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Italia supera a Turkiye y muestra carácter en Bolonia

En Bolonia, Italia encontró algo más que tres puntos. Encontró carácter.

La selección de Roberto Mancini, aún en plena transición ofensiva, se impuso 3-1 a una Turkiye intensa y valiente, en una noche en la que el Renato Dall’Ara pasó del susto a la ovación cerrada. No fue un paseo. Fue una prueba de nervios. Y la Azzurra respondió.

El golpe de Scamacca y la huella de Mancini

La mano de Mancini se notó pronto. Equipo corto, agresivo sin balón, decidido a mandar. La recompensa llegó en el minuto 26, en una jugada que explicó mejor que cualquier discurso la nueva Italia.

Antonio Vergara y Giovanni Di Lorenzo tejieron una pared limpia, vertical, que desordenó a la defensa turca. El balón cayó para Gianluca Scamacca en la frontal. Media volea, violenta, al larguero y dentro. Un gol con rabia, con técnica y con la confianza de quien sabe que el plan funciona.

El tanto no desató gestos grandilocuentes del delantero de Atalanta. Al contrario. Ante los micrófonos de RAI, eligió el nosotros por encima del yo: estaba “feliz, no tanto por el gol, sino por el resultado”, subrayando que “ganar era crucial” y que el equipo había firmado “un excelente partido” ante una Turkiye “agresiva”. Palabras sencillas, pero muy reveladoras del clima interno.

“Estoy siempre concentrado en estar listo y darlo todo cuando me llaman; lo más importante es ayudar a la selección”, añadió. Una frase que encaja con la imagen de un grupo más obrero que estelar, pero cada vez más competitivo.

El susto de Simsir y la respuesta inmediata

El partido, sin embargo, no se inclinó de forma definitiva con el 1-0. El equipo de Vincenzo Montella salió del descanso con otro tono, apretando arriba, ganando duelos, obligando a Italia a retroceder unos metros.

El aviso se convirtió en castigo pronto: Aral Simsir firmó un empate inesperado al inicio del segundo tiempo. Golpe frío. El estadio se quedó unos segundos en silencio, consciente de que el guion podía torcerse.

Ahí se midió la nueva Italia. Nada de pánico, nada de desconcierto prolongado. El equipo se reordenó, volvió a juntar líneas y atacó el área rival con determinación. La reacción fue tan rápida como necesaria.

Riccardo Calafiori se elevó en el área y, de cabeza, devolvió la ventaja a los locales. Un remate que valió más que un simple 2-1: sostuvo el impulso emocional, apagó la euforia turca y devolvió al público al partido. El mensaje fue claro: esta Italia puede recibir un golpe… y devolverlo al instante.

Esposito entra en la historia

La noche pedía un cierre a la altura del esfuerzo. Lo encontró en los minutos finales, casi sobre la línea de meta. Francesco Pio Esposito cazó un balón suelto en el área y, desde corta distancia, firmó el 3-1 que selló la victoria.

Ese gol no fue uno más. Con él, el joven delantero se convirtió en apenas el segundo jugador en la historia de la selección en alcanzar siete tantos antes de cumplir los 21 años. Por delante de él, solo un nombre: Giuseppe Meazza, en enero de 1931. Comparación pesada, histórica, que subraya la dimensión del registro sin necesidad de adornos.

El tanto de Esposito puso la guinda a una noche que no fue cómoda. Italia tuvo que aguantar fases de presión real, momentos de duda, tramos en los que la agresividad de Turkiye obligó a ajustar y sufrir. Precisamente ahí apareció la señal más alentadora para Mancini: su transición ofensiva avanza sin que el equipo pierda dureza competitiva.

Un grupo que se endurece a tiempo

El 3-1 en Bolonia empuja a Italia hasta los siete puntos en cuatro jornadas y consolida el segundo puesto en el Grupo A1 de la Nations League. No es solo una cuestión de clasificación. Es una cuestión de sensación.

El equipo parece más maduro en la gestión de los partidos, más sereno cuando llegan los contratiempos, más convencido de su capacidad para dominar con balón sin perder colmillo. La victoria ante Turkiye, en casa y bajo la mirada exigente del Renato Dall’Ara, refuerza ese relato.

Ahora llega el verdadero examen. En noviembre, la Azzurra recibirá a Francia y viajará a Bélgica en un doble enfrentamiento que huele a termómetro definitivo. Dos potencias, dos estilos, dos escenarios que no perdonan despistes.

Italia ya ha demostrado que sabe levantarse cuando la golpean. La pregunta, a estas alturas, es otra: ¿está preparada para imponer su ley también frente a la élite continental?