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LDU de Quito y Palmeiras: Drama en los penales en la Libertadores

En la altura del Estadio Rodrigo Paz Delgado, este duelo de 1/4 final de CONMEBOL Libertadores entre LDU de Quito y Palmeiras se decidió en el detalle más cruel: una tanda de penaltis que coronó al visitante tras un 3-2 en los 90 minutos y 3-3 global con la serie desde los doce pasos cerrada 3-4. Fue un partido que condensó las identidades de ambos: la fiereza local de LDU, invicta en casa en el torneo, contra la solvencia competitiva de un Palmeiras que había llegado a Quito sin derrotas fuera de casa.

En términos de recorrido, LDU aterrizaba en esta eliminatoria como líder del Grupo G con 12 puntos, un diferencial de +3 (8 goles a favor y 5 en contra en total) y un pleno en casa de 3 victorias, 7 goles anotados y solo 2 encajados. Su campaña global en Libertadores mostraba un equipo muy condicionado por el contexto: en total llevaba 10 partidos, con 5 triunfos, 2 empates y 3 derrotas; en casa, 5 encuentros sin perder, 4 victorias y 1 empate, con 11 goles a favor y 5 en contra, promediando 2.2 goles anotados y 1.0 recibidos en casa. Lejos de Quito, en cambio, apenas 0.4 goles marcados por partido. Palmeiras, por su parte, llegaba desde el Grupo F como segundo con 11 puntos y un diferencial de +5 (10 a favor, 5 en contra en total de fase de grupos), y una carta de presentación muy sólida fuera: 3 partidos, 1 victoria y 2 empates, 4 goles anotados y solo 2 encajados. En el acumulado de la Libertadores 2026 sumaba 10 partidos, con 5 victorias, 4 empates y solo 1 derrota, 16 goles a favor y 9 en contra, un promedio estable de 1.6 tantos anotados tanto en casa como en sus desplazamientos.

La propuesta inicial de Gustavo Álvarez fue agresiva: un 3-4-1-2 que convertía a LDU en un bloque largo, dispuesto a morder arriba. G. Valle bajo palos, con una zaga de tres formada por Richard Alexander Mina Caicedo, Ricardo Ade y L. Segovia, sostenía el riesgo de adelantar líneas. Por fuera, M. Weigandt y Yerlin Quinonez como carrileros daban amplitud y metros, mientras que Sebastían González Baquero y J. Rodríguez equilibraban por dentro. Por delante, L. Rodríguez como enganche y el doble punta J. Corozo – M. Estrada como amenaza permanente al espacio.

Enfrente, Abel Ferreira respondió con un 3-4-2-1 de libro, diseñado para controlar el ritmo y castigar cualquier desajuste. Carlos Miguel en portería, línea de tres con Murilo, Bruno Fuchs y A. Barboza, carriles largos para A. Giay y J. Piquerez, doble pivote con Marlon Freitas y Lucas Evangelista, y dos mediapuntas muy móviles, J. Arias y Andreas Pereira, por detrás de J. López, referencia y primer defensor. Una estructura que, sobre el papel, se adaptaba bien a la altura: bloques cortos, circulación paciente y mucha gente por dentro para no partir el equipo.

Las ausencias no fueron protagonistas —no se registraron bajas confirmadas—, así que el peso del relato recayó en la gestión de los recursos disponibles y en el manejo emocional de un partido de 120 minutos. Ahí, los datos previos ya dibujaban un subtexto disciplinario. LDU es un equipo que vive al límite en el medio tramo del partido: el 20.83% de sus tarjetas amarillas en el torneo llega entre el 46’ y el 60’, y otro 16.67% entre el 61’ y el 75%. Palmeiras, en cambio, concentra un 33.33% de sus amarillas entre el 76’ y el 90’ y, lo más llamativo, el 100% de sus expulsiones en el tramo 61’-75’. Andreas Pereira, titular en Quito y protagonista de la lista de rojas del torneo con una expulsión, encarnaba ese filo: un mediocentro creativo que vive cerca del límite, obligado a medir cada entrada en un contexto donde un mal timing podía torcer una eliminatoria.

En el plano ofensivo, el duelo “Cazador vs Escudo” tuvo varios niveles. Por LDU, M. Estrada llegaba como máximo goleador del equipo en el torneo con 3 tantos y 1 asistencia en 10 apariciones, además de 23 remates totales. Su rol en este 3-4-1-2 iba más allá del gol: fijar centrales, ofrecer apoyos y liberar a J. Corozo, uno de los grandes asistentes de la Libertadores con 3 pases de gol en apenas 439 minutos. Corozo, más ligero y encarador, es el socio que rompe líneas y castiga la espalda de los centrales. El “escudo” de Palmeiras estaba formado por Murilo, Bruno Fuchs y A. Barboza, sostenidos por un equipo que en total solo había recibido 9 goles en 10 partidos, con un promedio de 1.0 tanto encajado fuera de casa. La misión: contener a Estrada en el área y cerrar las líneas de pase hacia Corozo y L. Rodríguez entre líneas.

Del lado brasileño, el foco ofensivo era múltiple. J. Arias, también con 3 goles y 2 asistencias en el torneo, llegaba como uno de los centrocampistas más influyentes de la Libertadores: 312 pases totales, 24 claves y 31 regates intentados, 16 de ellos exitosos. A su lado, J. López completaba el binomio letal: 3 goles, 4 asistencias, 21 disparos y 17 pases clave, además de un impacto físico enorme en los duelos (149 disputados, 77 ganados). El reto para la zaga de tres de LDU, con L. Segovia como uno de los líderes defensivos —360 pases con 86% de acierto y 6 bloqueos de disparo—, era doble: no solo contener al “9”, sino también seguir las recepciones entre líneas de Arias y Andreas Pereira, que tienden a recibir a espaldas de los mediocentros.

En la “sala de máquinas”, el cruce era fascinante. Sebastían González Baquero y J. Rodríguez debían equilibrar la agresividad de LDU con la pausa de Marlon Freitas y Lucas Evangelista, mientras Yerlin Quinonez, uno de los jugadores más amonestados del torneo con 4 amarillas, tenía que dosificar su intensidad por banda derecha. Su perfil es clave: 19 entradas, 9 intercepciones y 82 duelos disputados, pero también 14 faltas cometidas. Enfrente, los interiores de Palmeiras —con Arias y Andreas Pereira flotando por dentro— estaban preparados para atraer contacto, girar y acelerar transiciones.

El desenlace por penaltis tuvo, además, un trasfondo estadístico premonitorio. LDU había cobrado 5 penales en el torneo antes de esta noche, con solo 3 convertidos y 2 fallados: un 60.00% de eficacia que ya hablaba de una relación tensa con la distancia de once metros. Palmeiras, en cambio, llegaba con 7 penales lanzados, 6 anotados y solo 1 fallado, para un 85.71% de acierto. En una eliminatoria que se estiró hasta los 120 minutos y terminó en la tanda, esa diferencia en el historial desde el punto fatídico pesó como una losa invisible.

Desde la óptica táctica y estadística, el veredicto es claro: LDU fue fiel a su ADN de fortaleza en casa, sosteniendo un ritmo alto y encontrando el gol hasta firmar un 3-2 que, en otras noches, habría sido definitivo. Pero Palmeiras demostró por qué su campaña total habla de solidez: un equipo que encaja poco, que compite bien fuera y que, cuando todo se reduce a la precisión y al temple, tiene una relación mucho más saludable con los penaltis. En una serie tan fina, la diferencia entre la épica local y la clasificación visitante se escribió a once metros de distancia.

LDU de Quito y Palmeiras: Drama en los penales en la Libertadores