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Kelechi Iheanacho y el penalti decisivo que lleva a Celtic a la final

Kelechi Iheanacho desata el caos: un penalti en el último suspiro lleva el título a un cara o cruz final

El balón ya se iba. El título, también. En Tynecastle, la gente de Heart of Midlothian empezaba a saborear una gloria que no conoce desde hace 66 años. En Fir Park, los jugadores de Celtic se resignaban a un golpe casi definitivo. Y entonces, en el minuto imposible, apareció el tipo del punto de penalti.

Kelechi Iheanacho, último suspiro del partido, último toque de la noche, convirtió una pena máxima tan polémica como decisiva para firmar el 3-2 de Celtic en el campo de Motherwell y empujar la Scottish Premiership hacia un final de temporada de los que marcan época. El sábado, en Glasgow, Celtic y Hearts se jugarán el título en un duelo directo con aroma a historia grande.

Un título que se escapaba… y volvió

La tarde parecía escrita para Hearts. En Edimburgo, el equipo de Derek McInnes cumplió con lo que le tocaba: 3-0 a Falkirk con goles de Frankie Kent, Cammy Devlin y Blair Spittal. Sólidos, mandones, con un Tynecastle encendido y pendiente a la vez de lo que pasaba a más de 60 kilómetros, en Fir Park.

Allí, Motherwell golpeó primero. Elliot Watt abrió el marcador y el rugido no se escuchó solo en su estadio: en Edimburgo, los aficionados de Hearts celebraron el tanto como propio. El sueño tomaba forma. Con Hearts ganando y Celtic por detrás, el primer título para un club que no fuera Celtic o Rangers desde 1985 quedaba al alcance de la mano.

Kent, con un cabezazo demoledor a los 29 minutos, y Devlin, con un disparo desviado que se convirtió en el 2-0, desataron la euforia en Tynecastle. Lágrimas de alegría, abrazos, teléfonos en alto siguiendo cada actualización desde Fir Park. El fútbol escocés se asomaba a un cambio de guardia.

Pero Celtic no sabe de rendiciones silenciosas. Daizen Maeda igualó en Motherwell y el ambiente en Edimburgo se enfrió. Cuando Benjamin Nygren firmó un segundo gol espectacular para los de Martin O’Neill, la atmósfera en Tynecastle se volvió casi fantasmal. Ya no importaba lo que hiciera Hearts: todo dependía de que Motherwell resistiera.

Motherwell asedia, Hearts sueña… y llega el VAR

En Fir Park, Motherwell se lanzó a por Celtic con una fe feroz. Un disparo desviado de Watt se estrelló en el larguero, el rebote de Tawanda Maswanhise lo sacó Viljami Sinisalo con una parada de reflejos, y el área visitante se convirtió en un territorio de angustia constante.

La recompensa llegó en el 85. Liam Gordon cazó el empate para Motherwell y, de nuevo, la onda expansiva viajó directo a Tynecastle. Los aficionados de Hearts volvieron a bailar, a creer, a pensar que esta vez sí, que la historia de 1986 no se repetiría.

Entonces apareció el episodio que cambiará las conversaciones en Escocia durante años.

En el descuento, un balón colgado al área de Motherwell fue despejado de cabeza por Sam Nicholson. El juego siguió. Ningún jugador de Celtic pidió nada. Pero el VAR llamó al árbitro John Beaton. Revisión en el monitor a pie de campo. Decisión: mano de Nicholson, penalti.

La reacción fue inmediata y furiosa. En el banquillo local, Jens Berthel Askou no daba crédito. Luego lo resumiría con una frase contundente: la decisión fue “impactante”. El técnico de Motherwell aseguró que no veía “ningún párrafo en el reglamento” que justificara esa pena máxima.

En Edimburgo, Derek McInnes miraba las repeticiones con una mezcla de rabia y resignación. Cuando habló para Sky Sports, no se guardó nada: “Es asqueroso. Estamos contra todos. No creo que sea penalti. Es muy pobre y parece que se lo han dado a [Celtic]. Son muy afortunados”.

Las palabras del entrenador de Hearts retratan el clima. Un equipo a un paso de romper el duopolio histórico, sintiéndose golpeado por una decisión arbitral que lo empuja a un último examen en campo enemigo.

Hielo en las venas, invasión en la grada

Mientras todo eso hervía alrededor, Kelechi Iheanacho se quedó solo con el balón y el silencio interior de quien sabe que lleva el título en la bota. Última acción del partido. Último latido.

Barrera de ruido, presión insoportable, un país pendiente. Iheanacho apenas pestañeó. Carrera corta, golpe seco, balón lejos del alcance de Calum Ward. 3-2 para Celtic. El pitido final fue casi simultáneo a la explosión.

La grada visitante se vino abajo. Invasión de campo, abrazos descontrolados, jugadores perseguidos por una marea verde. El penalti más discutido de la temporada mantenía viva la racha de seis victorias seguidas en liga y empujaba el campeonato a una última jornada de alta tensión.

Hearts llegará a ese día con 80 puntos. Celtic, con 79. El escenario: un Celtic Park que ya ha visto muchas coronaciones… y también algún derrumbe inesperado. A los de O’Neill solo les vale ganar. A los de McInnes, un empate les convertiría en el primer campeón fuera del binomio Celtic–Rangers desde 1985.

Los fantasmas de 1986 vuelven a la escena

En Edimburgo, nadie olvida lo que ocurrió hace 40 años. Hearts llegó al último día de la temporada 1985-86 invicto en 27 partidos de liga, dos puntos por delante de Celtic y necesitando solo un empate en Dundee para ser campeón.

Parecía imposible que se escapara. Pero apareció Albert Kidd, un aficionado de Celtic vestido de verdugo para Hearts, con dos goles tardíos en Dens Park. 2-0 para Dundee. Al mismo tiempo, Celtic arrasó 5-0 a St Mirren y se llevó el título por diferencia de goles. Hearts quedó destrozado.

La noche de Fir Park reabrió esas heridas. Otra vez un final de liga con Hearts al borde de la gloria, otra vez un giro dramático, otra vez Celtic como sombra insistente. La sensación de déjà vu es imposible de ignorar.

Ahora todo se decidirá en 90 minutos, quizá algo más, en Glasgow. Hearts solo necesita un punto, pero tendrá que conseguirlo en un estadio que no perdona debilidades. Celtic, empujado por la furia de sentirse vivo gracias a un penalti que todos discutirán, saldrá a devorar.

El guion ya está escrito a medias. Falta el desenlace. Y Escocia entera se pregunta: ¿será por fin el año de Hearts, o volverá Celtic a escribir otro capítulo cruel en esta vieja historia?