James McClean: Lucha personal y desencanto en Derry City
James McClean, 103 veces internacional con la República de Irlanda, habla de su presente con una crudeza que desarma: está “luchando”. Y no lo dice por una entrada dura o una lesión de larga duración, sino por sentirse apartado en el club de su ciudad, Derry City, el lugar al que volvió en enero buscando refugio futbolístico y emocional… y donde hoy se siente “leproso”.
Del regreso soñado al desencanto
El veterano de 37 años regresó a Derry desde Wrexham con el aura del hijo pródigo. Era la vuelta a casa, al club de su infancia, al entorno que conocía de memoria. Sin embargo, desde principios de julio no ha vuelto a aparecer ni siquiera en una convocatoria.
En medio de esa ausencia, McClean cargó con dureza contra lo que definió como un intento “incomprensible” del club de rescindir su contrato. Después llegó la marcha atrás parcial: pidió disculpas por el tono de algunas de sus críticas más feroces. Pero el daño ya estaba hecho. Y, sobre todo, su situación deportiva no cambió. Ni un minuto bajo las órdenes del técnico interino Mark Connolly.
El desencuentro se ha convertido en un callejón sin salida. Derry City se desmarcó la semana pasada de las palabras de su jugador, asegurando que “no reflejan” los valores ni las creencias del club. McClean, mientras tanto, se siente apartado del único escenario que ha conocido desde niño: el césped.
Un libro, una infancia rota y un padre ausente
En paralelo a esta tormenta, McClean ha publicado su libro, ‘The Walls’. En sus páginas no solo asoma el futbolista, sino el hombre que empieza a mirar de reojo el final de su carrera y a coquetear con otra pasión: el boxeo.
Ahí desvela también una herida antigua. Cuenta que solo supo quién era su padre biológico alrededor de los 10 años. Un hombre con problemas de alcohol al que solo vio una vez en su vida. Un fantasma más que una figura paterna. Una ausencia que, según reconoce su esposa Erin, dejó marcas que él mismo podría haber bloqueado.
Ese pasado, y cómo lo ha gestionado, quedó bajo el foco cuando McClean concedió una entrevista al Sunday Independent para promocionar el libro. En ella explicó por qué nunca ha querido recurrir a terapia. Sus frases, duras y tajantes, desataron una fuerte ola de críticas.
“Como hombre, lo veo como una debilidad. No necesito abrirme”, dijo. “Lo veo como una debilidad, tener que hablar con alguien sobre mis sentimientos; mis emociones”.
Las palabras volaron en forma de captura de pantalla. Y estalló el incendio.
La matización en directo: “Yo también estoy luchando”
Con el ruido creciendo, McClean acudió a RTÉ Radio 1, al programa The Brendan O’Connor Show, para aclarar su postura sobre la salud mental… y para admitir que él mismo está sufriendo.
Preguntado si le había costado remover su pasado al escribir el libro junto al periodista Dan McDonnell, fue sincero: “Quizá más ahora, después de la reacción de los últimos días”. Explicó que había hablado de cosas que nunca había compartido ni en privado, y que la respuesta pública le había golpeado con fuerza: “Lo que ha pasado en los últimos días lo ha hecho realmente duro”.
Su esposa Erin ya había puesto voz a lo que se veía venir: aseguró que su marido estaba “luchando” en lo que describió como “una batalla diaria” durante este año. Él lo confirmó sin rodeos cuando le preguntaron si estaba de acuerdo con esa descripción: “Estoy luchando”.
McClean dibujó un escenario de promesas incumplidas y sensación de abandono: “Estoy luchando en mi situación actual porque vas a casa esperando y siendo informado de una cosa, y que eso no se cumpla, y luego ser apartado y hecho sentir como un leproso en un lugar donde pensabas que nunca te harían eso… que eso ocurra es muy duro”.
No se quedó ahí. Señaló directamente al club por haber emitido un comunicado sobre sus declaraciones sin haber hablado antes con él: “Mi propio club (Derry City) sacó un comunicado que no ayudó en absoluto, pero ni una sola persona se puso en contacto conmigo para decir: ‘James, ¿puedes aclarar qué quisiste decir?’”.
“Estoy bastante seguro de que nadie leyó realmente el contexto del artículo”, añadió. “Si lo hubieran hecho, habrían visto que estaba hablando únicamente de mi experiencia personal. Cuando atraviesas situaciones difíciles, cada persona tiene sus propias formas y medios de afrontarlas”.
La palabra “debilidad” y el peso de las redes
McClean no se esconde al hablar de su mayor talón de Aquiles: “Mi mayor problema siempre han sido las redes sociales. En el momento, cuando me siento atacado, es casi como el piloto automático: me pongo a la ofensiva para mostrar que nada me afecta”.
En ese contexto, su frase sobre la terapia como “debilidad” prendió la mecha. Él insiste en que hablaba solo de sí mismo, de cómo se percibe y de cómo prefiere gestionar sus emociones: a través del gimnasio, del ejercicio, de la disciplina física.
“Ese comentario (sobre ver el hecho de buscar ayuda como una debilidad) fue una captura de pantalla, se publicó y la gente se lanzó sobre él”, explica. “Decir la palabra debilidad fue probablemente mi debilidad al decirlo, pero no voy a disculparme por estar en un lugar en el que siento que no necesito ir a terapia”.
Subraya, eso sí, que respeta profundamente a quien sí da ese paso: “Cualquier hombre o mujer que necesite ir a terapia para ayudarse, no podría elogiarles más”. Y defiende su propia vía de escape: “Eso no significa que yo ir al gimnasio esté mal, porque eso funciona para mí. Estaba hablando únicamente de mí”.
Aun así, asume que es precisamente esa postura la que lo ha colocado en el centro de la polémica: “Es, en cierto modo, por lo que me están machacando”.
Entre el fútbol que se escapa y las heridas que no cierran
Más allá del debate sobre la salud mental, hay una herida que sangra con especial fuerza: la sensación de que alguien le ha arrebatado el fútbol, su refugio de siempre.
“Lo único que siempre he amado hacer, y lo único que he conocido, es jugar al fútbol”, confiesa. “Que un poder me quite eso de forma incorrecta e injusta ha sido difícil”.
Erin insiste en que la terapia podría ayudarle, sobre todo por lo que arrastra desde la infancia y por la figura de su padre biológico. Él, por ahora, se mantiene firme en su decisión de no seguir ese camino, aunque admite que el uso de la palabra “debilidad” le ha jugado en contra.
En el centro de todo, un veterano internacional que se siente apartado en su propia casa futbolística, en guerra con las redes sociales, bajo el foco por sus opiniones sobre la salud mental y con un libro recién salido que desnuda su pasado.
Derry City y James McClean siguen en un punto muerto. El club marca distancia con sus palabras. El jugador se siente expulsado del juego que le dio una vida. La pregunta ya no es solo si volverá a vestirse de corto con los Candystripes, sino qué versión de sí mismo saldrá de esta batalla diaria que él mismo, por fin, ha admitido estar librando.





