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Jack Grealish: entre la cirugía y la fe ciega de un campeón

En el verano de 2021, Jack Grealish era el símbolo del exceso y de la esperanza. El fichaje de los 100 millones de libras, el más caro en la historia del fútbol británico, el chico de Aston Villa que dejaba el club de su vida para aterrizar en el Etihad Stadium y ponerse al servicio de Pep Guardiola. Tres años después, el relato es mucho menos glamuroso: 17 goles en 157 partidos con Manchester City, un papel menguante en la rotación y una cesión a Everton que terminó en quirófano y con un Mundial perdido.

Su segundo curso en el City le dio todo lo que un futbolista sueña: la Champions, el triplete, la sensación de pertenecer a una máquina perfecta. Pero esa misma máquina empezó a limar sus aristas. El Grealish desatado de Birmingham se convirtió en un engranaje más, útil, disciplinado, a veces brillante… pero lejos de aquel jugador que reclamaba el balón como si el partido le perteneciera.

Con el tiempo, Guardiola dejó de mirarle como primera opción. La exigencia del técnico catalán, la competencia feroz y la irregularidad física fueron empujándole hacia un rol secundario. Hasta que llegó la decisión que lo cambió todo: Everton, una cesión, un nuevo comienzo en Merseyside.

El arranque fue prometedor. Impacto inmediato, rendimiento alto y un premio que lo confirmaba: jugador del mes de la Premier League. Parecía el prólogo de su resurrección. Entonces, el golpe. Una lesión en el pie, fractura por estrés, operación y temporada terminada en enero. El calendario no perdona: con esa lesión se esfumaron también sus opciones de disputar el Mundial, un torneo al que llegaba con 39 internacionalidades y el cartel de jugador diferencial.

Everton, que disponía de una opción de compra de 50 millones de libras, decidió no ejecutarla, a la espera de rebajar esa cifra en las conversaciones de verano con el City. De momento, no hay acuerdo. El futuro inmediato de Grealish sigue en el aire.

Mientras tanto, la selección inglesa busca dueño para la banda izquierda. En el Mundial nadie se adueñó del puesto durante el camino hasta las semifinales del gran torneo de la FIFA en Norteamérica. El hueco sigue ahí, y los nombres vuelven a la mesa cada vez que se habla de la próxima lista de Thomas Tuchel.

Lee Sharpe, campeón de la Premier League y nacido en Halesowen, conoce bien lo que significa vivir en la élite inglesa. Consultado por GOAL, en una entrevista en colaboración con NetBet, no descarta en absoluto a Grealish en esa pelea por el costado zurdo, aunque matiza el escenario:

“Parece que tienen una especie de abundancia de jugadores zurdos”, explica. “Tienes a Grealish, tienes a Cole Palmer que puede jugar ahí, aunque no estoy seguro de que ninguno de los dos sea ese extremo puro, de irse por velocidad. Creo que Anthony Gordon y Marcus Rashford hicieron un Mundial decente entre los dos”.

Sharpe ve dos candidatos muy fuertes para ese perfil de banda, Gordon y Rashford, y lo liga directamente al plan de partido, al rival, al tipo de fútbol que quiera la selección. Recuerda incluso una escena que le quedó clavada, ante Argentina: “Deseaba que sacaran a Rashford y simplemente pusieran el balón cerca del banderín del córner durante cinco o diez minutos, que lo persiguiera y girara a Argentina. Eso no pasó”.

Ahí introduce el matiz que define a Grealish y a Palmer: “Un Grealish o un Palmer probablemente habrían retenido el balón, pero no estoy seguro de que tengan esa velocidad para amenazar al espacio cuando lo necesitas”. Control, pausa, talento para conservar la posesión… pero menos filo en carrera larga.

Pese a todo, Sharpe no duda cuando se trata de la calidad de ambos: “Una vez que Jack Grealish se ponga en forma y Cole Palmer se mantenga sano y supere las pequeñas lesiones que tuvo el año pasado, son jugadores fenomenales y son jugadores que cambian partidos”.

El diagnóstico sobre lo que necesita Grealish para relanzar su carrera es tan simple como contundente. Nada de grandes revoluciones tácticas. Salud. Continuidad. “Solo necesita un año de estar en forma y no lesionarse. Todo jugador necesita eso”, afirma Sharpe.

El exfutbolista va más allá y se detiene en el desgaste invisible que dejan las lesiones: “Es demoledor cuando te lesionas y sabes que tienes una rehabilitación larga, que no vas a ver mucho a los compañeros. Te vas a perder todo lo que pasa con los chicos y con la temporada. Solo quieres jugar”.

Sharpe dibuja el camino de vuelta, ese que casi nunca se ve desde la grada: “Es muy duro estar lesionado para cualquiera, mental y físicamente, y luego volver. La rehabilitación, ponerte en forma otra vez, regresar al equipo, recuperar el ‘timing’ y tu juego para los días de partido. Es un proceso horrible”.

Su receta para Grealish es concreta: “Necesita ahora 10, 12, 15 partidos seguidos para volver a coger ritmo y recuperar la confianza del todo. Estoy seguro de que veremos otro gran año de Jack Grealish”.

Cuando habla de su talento, Sharpe abandona cualquier tipo de cautela: “Es increíble. Tiene tantísima calidad. Recuerdo un partido con Inglaterra, creo que fue contra los alemanes. Dominó todo el encuentro. No podían quitarle el balón. Ese es el tipo de jugador que es”.

La descripción encaja con la mejor versión de Grealish: “Es tan cómodo con el balón. Puede conducir, puede filtrar un pase, puede marcar un gol. Tiene muchísima calidad. Es un placer verlo. Juega con una sonrisa. Es fantástico con los aficionados. Creo que es un crédito para el juego y para sí mismo”.

Entre la etiqueta de fichaje de 100 millones, el recuerdo de aquel chico que “mandaba” ante Alemania y la realidad de un futbolista que sale de una lesión grave, se abre ahora un curso decisivo. City debe decidir qué papel le reserva. Everton espera una rebaja. Inglaterra busca dueño para la izquierda.

Grealish, mientras tanto, solo necesita algo que parece sencillo y en realidad lo condiciona todo: un cuerpo que le aguante y una racha de partidos para volver a ser ese jugador del que, durante un tiempo, nadie se atrevía a quitarle el balón. La próxima temporada dirá si aquel récord de 2021 fue el inicio de una era… o el prólogo de una historia que se quedó a medio escribir.