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Juventus logra remontada y apaga incendio interno

Juventus salió de España con algo más que tres puntos y un pleno impecable en la Europa League. Se llevó también un pequeño incendio interno que amenazó con eclipsar una remontada de carácter. El 2-1 final, con gol agónico de Randal Kolo Muani, llegó envuelto en miradas al banquillo y rumores de vestuario.

El partido se torció pronto. Hugo Alvarez adelantó a los locales y los bianconeri se marcharon al descanso 1-0 abajo, superados en intensidad y ritmo. En el intermedio, según relató después el propio vestuario, Luciano Spalletti levantó la voz. No fue un simple ajuste táctico: fue una llamada al orgullo.

La respuesta llegó tarde, pero llegó. Nick Woltemade firmó el empate y abrió un encuentro que parecía encallado. Con el 1-1 y media hora por delante, Spalletti movió piezas: en el minuto 70 retiró a Conceicao. Ahí empezó el otro partido.

El extremo portugués, de 23 años, descargó su frustración contra la zona del banquillo. Un puñetazo al lugar donde se sienta, gesto airado, y luego la carrera directa hacia el túnel. La escena, captada de reojo, encendió las alarmas. La Gazzetta dello Sport habló de choque con un miembro del cuerpo técnico y de tensión creciente en el entorno juventino.

El relato encajaba con la imagen. Pero Conceicao salió rápido a desarmarlo.

En declaraciones a Sky Sport Italia, el atacante negó cualquier enfrentamiento con el staff y defendió con firmeza su versión: golpeó su zona del banquillo, sí, pero no cruzó una palabra con nadie del cuerpo técnico. Aseguró que bajó al vestuario para cambiarse la camiseta, pasar por el baño y regresó al cabo de unos minutos. Nada más. Nada de bronca, nada de ruptura interna.

Spalletti, ya con el triunfo en el bolsillo, no dramatizó, pero tampoco le tendió una alfombra roja. El técnico dejó un mensaje nítido: si Conceicao está enfadado, que lo esté consigo mismo y con su actuación. Recordó que salió en el minuto 70, que hay otro partido en pocos días y que, si realmente hubo una mala actitud —algo que su staff no le confirmó—, el jugador tendrá que explicarse dentro del vestuario.

Mientras tanto, el césped contaba otra historia. Juventus, tocado por la reprimenda del descanso, cambió el gesto tras el paso por vestuarios. Más agresivo al balón, más duro en los duelos, más fiel a lo que entrena. Conceicao lo subrayó después: el equipo dio “una respuesta fuerte”, se reconoció en su fútbol, marcó dos goles y pudo hacer más.

La presión, esta vez, tuvo premio en el añadido. Kolo Muani apareció en el tiempo de descuento para sellar una victoria que mantiene el pleno europeo y sostiene el discurso de Spalletti: cuando Juventus aprieta de verdad, compite para ganar cualquier noche.

El portugués quiso llevar el foco hacia ahí, hacia la reacción colectiva y los tres puntos que pesan en la clasificación de la Europa League. Insistió en que lo importante es “seguir así”, construir a partir de esta segunda parte y trasladar esa versión al campeonato doméstico.

Porque el calendario no espera. Llega Lazio, lanzado en la liga, y el margen de error se estrecha. Spalletti necesita que la furia de Conceicao se convierta en gasolina competitiva, no en titulares incómodos. El equipo ya ha demostrado que sabe levantarse en Europa.

Ahora le toca hacerlo en Serie A, ante un rival en forma y con la tabla apretando. Juventus ya ha encontrado el tono en la segunda parte de una noche europea. Falta saber si será capaz de sostenerlo cuando la pelota vuelva a rodar ante Lazio.