volver a jugarse el futuro a una sola carta.