Lamine Yamal y su camino hacia el Balón de Oro
En el Barça ya no se habla solo en voz baja del Balón de Oro para Lamine Yamal. La campaña, si es que puede llamarse así, ha salido del vestuario. Y lo ha hecho con nombres propios: Fermin Lopez y Pau Cubarsí, dos de los compañeros que mejor le conocen, han decidido dar un paso al frente.
En declaraciones a Mundo Deportivo y RAC1, Fermin no dudó un segundo cuando le preguntaron si veía a Yamal como el gran favorito al premio más prestigioso del fútbol mundial. La respuesta fue directa, sin rodeos: para él, sí.
“Lo veo cada día, es espectacular y ha hecho un año increíble en el Barça”, subrayó el centrocampista, que convive con el extremo en el día a día y sabe de primera mano el impacto que ha tenido en el equipo.
Yamal, que en las últimas semanas ya había encendido el debate al reivindicar públicamente sus credenciales para el Balón de Oro y lanzar algún dardo sutil a Harry Kane, ha encontrado ahora un altavoz poderoso en el propio vestuario azulgrana. No es solo un joven que se cree preparado. Es un grupo que empieza a decir en público lo que ya comentaba en privado.
Mundial a medias, título completo
Fermin también se detuvo en el papel de Yamal con la selección. Recordó que el atacante llegó al Mundial tocado físicamente y que eso le impidió mostrar su mejor versión. Pero el desenlace fue inapelable: campeón del mundo.
“Creo que lo merece”, remarcó el centrocampista, enlazando el rendimiento en el Barça con el peso simbólico de levantar el mayor trofeo de selecciones, incluso sin estar al cien por cien.
El elogio no le impidió reconocer la temporada de Harry Kane. Fermin fue claro: el delantero del Bayern Munich también ha hecho méritos y debería estar, como mínimo, en el podio. “Kane es también un gran jugador y seguro que estará en el top tres. Ojalá Lamine pueda ganarlo”, añadió, dibujando el escenario que muchos imaginan: un pulso directo entre el inglés y la nueva joya azulgrana.
Cubarsí, sin medias tintas
Pau Cubarsí, otra de las irrupciones deslumbrantes del Barça, se alineó sin matices con su compañero. El central entiende perfectamente que Yamal se reivindique y hable abiertamente del Balón de Oro.
“Entiendo que esté haciendo campaña. Es el que más lo merece y ojalá lo gane”, afirmó el defensa, que vive muy de cerca el impacto que genera el extremo cada vez que toca el balón.
No es solo una cuestión de números. En el vestuario perciben que Yamal ha cambiado la manera de atacar del equipo, que condiciona a las defensas rivales y que, a pesar de su edad, sostiene responsabilidades propias de una estrella consagrada.
Una amistad que va más allá del césped
Entre tanto debate sobre premios, hay una historia que explica mejor que cualquier estadística quién es Lamine Yamal por dentro. Fermin López y él mantienen una relación especial, una amistad que se ha reforzado entre lesiones, viajes y sueños compartidos.
Fermin se perdió el Mundial por lesión. Mientras el mundo miraba a la selección, él lo vivía desde fuera, con la frustración de quien siente que el tren pasa demasiado pronto. Y en medio de ese escenario, Yamal preparó un gesto silencioso para su amigo.
El extremo tenía lista una camiseta especial, escondida bajo la elástica oficial, preparada para ser mostrada si marcaba un gol en uno de los partidos. Un guiño íntimo, un homenaje a Fermin, que habría aparecido en pleno escaparate mundial.
El problema es que el gol nunca llegó. La celebración soñada se quedó en la nada. El mundo no vio la camiseta. Fermin tampoco. Se enteró después, por el fotógrafo de Yamal. “El gesto es lo que cuenta, porque su fotógrafo me lo dijo. Es un detalle muy bonito que, por desgracia, no pudo ser”, explicó el centrocampista.
Socios en el juego y en la vida
Sobre el césped, la conexión entre ambos también se nota. Fermin lo resumió con naturalidad: “Es un amigo. Intento ponérselo fácil y ocupar los espacios porque atrae a muchos rivales hacia él”.
Es una descripción táctica y, al mismo tiempo, una declaración de intenciones. Yamal fija defensas, arrastra marcas, rompe esquemas. Fermin aparece donde el extremo abre el hueco. Uno desequilibra, el otro interpreta. Los dos se sostienen.
En el Barça, la sensación es que esa sociedad solo acaba de empezar. Y mientras el mundo discute si un chico de su edad puede o no ganar el Balón de Oro, en el vestuario la respuesta ya está dada. Sus compañeros no hablan de futuribles. Hablan de presente.
Si los premios individuales acaban reflejando lo que se vive a diario en el campo y en el vestuario, la pregunta ya no es si Lamine Yamal merece el Balón de Oro, sino cuánto tardará el fútbol en reconocerlo.






